Santiago de Compostela, 09/11/07 AILOLAILOPolíticos coleguillas de los botellonerosDEMETRIO PELÁEZ CASALComo ahora nos pone mucho la copla esa de "no criminalizar a la juventud", chorradita que sueltan un día sí y otro también los políticos temerosos de quedar de carcas ante los veinteañeros adictos al botellón, deberíamos ser poco optimistas en torno a la pronta solución de un problema que afecta cada vez a más vecinos que reclaman, fíjense qué cosa más anacrónica, su derecho a poder descansar por la noche sin escuchar el constante griterío que procede de la calle. Y también a los cursis, finolis y poco tolerantes ciudadanos que exigen, igualmente, poder salir de sus casas sin tener que sumergirse en un pegajoso mar de vómitos, meadas, condones, cristales, papelotes y tetabricks de Don Simón. Lo más curioso de todo este tema es que, precisamente los políticos que más presumen de ecológicos, sostenibles y amantes de la naturaleza virgen, son los que luego disculpan con más candidez los excesos de unos jóvenes que, además de tener en el alcohol a su principal aliado, demuestran cada noche de botellón que se pasan la ecología y la sostenibilidad por el forro de la entrepierna. No es cuestión de generalizar, pero cabrea bastante comprobar que muchos chavales supuestamente comprometidos con el medio ambiente que por el día ponen el grito en el cielo por los atentados que sufre la selva amazónica, el mal vivir que dan los capitalistas sin escrúpulos a las focas polares y la contaminacióp salvaje que afecta a nuestros ríos, mares y regatos pequenos, luego, llegada la noche, se olvidan de todo y convierten las ciudades y parques emblemáticos en grandes estercoleros. Todo, además, por pura desidia y por pura guarrería, porque a nadie se le escapa lo fácil que es llevar las botellas vacías y las bolsas de plástico hasta el contenedor más cercano. Son, en suma, verdes de día y marrones de noche, aves puras al amanecer y cerdos embarrados en cuanto cae el sol, ecologistas de pacotilla a los que en seguida se les ve el plumeramen. Esa realidad se está ocultando, disimulando y disculpando con un claro interés electoral, pues lo jodidillo para un político es salir a la palestra y criticar con dureza un comportamiento juvenil que no tiene nada de ecológico, ni de sostenible, ni de comprometido con el medio ambiente. Dichos dirigentes públicos lo único que persiguen es, en suma, quedar de coleguillas y de enrollados con los chavales en edad de votar, conducta ridícula que más pronto o más tarde acabará pasándoles factura entre los propios jóvenes, que por lo general ven venir de lejos a los plastas carrozones que se niegan a asumir que están ya, y deben estar, en la parte oscura de la película. Desubicados de guateque sesentero que quieren colarse en fiestas que no son suyas. Y encima los tíos no se dan ni cuenta de lo mucho que desentonan.
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