Tenerife, 10/05/07 La Media Columna Francisco AyalaSalvajadaLA SOCIEDAD y, en general, el bandidaje de la sociedad santacrucera, ha tenido, al parecer, un cambio más radical del que se presenta en ese petardo de programa televisivo que se emite cada semana en Antena 3 TV, pero con la diferencia de que no actúan cirujanos plásticos ni modistas que les venden los "trapos" que mejor les van a las cambiadas radicalmente, que este detalle, que parece un añadido de ocio antiaburrimiento, es donde se complementa el negocio que se hace con las féminas que quieren ponerse guapas y después reciben los besos y abrazos emocionados de los maridos, las madres y las amigas, que van al plató para completar la comedia. Pero en esta transformación "radical" a que me estoy refiriendo, la cosa no va por lo positivo, sin besos ni abrazos, sino por el camino de borrar del mapa al participante, a la manera de las mafias sicilianas. Aquí, en Santa Cruz, se sabe que el abogado don Felipe Campos se hizo impopular por defender a los vecinos de la llamada "Zona Centro" de Santa Cruz, que se opusieron y llevaron al juzgado la petición de suspender el Carnaval en la calle, por los ruidos que produce y que no dejan dormir a los residentes en aquella parte de la ciudad. Como la ley señala que el descanso de las personas está primero que las diversiones escandalosas, el juez actuó al efecto y se declaró una pequeña batalla judicial en que, "buscando las cosquillas" al tema, se llegó al resultado de que, en cierto modo, el Carnaval se autorizó con ciertas restricciones que, en su mayoría y como se esperaba, no se cumplieron o se cumplieron con trampa. Pero el abogado se hizo blanco de las críticas y de algo más, ya en el rechazable terreno vengativo, como se ha podido ver. Cuando el Carnaval pasó y, además, sin incidentes, el señor Campos ha sido blanco de las represalias que han ido más allá de lo tolerable, porque el despacho del letrado se intentó incendiarlo y no se logró por la prontitud en el auxilio de las fuerzas del orden y los bomberos. Ocurrió que el incendiario o los incendiarios se equivocaron de piso y aunque, al parecer, en la otra parte de la casa se produjeron daños materiales, no quedó afectada ninguna persona, excepto unos pocos vecinos con molestias que no llegaron a graves aunque sí peligrosas. El piso de esta casa, que ocupa la diputada socialista doña Gloria Gutiérrez, fue afectado en el despacho que fue el de la equivocación. Un hombre, una mujer y un perro fueron puestos a salvo por los que acudieron en auxilio de las posibles víctimas, algunas de las cuales fueron las que dieron la voz de alarma y pudo evitarse lo que posiblemente pudiera haber sido una desgracia... Y éste no es Santa Cruz. Nunca han sido estas costumbres observadas en este pueblo donde jamás ha faltado la solidaridad entre los vecinos cuando se ha producido cualquier accidente. Ahora los percances se provocan, lo que es más vergonzoso y reprochable por venganza, además, a quien no hace otro trabajo que el de cumplir con su deber defendiendo la Ley. Esto es una sinvergüencería que roza la delincuencia. Y seremos muchos los santacruceros que celebraríamos la captura de los delincuentes y que les sean aplicadas con todo rigor las sanciones que señala la Justicia.
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