Valencia, 08/02/08 Barberá ignora una sentencia del Supremo contra el ruido en ValenciaSARA VELERTNada ha cambiado en la zona de ocio de Juan Llorens de la ciudad de Valencia. Calles saturadas de garitos, coches que aparcan donde pueden, jolgorio hasta altas horas de la madrugada, botellón..., y vecinos que no pegan ojo de jueves a domingo. El Tribunal Supremo afirma que el Ayuntamiento de Valencia vulnera los derechos de los habitantes de la zona a la vida privada, la integridad física y moral, y a la intimidad al no frenar el exceso de ruido nocturno, y que está obligado a tramitar un expediente de Zona Acústicamente Saturada (ZAS). Así lo dejó escrito el alto tribunal el 12 de marzo de 2007, en una sentencia que zanjó más de 15 años de protesta vecinal contra el desmadre nocturno. Pero la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, no parece estar muy preocupada en ejecutar el fallo. A un mes de cumplirse un año del pronunciamiento judicial, no hay fecha para resolver el expediente de la ZAS e imponer medidas de control para rebajar la contaminación acústica que prevé la propia ordenanza municipal. Además, tras el fallo se ha reabierto una discoteca y se han traspasado locales que siguen sirviendo copas. La Associació de Veïns Arrancapins-La Petxina logró entrevistarse con el concejal de Actividades, Vicente Igual, unas semanas después de conocerse la sentencia. "Tras mucho insistir", recuerda el presidente de la asociación. Aquella ha sido la única reunión en casi un año. Habrá otra con la concejal de Contaminación Acústica este mes. Los vecinos no han dejado de llamar, de enviar escritos, pero el proceso no ha avanzado. "No aplicar la ZAS lleva a que se reabran locales y siga la marcha", se quejan."Yo vivo en una calle donde lo que molesta más es que aparcan todos. Cuando salen de los pubs a las tres de la mañana, van borrachos, gritando y tardan una hora en irse". Así lo vive en el barrio María Jesús R., profesora de 51 años, que avisa de que con el buen tiempo "volverá el botellón". "La policía pasa de largo, porque son grupos de mucha gente", continúa esta mujer, que sale al balcón para pedir "que vayan a otro sitio" cuando se cansa del griterío. "Aquí hay gente que no logra dormir hasta las cinco de la mañana", añade. Así era hace un año y así ocurre aún ahora. El laboratorio municipal registró hace meses los decibelios en Juan Llorens y adyacentes, y puso los resultados a disposición de Actividades para que fijara el ámbito afectado para una declaración de zona saturada de ruido. Este servicio, sin embargo, ha insistido en que es el laboratorio el que tiene que fijar la ZAS. Uno y otro se han pasado la pelota hasta hace 15 días, cuando el expediente acabó definitivamente en la concejalía de Contaminación Acústica. A ésta le toca ahora ponerse al día e impulsar el procedimiento. El concejal Vicente Igual aseguró nada más conocerse la sentencia que su objetivo era declarar la ZAS antes del verano. El verano de 2007. Había trabajo adelantado, ya que existían mediciones de 1998 y una delimitación de calles que se usó una temporada para cerrar el tráfico y controlar horarios de locales de ocio. No sirvió de mucho y los vecinos exigieron la ZAS, con medidas más estrictas. El Ayuntamiento respondió con el silencio, y la vía judicial llevó a los afectados al Supremo. En el año que casi ha transcurrido desde su victoria judicial, los vecinos han visto cómo una discoteca que había cerrado ha cambiado de dueño y ha abierto de nuevo sus puertas. "Escribimos al concejal que eso era incomprensible. Hay otros locales que se han traspasado o reabierto como pub", explica Puchades, que espera que este mes se "desatasque" por fin su caso. "El ruido sigue siendo muy molesto", constata otra vecina de la zona, Ana Marco, de 46 años, que critica que "el Ayuntamiento incumple su propia normativa". Para combatir el exceso de decibelios, ha optado por forrar la casa con "una carpintería especial para insonorizar". En cambio, a Antonio Orts, empresario de 33 años, no le afecta el ruido. Vive en un séptimo. "Yo veo que hay más presencia policial, y eso está bien para controlar a los coches que llevan la música a tope. Pero follón en la calle sigue habiendo el mismo", afirma. Otros vecinos presumen de tener "la suerte" de vivir en pisos altos, donde se duerme mejor, o de "tener las habitaciones al fondo", como Amparo M., de 38 años. "Pero tengo una vecina enfrente que tiene el dormitorio hacia la calle y el ruido le despierta al niño", puntualiza. Casi todos conocen a alguien que está afectado. Más tranquilo está ahora Juan Ramón Sebastián, de 64 años, que logró que se cerrara un local que le fastidiaba las noches "después de dos años y muchos escritos, a base de luchar mucho". El barrio, sin embargo, "está igual", critica. El que viva de cara a la sucesión de locales de Juan Llorens y su entorno, "seguirá con el chun-ta-chun", añade otra vecina junto a un horno nuevo que, ironías de la vida, se llama Por qué no te callas!!!
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