Castro Urdiales, 01/11/07 ¿Come usted pipas?Ayer se vio en el Juzgado Penal 1 de Santander el juicio por desobediencia contra la vecina de Castro de Urdiales a la que una sentencia obligó a abandonar su domicilio y no regresarI. CUESTAAyer quedó visto para sentencia el juicio seguido contra Ana Isabel Pedrueza, la vecina de Castro Urdiales encausada por incumplir una sentencia que la obligaba a desalojar su piso durante tres años por hacer la vida imposible a sus vecinos. Junto a ella fue juzgado, como cómplice, su amigo Mario Luis R. C., la persona a la que alquiló el piso del que fue desalojada. Por estos hechos, el fiscal ha solicitado un año de prisión para Ana Isabel Pedrueza y seis meses para Mario Luis. Los vecinos, que también estuvieron presentes en el juicio, y que se personan en la causa como acusación particular, han solicitado 14 meses de prisión para ambos. Es una larga historia para aquellos que no sigan el asunto desde el principio. Este último capítulo arranca cuando Ana Isabel Pedrueza fue condenada a abandonar su casa después de años de denuncias de los vecinos por molestias a la comunidad que iban desde ruidos a horas intempestivas a suciedad y malos olores. La resolución judicial constituyó uno de los pocos casos en los que un magistrado aplica la máxima pena contemplada en el artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal para castigar actividades molestas o insalubres. Según explicó, lo hizo «para garantizar el derecho a la tranquilidad de los vecinos». Resulta, sin embargo, que la condenada podría no haber cumplido la sentencia con el debido celo. O, lo que es lo mismo, podría haberse dejado ver por su antiguo domicilio, actualmente alquilado a su amigo. De ahí que se haya imputado también al actual inquilino de la casa. Y es que se sospecha que éste proporcionó a la mujer «una copia de la llave de la casa y facilitó su acceso, a pesar de que la Policía Judicial le advirtió que permitirle entrar podría tener consecuencias penales». El juicioAyer, comparecieron todas las partes implicadas en el asunto. Los dos acusados, la comunidad de propietarios, policías y vecinos. Las abogadas de los imputados defendieron que el procedimiento que se seguía no era el adecuado, que la rapidez con la que se había planteado el juicio no había hecho posible articular en condiciones la defensa dados los acontecimientos previos (la anterior abogada de la imputada había renunciado a hacerlo «tras mostrar una clara animadversión»), y que no era oportuno que la comunidad de propietarios presentara una acción penal. Por todo ello, solicitaron la nulidad del proceso. Sin embargo, desde el Ministerio Fiscal se explicaron las razones por las que se había elegido un juicio rápido: «en beneficio del inculpado», y se aseguró que los acusados en ese momento estaban perfectamente representados. El juicio siguió adelante. Cuatro horasA partir de ese momento, y durante casi cuatro horas, se sucedieron las preguntas y respuestas de unos y otros. Por lo que se refiere a la acusada principal, el tema era determina si finalmente volvió a su casa, o no, después de que judicialmente fuera requerida para que la abandonara. Pero al margen de preguntas del tipo: ¿qué hizo usted el ocho de octubre?, se intercalaron otras tipo: ¿Come usted pipas? a la que Ana Isabel contesto rotunda: «No. Sólo mastico chicle. Tengo un problema en los dientes». También se plantearon otras cuestiones del estilo a: ¿qué ambientador usa usted para el descansillo de la escalera? Al parecer, según explicó ayer la acusada, compra en Carrefour uno alemán muy bueno. Y todo ello, con continuas referencias a lo ocurrido el día 19 de septiembre, fecha en la que agentes de la Guardia Civil y personal judicial acudieron al domicilio para proceder a la expulsión de la vecina para hacer cumplir la sentencia. A todo esto, según explicó ayer, en esas ella se refugio «asustada en un armario». Al final, después de hablar también su amigo y actual arrendatario del piso, la madre de la acusada y algunos vecinos y policías, el caso ha quedado visto para sentencia. Habrá que esperar para saber qué ha pasado realmente. Ella dice que no ha vuelto a la casa y los vecinos aseguran que si lo ha hecho. Eso, además de recordar los problemas que les llevaron, al comienzo de esta historia, a denunciar a la vecina castreña: «Nos sacudía todos los pelos de los gatos en el balcón y nos inundaba la terraza. El ruido y los portazos eran insoportables. Había días que tenía la música a todo volumen desde las ocho de la mañana hasta las dos de la madrugada». Todo parece bastante complicado.
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