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Granada, 14/10/07

Un juez escucha a las 'víctimas' del ruido de una sala de fiestas tras 14 años de quejas

Los vecinos han colocado los dormitorios lo más lejos posible del recinto de conciertos y han gastado más de 24.000 euros en reformas José Luis Sánchez, dueño del local, dice que el caso se archivará y que en las listas de afectados hay personas que viven en Jaén o Granada
JOSÉ. E. CABRERO

El club de jazz Secadero, situado en las afueras de Alhendín, abrió sus puertas por primera vez allá por el año 1994. Desde entonces, José Antonio Guerrero, vecino de la urbanización El Álamo, asegura que «no ha pasado un fin de semana sin que la Guardia Civil haya tenido que acudir al local en respuesta a las llamadas de los vecinos que no podían dormir por el volumen de la música».

El club de jazz es un antiguo secadero de tabaco que fue transformado en sala de conciertos. «Los agujeros los han tapado con ventanas para que no entre frío, pero no hay nada de insonorización», explica Guerrero. La semana pasada, en el Juzgado número 2 de Santa Fe, diez de los 45 vecinos afectados (once familias) declararon después de 14 años de quejas contra el Secadero.

«Allá por 1994 -apunta José Antonio-, el ministerio de Medio Ambiente dijo al Ayuntamiento de Alhendín que le prohibía la apertura del local. No hicieron caso». Según este grupo de vecinos, entre los socios del Secadero se encuentra Francisco Pérez Pozo, «uno de los 'municipales' del pueblo, que hace todo lo posible para que nuestras quejas no sean escuchadas; así que ellos saben perfectamente el daño que nos están haciendo».

Los vecinos del Secadero detallan las siguientes quejas: «Ese local no tiene salida de emergencia ni de incendios y el contador de la luz está en la calle, al descubierto. Cuando llamamos a la Policía Municipal nos ignora, nos sentimos desprotegidos. Hemos llegado a recibir incluso amenazas. Este año, para las fiestas, hicieron un concierto por todo lo alto hasta las 5 de la mañana el dueño del local nos dijo que tenía permiso del Ayuntamiento, pero fuimos a comprobarlo al día siguiente y era mentira», se lamentan los afectados.

Descanso complicado

Pero sobre todo, esto es una cuestión de ruido. Frente a la música, el ritmo y el sosiego que se le atribuyen al jazz, los vecinos sólo perciben «ruido»: «En verano, todos los días hay conciertos en la calle. Empiezan a las 00.30 horas y acaban sobre las tres o las cuatro de la madrugada. Y en invierno, igual, pero dentro». Una situación que aseguran les está complicando el descanso y les ha obligado a medicarse para poder dormir. «Hemos preparado las casas para los ruidos en vez de adaptar él su local. Y aún teniendo doble acristalamiento, cuando hay concierto, me tengo que ir a otra habitación a dormir», relata Guerrero.

Los vecinos aseguran que todas las semanas tienen que ir a quejarse a la Guardia Civil y que en 14 años no han sido escuchados. «Cuando estamos fuera de casa y dan las 23.30, tenemos que apresurarnos para volver a casa, porque si nos entretenemos más no podemos entrar.

Los clientes del Secadero dejan sus coches en la puerta y no hay forma de aparcar», se lamenta una vecina. Y agrega: «Cuando hay concierto, tenemos que aprovechar el descanso de las 1.30 de la madrugada para coger el sueño. Si no lo consigues entonces, ya no te duermes». Catorce años en los que, insisten, «nadie nos ha escuchado», todas las denuncias han sido archivadas y ya va más de medio metro de expedientes acumulados».

Los vecinos del Secadero consideran «una vergüenza» que, hasta que no se han gastado el dinero en abogados, no les ha escuchado nadie», repiten una y otra vez, a la vez que anuncian que irán contra el Ayuntamiento por haberse desentendido del problema.

Examen médico

La fe de los vecinos descansa en que declaraciones de la semana pasada lleguen a buen puerto y que consigan prohibir las actuaciones en vivo, «ya que la primera casa está a un metro de distancia del local, casi pared con pared, y el estado de nervios y desesperación es agobiante».

El juez, por su parte, ha pedido que un médico forense analice el estado de los vecinos para valorar el daño que el club pudiera estar haciendo a su salud. «Durante las declaraciones, el dueño nos escuchó. Sabe por lo que pasamos. Y la misma noche que volvimos del juzgado, ya tenía la música por todo lo alto. Le da todo igual», concluyen con un nuevo lamento los afectados.

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