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Avilés, 13/05/07

Botellón con denominación de origen

El Jardín Francés del parque de Ferrera se ha convertido en zona de 'movida' juvenil, donde los adolescentes beben y juegan sin control
A. S.

Botellón en el Jardín Francés
INTERVENCIÓN. Dos agentes de la policía local disuaden a un grupo de adolescentes para que abandonen el Jardín Francés. / MARIETA
Pasé vergüenza. Mucha. No era lo que yo quería enseñar con orgullo de Avilés, pero fue lo que vieron mis acompañantes y lo que sucede todos los fines de semana en una zona que debería ser emblemática dentro del casco histórico.

No eran más de las cuatro de la tarde y habíamos comido en un restaurante del centro. Mis amigos, de fuera de Avilés, y yo. Tocaba regresar al trabajo, pero no venía mal un paseo para estirar piernas, acelerar la digestión y, ¿por qué no?, 'sacar pecho' de la belleza del casco histórico. Se me ocurrió llevarlos por la calle de Rivero y desde allí entrar en el parque de Ferrera. «Vais a flipar, dicen algunos actores que vienen al Palacio Valdés que es como el Hyde Park de Londres en pequeño», les dije.

Hacía una tarde soleada y el verde del campo y los árboles brillaban más que nunca. Se me ocurrió entonces girar a la derecha para dejarlos atónitos con el Jardín Francés. Y el atónito fui yo.

Nada más entrar, nos encontramos con un improvisado partido de fútbol entre adolescentes en el césped que hasta ese día estaba perfectamente cuidado. Los setos hacían de porterías y el balón no distinguía entre flores, ramas y cuanto se encontraba a su paso. Pero esa imagen era casi hasta agradable con lo que nos esperaba unos metros más allá, en la zona del paseo flanqueado por arcos y bancos de piedra.

Para empezar, una madre descansaba en uno de los bancos mientras su hija jugaba a tirarse encima de los setos. Al tercer intento, su cuerpo se dibujaba ya en los arbustos. Su madre ni se inmutó.

El paseo estaba flanqueado de litronas de cerveza vacías, que dejaban rastro de lo que estaban haciendo en una esquina media docena de adolescentes. Un botellón de calidad, de esos que marcan las diferencias. Nada de aparcamientos más o menos lejanos, ni de viejas naves industriales en las que pasárselo bien. El Jardín Francés le daba una denominación de origen a su improvisada fiesta.

La diversión les duró unas horas, hasta que la Policía Local disuadió la concentración. Tras de sí, un jardín del siglo XVII convertido en un pequeño vertedero del siglo XXI. Pero ya era tarde para borrar la imagen que se llevaron quienes pretendían pasear por un jardín de ensueño.

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