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Bilbao, 08/02/08

Silencio: ballenas en la costa

Un velero de La Caixa con biólogos de Ámbar a bordo elaborará el primer mapa de contaminación acústica del Cantábrico, enemigo mortal de los cetáceos
JULIÁN MÉNDEZ

Capitán Velero Ibero
SONIDOS SUBMARINOS. El capitán del 'Íbero', el velero que elaborará el mapa de contaminación acústica, en Getxo / PEDRO URRESTI
Cachalotes muertos. Delfines varados en las playas. Escuadras de rorcuales desorientados. Son las consecuencias más llamativas de la interferencia sonora del hombre en el medio marino.

En Canarias, en Bahamas y en Grecia los científicos han esbozado una posible relación causa-efecto entre el empleo de sonares en maniobras militares de la Armada de EE UU y los varamientos masivos de cetáceos. La Marina americana ha prometido limitar el uso de sus sonares, que interfieren con los sistemas de ecolocalización empleados por los mamíferos marinos para comunicarse y localizar su alimento.

En febrero de 1992 un ferry rápido de Trasmediterránea que cubría la ruta entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas chocó a gran velocidad contra un cachalote (un adulto puede medir hasta 20 metros y pesar 80.000 kilos). A consecuencia del violento impacto, falleció un pasajero y el buque sufrió daños de importancia.

Unos meses antes, otro 'jet foil' de la misma firma, que transportaba a 138 pasajeros, partió en dos con sus patines de acero a un cachalote de seis metros de longitud a sólo cinco millas del puerto de Tenerife: hubo siete heridos. Un equipo de veterinarios estableció que las colisiones podrían deberse a una pérdida de capacidad auditiva de los cetáceos.

Una hipótesis que confirmaron las autopsias de los animales: «Su oído es ya incapaz de captar los sonidos de baja frecuencia que emiten los buques y no pueden esquivarlos», apuntó en su día Michel André, ingeniero e investigador de este fenómeno. La conclusión fue que, sometidos al ruido del incesante tráfico marítimo, los cachalotes habrían sufrido «pérdidas irreversibles de audición por una contaminación acústica excesiva».

En el Cantábrico, y sin adquirir los tintes dramáticos de Canarias, la contaminación sonora es un molesto invitado en la mar. Para conocer el grado de esta ingerencia, el 'Íbero', un velero de 18 metros de eslora patrocinado por la Fundación La Caixa elaborará, con la participación de naturalistas y biólogos de Ámbar, el primer mapa acústico submarino del Cantábrico y tratará de establecer cómo la actividad humana (ferrys, cargueros, barcos recreativos, pesqueros) interfiere en la vida de las «24 especies» de cetáceos que residen o visitan las aguas vascas, según el biólogo vizcaíno Pablo Cermeño.

«La principal amenaza»

«El ruido es la amenaza más importante a la que está sometido el medio marino y, en especial, los cetáceos. Estos animales usan el sonido para comunicarse, para escanear lo que les rodea y para relacionarse con el entorno y comer.

Creemos que los ultrasonidos que producen pueden verse interferidos por la contaminación acústica, los ruidos introducidos por el hombre. No olvidemos -apunta Josep Maria Alonso, coordinador de la campaña- que el océano no es un mundo de silencio: las corrientes, los maremotos, los movimientos de las placas tectónicas... provocan sonidos que se transmiten 25 veces más rápido que en el aire».

Los científicos a bordo del 'Íbero' realizarán una veintena de mediciones, hasta Cobarón. Al tiempo, en el Puerto Deportivo de Getxo, La Caixa ha instalado un aula marina abierta a escolares y visitantes.

Un mercante, hasta 200 decibelios

Los estudios realizados sobre contaminación acústica en el Mediterráneo por los científicos del 'Íbero' de La Caixa han permitido establecer que algunos cargueros provocan sonidos cercanos a los 200 decibelios. «El umbral del dolor de los delfines está en 180 decibelios», explica Josep Maria Alonso. «Los cetáceos son los grandes perjudicados por el ruido.

El estudio que vamos a realizar nos va a servir para conocer su situación. En especial la de los delfines mulares (visibles en grandes manadas costeras) y marsopas (aquí se encuentra la última población del sur de Europa)».

Desde los acantilados de Matxitxako, avisa el biólogo Pablo Cermeño, se están realizando avistamientos de delfines y ballenas en las últimas semanas.

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