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Agüera (Llanera), 23/11/07

«Me han destrozado la vida», afirma la vecina de Llanera que ha ganado un pleito a la calera

«Ya no podré dormir nunca más; cierro todas las ventanas y las puertas y aún los oigo», asegura Manuela Bernía, tras nueve años de lucha
Franco TORRE

Vecinos afectados con las instalaciones de la calera al fondo
José Antonio Sánchez y Manuela Bernía, con las instalaciones de la calera al fondo
«Me han destrozado la vida». Así resume Manuela Bernía los años que lleva padeciendo a causa de los ruidos de la calera de San Cucao, en Llanera. Manuela y su marido, José Antonio Sánchez, acaban de ganar un pleito a la empresa al considerar el Tribunal Supremo que el cuadro de ansiedad que presenta la mujer es fruto de la contaminación acústica de la calera. «Ya no podré dormir nunca más; cierro todas las ventanas y las puertas y aún los oigo, afirma Manuela. La sentencia conmina al Ayuntamiento a tomar medidas para reducir los ruidos o, si esto no es posible, clausurar las instalaciones.

José Antonio Sánchez y Manuela Bernía viven en San Pedro de Agüera desde hace 21 años. Durante casi una década, el matrimonio ha luchado, por la vía judicial, contra la contaminación acústica y ambiental que producen las actividades de Sidercal, Sidercal Minerales y Caleras de San Cucao, cuya cantera está situada a menos de cien metros de su casa. Tras más de nueve años de lucha y al menos una veintena de denuncias presentadas ante la fiscalía, este miércoles el Tribunal Supremo les ha dado la razón, y ha impelido al Ayuntamiento de Llanera a actuar inmediatamente para rebajar el nivel de ruido de las instalaciones. En caso de que los ruidos no remitan, el Ayuntamiento deberá clausurar las actividades de la empresa.

«Cuando éramos jóvenes, tuvimos que emigrar a Alemania para conseguir trabajo», cuenta Manuela Bernía, quien añade que «ahorramos durante años para comprarnos una casa, una casina nuestra. Después de todo lo que hemos luchado, no me voy a ir de aquí por sus actividades». Su marido, José Antonio, recuerda los nueve años de lucha contra Caleras de San Cucao. «Esa cantera ya estaba ahí antes, pero es en el año 98 cuando el hijo del anterior dueño toma las riendas y comienza a ampliar la empresa, incluso sin contar con licencias, pero con la connivencia del Ayuntamiento y de Medio Ambiente», explica José Antonio, quien guarda toda la documentación de las distintas denuncias y procesos judiciales.

«Para mí, lo más grave es la pasividad de la fiscalía», continúa José Antonio, «puesto que hemos puesto, al menos, una veintena de denuncias, y nuestros vecinos han puesto también muchísimas, y todas las han archivado, todas sin excepción». No obstante, Manuela y José Antonio no han estado solos en esta lucha. La Asociación de Vecinos de San Pedro de Agüera les ha apoyado en todo el proceso. El portavoz de la asociación, Osmel Fernández, señalaba ayer: «Siempre tuvimos fe en la justicia, que al fin ha llegado, aunque nueve años tarde».

Fernández también tiene palabras de agradecimiento para Izquierda Unida, «la única fuerza política que nos ha apoyado durante todo el proceso, en especial el portavoz, Juan Luis Vallina, quien llegó a decir en un Pleno que "vale más la salud de un vecino que 20 puestos de trabajo"».

No obstante, Fernández también censuró la actuación del Ayuntamiento, la fiscalía y los tribunales asturianos, apuntando que «no hay una sola casa en Agüera donde no haya algún enfermo por culpa de las actividades de esta empresa. Y pese a que entre todos los vecinos y la propia asociación hemos puesto en torno a 150 denuncias, hasta el día de hoy nadie ha hecho nada». A juicio de Fernández, «la única solución pasa por el traslado de la empresa a un polígono industrial, para respetar el derecho al trabajo de sus empleados y evitar la contaminación acústica y ambiental».

Pese a la alegría por el fallo del Tribunal Supremo, que pone en tela de juicio el anterior veredicto emitido por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA), el perjuicio de convivir tantos años con los ruidos ya no se lo quita nadie. «Me han destrozado la vida» señala a este respecto Manuela, «ya no podré dormir nunca más. Cierro todas las ventanas y las puertas y aún los oigo. Tomo tres pastillas cada noche para lograr conciliar el sueño, pero aún así hay veces que no duermo ni media hora».

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