Badajoz, 23/04/08 OPINIÓNBotellón versus manipulaciónFERNANDO ÁLVAREZ-BORBOLLA RODRÍGUEZZONA de Botellón. Estas tres palabras son las que rezan en muchos carteles de nuestra geografía, carteles que indican los lugares en los que las jóvenes promesas, que han de llevar las riendas de nuestra España, se someten a intoxicaciones etílicas con una periodicidad semanal. Estos lugares son señalados perfectamente por nuestras autoridades locales para concentrar en determinados espacios -que suelen situarse en entornos inhóspitos-a aquellas personas que pueden constituir por medio de sus fluidos como vómitos, orinas...etc., o sus sonidos, un espectáculo molesto a los ojos de la ciudadanía respetable. No puedo por menos que pensar en otros lugares que a lo largo de la historia, las administraciones disponían para fines semejantes como leproserías, manicomios, hospitales para tuberculosos o actualmente las llamadas comunidades terapéuticas para toxicómanos. Deberíamos preguntarnos si el adjetivo terapéutico es para el toxicómano o para la familia del mismo. En otras palabras, la sociedad tiende a retirar de su visión aquellos personajes que le son desagradables concentrándolos en lugares previstos y disfrazándolos de adjetivos en muchas ocasiones cínicos. Todos los médicos de Atención Primaria que hacemos medicina de urgencia, hemos tenido la ocasión de atender a alguno de estos jóvenes. Una vez pasada la intoxicación y preguntándole el motivo de hacer botellón siempre se responde con la misma frase: «Yo tengo derecho a divertirme». En los casos en que el atendido es un joven trabajador suele añadirse la coletilla: «Trabajo de lunes a viernes y tengo derecho a divertirme en el fin de semana». Efectivamente, los conceptos de diversión han cambiado, para este joven su diversión acaba en un centro de salud atado por el brazo a un suero, que en cierta medida vulnera su libertad. A mediados del siglo XIX, el discutido filósofo y economista Karl Marx proponía como solución al desigual reparto de la riqueza, que la clase proletaria adquiriera conciencia de clase. Es decir, Marx mantenía que el obrero se encontraba inmerso en una supraestructura con conceptos como Dios, Patria, Rey, Iglesia, Honor... etc. que enturbiaban la visión del obrero. En paráfrasis, las administraciones de entonces manipulaban la conciencia moral del trabajador con los conceptos mencionados. Por supuesto, los argumentos del filósofo alemán entran dentro de la coyuntura propia del siglo XIX. Pero en nuestro actual siglo, se me ocurre pensar que la historia se repite. Efectivamente hay conceptos como 'derecho a la diversión', 'libérate el fin de semana...' que enmarañan la visión de muchos de nuestros jóvenes. La nueva supraestructura no es la formada por Rey, Honor, Religión...etc., sino por 'Derecho a la diversión'. Después de pasar muchas horas atendiendo a estos lúdicos usuarios, he llegado a la conclusión de que mucha culpa de estas intoxicaciones etílicas la tiene la propia Administración contribuyendo a que estos jóvenes molesten lo menos posible, disponiéndoles en lugares apartados. De esta forma, los jóvenes no protestan, no critican la gestión de los ayuntamientos o comunidades autónomas. ¿No se parece al viejo dicho latino de panen et cirquenses? La mayoría de los seres humanos pasamos por una etapa inconformista, rebelde, crítica, con idealismo diáfano y con ganas de cambiar el mundo. Se afirma que «quién no fue comunista a los 20 años no tenía corazón, y que el que lo sigue siendo a los 30 no tiene cabeza». Nuestros jóvenes no han pasado por la etapa idealista; se encuentran en una etapa lúdica tal vez promovida -voluntaria o involuntariamente- por sectores de la Administración. Para los médicos, desde el punto de vista sanitario esto es grave. Los resultados se presentarán tristemente a largo plazo y tendrán consecuencias desastrosas. Simplemente recordemos que para la Organización Médica Colegial cero es el margen de seguridad en el consumo de bebidas alcohólicas. Alguien puede tacharme de catastrofista, pero cuando paso por la mañana de un sábado por el paseo fluvial de Badajoz y compruebo los restos de materia orgánica e inorgánica de tal evento lúdico, me entran ganas de sacudir de los hombros a uno de estos jóvenes y gritar sin rubor las palabras de otro gran filósofo: ¿¿ Sapere Aude !! (¿¿Atrévete a saber!!).
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