A Coruña, 17/02/08 `Botellón´ y derecho a la seguridad y al descansoLa Opinión A CoruñaEl intolerable asalto nocturno a un edificio de la plaza de Santa Catalina que protagonizaron varios jóvenes participantes en el botellón ha servido como detonante para recuperar las movilizaciones ciudadanas en demanda de seguridad y del derecho al descanso teóricamente garantizado por la legislación vigente. La reciente aprobación del anteproyecto de la denominada Ordenanza local para regular la convivencia y el ocio en el espacio público de la ciudad de A Coruña, cuya tramitación está en la fase de alegaciones, no ha servido para calmar la indignación vecinal ante los incidentes generados por el consumo masivo de alcohol durante la noche en diferentes zonas públicas de la urbe. Lo que el Concello define como "un modelo de ocio alternativo y un modo novedoso, en tanto al número de personas implicadas, de socialización de la juventud", es para los vecinos afectados "un fenómeno antisocial" y por eso exigen que se prohíban las concentraciones nocturnas en que las bebidas alcohólicas se ingieren en gran cantidad. El alcalde insiste en una posición equidistante con la que pretende "garantizar tanto el derecho de las personas al descanso como el derecho y necesidad de disfrute de la juventud y de la población en general". Sin embargo los vecinos le han pedido reiteradamente que haga prevalecer la seguridad y el descanso ciudadano durante la noche. No es una petición caprichosa, es una demanda más que justificada y que amparan las leyes, en las que se especifican sanciones por ruidos nocturnos, por ensuciar la ciudad o por generar situaciones que afecten a la salud general. Lo ocurrido en los últimos días es la historia de un problema mucho más que anunciado. Mientras el Gobierno municipal buscaba la cuadratura del círculo con su célebre sentencia de que "los jóvenes podrán hacer botellón si dejan descansar a los vecinos", la realidad se encargaba de demostrar lo absurdo de esta pretensión. El asalto a un edificio de Santa Catalina, con vaciado de un extintor contra la puerta de una vivienda situada en la séptima planta, aporreo del resto de los pisos, vómito dentro del edificio y restos de bebidas en el interior del inmueble, es lo que el socialista Florencio Cardador, concejal de Seguridad Ciudadana, y el nacionalista Henrique Tello, primer teniente de alcalde, coinciden en definir como "hecho aislado y puntual", en un afán de quitar importancia a lo ocurrido e intentar demostrar que la mayoría de los asistentes al botellón no crean problemas. Es una postura parecida a la del alcalde, que llamó delincuentes a los asaltantes y pidió que se les ponga a disposición de la justicia, pero los desvinculó de quienes "utilizan la calle". El suceso de la céntrica plaza coruñesa es una cuenta muy llamativa en un rosario de actos vandálicos que van del destrozo de portales de viviendas y fachadas de comercios al incendio de contenedores subterráneos o ataques al patrimonio histórico, y que se reparten tanto por Santa Catalina como por la Ciudad Vieja o los alrededores de la plaza del Humor. No son hechos aislados sino una secuela más de un problema que el Concello se empecina en minimizar pero que los vecinos denuncian con contundencia. Es evidente que los responsables de la violencia y las agresiones son una minoría de los miles de jóvenes que participan en el `botellón´, pero el problema está en que la propia naturaleza de las concentraciones en céntricas vías públicas y el protagonismo del alcohol genera unos efectos inevitablemente negativos para los ciudadanos que los padecen. El Gobierno local debe atender con interés las alegaciones a la futura ordenanza del botellón y aplicar soluciones efectivas y no meros brindis al sol. El asalto "puntual" de Santa Catalina supone un precedente que implicará serias responsabilidades para los gestores políticos si en el futuro se repiten situaciones similares con consecuencias imprevisibles en su gravedad.
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