Barcelona, 25/11/07 CAMBIOS EN UN DISTRITO DE BARCELONA | EL CIVISMOGràcia reduce el ruido de las fiestas con un plan pionero de prevención• El proyecto redistribuye y reorienta los altavoces, instala limitadores de sonido y aísla escenarios
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![]() Un grupo de jóvenes reunidos en la plaza Revolución, la madrugada del viernes. Foto: LAURA GUERRERO |
Los resultados del proyecto, a los que ha tenido acceso este diario, evidencian una disminución significativa del nivel de decibelios y, sobre todo, de las molestias que sufren los residentes del barrio por el exceso de contaminación acústica que se produce en la celebración.
El plan se ha ejecutado entre el distrito y el área municipal de Medio Ambiente y se ha basado en un estudio encargado a la empresa especializada Laboratorios de Ensayos Metrológicos (LEM), dividido en dos fases. La primera empezó en el 2004 con la instalación de limitadores de sonido en los equipos musicales de las fiestas de la plaza del Diamant y de las calles de Mozart y del Progrès.
Los aparatos incluían un doble filtro para, además de fijar un volumen máximo de emisión, controlar también --mediante un ecualizador-- el nivel acústico recibido por los vecinos. Posteriormente, en el 2006 y este año, se puso en práctica la segunda fase, de más complejidad y elaboración, experimentada en 11 espacios diferentes de la fiesta (ver gráfico).
En estos se redistribuyeron los altavoces, evitando concentrarlos en un único lugar para mejorar la calidad del sonido y reducir el impacto sonoro. Con el mismo objetivo se elevaron para proyectar las vibraciones hacia el suelo (hacia el cielo se dispersan y amplían) y se reorientaron en sentido montaña-mar (en el contrario es más fácil que el sonido rebote). Otra medida aplicada fue la de aislar las tarimas de los escenarios sustituyendo la madera por el aluminio y poniendo unos tacos de goma en las patas que sostienen las estructuras.
Los datos finales hablan, por ejemplo, de una reducción de 99 a 84 decibelios en la plaza del Diamant y de 103 a 92 en la calle de Mozart. Unas cifras que se traducen en una "clara disminución de la sensación de ruido que perciben los vecinos", según afirma Lucas Martínez, técnico del departamento municipal de control y reducción de la contaminación acústica. "Y todo ello pese a la dificultad añadida de la configuración tradicional de las calles de Gràcia que, al ser pequeñas y estrechas, favorecen la reverberancia", añade Martínez.
De forma paralela a las medidas técnicas, el distrito ha intensificado las inspecciones de control durante todas las noches de fiesta. "Inicialmente nos llegaban muchas denuncias que, sin embargo, han ido decreciendo de forma progresiva, lo que evidencia una complicidad al alza de los organizadores", explica Guillem Espriu, concejal de Gràcia.
Una complicidad concretada, entre otros aspectos, en el cumplimiento de los horarios pactados para acabar los conciertos y cerrar las barras y en el seguimiento de la prohibición de vender bebidas alcohólicas en vasos de gran capacidad (los cubalitros).
Espriu destaca de todo el proceso, precisamente, la necesaria implicación de la federación que organiza la celebración de agosto. "Es básico que todos se conciencien de su parte de responsabilidad y de que la mejora de las fiestas es un proyecto colectivo", asegura. El concejal graciense recuerda la dificultad de "conciliar en un espacio tan reducido las ganas de diversión de dos millones de visitantes con el derecho al descanso de 55.000 residentes".
Un reto que en los últimos años se ha complicado por los disturbios de madrugada y el auge del incivismo. En la última edición se redujo el vandalismo, pero ganó protagonismo el aumento de las denuncias vecinales por el ruido y las molestias originadas por una fiesta okupa organizada fuera del programa oficial.
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