Madrid, 03/05/07 «Una tanqueta en cada esquina acabaría con el problema»Los vecinos se quejan de la inseguridad y deterioro de la zonaR. M.
Él esta harto de vivir inquieto y estresado por el ruido. Sin embargo, no todo el mundo piensa igual. A su lado, una mujer de unos sesenta años le recrimina que sólo vea las cosas malas: «Yo he estado en las fiestas, cuando las había, y me he divertido mucho, con alegría y tranquilidad». «Si yo no estoy en contra de las fiestas», contraataca él, «pero que sean como antes: familiares». Mientras ellos discuten, la Asamblea Ciudadana de Vecinos del Barrio de Universidad (Acibu) concentra a sus miembros para reclamar explicaciones a los políticos y exponer su teoría sobre el uno y el dos de mayo, unos días que en los últimos años se asocian a una palabra: problemas. Su teoría es precisamente que las fiestas, prohibidas desde 2005, deberían volver y que ello sería beneficioso para el devenir del barrio. Reunión a tres bandasJordi Gordon, representante de la asamblea, afirmó que van a solicitar una urgente reunión a tres bandas con la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento «para que nos expliquen cómo es posible que suceda esto en pleno centro de Madrid y para discutir cómo se puede solucionar». Para los miembros de su asociación, los periódicos estallidos de violencia demuestran dos cosas: que la ley antibotellón «como cualquier ley prohibitiva en este país» está destinada al fracaso, y que acabar con las tradicionales fiestas ha sido un error del Ayuntamiento. También se quejaron de la excesiva contundencia de la Policía en la madrugada de ayer. Julio, vecino de la plaza y de profesión músico lo resume con sorna: «Nadie se atrevería a prohibir las fiestas de Lavapiés, lo acusarían de racista. Ni las de Chueca, sería un homófobo. Pero a los rockeros pueden darnos lo que quieran, que da igual». Recuerda, además que «cuando se prohibieron las fiestas muchos vecinos estaban de acuerdo. Mira lo que tienen ahora». Ajeno a él, Manuel sigue a lo suyo: «No hay calle que no huela a pis, los perros se cortan con los cristales del suelo». «Pues que limpien», responde su antagonista, «que aquí hay callejones donde no se limpia jamás». En torno a ellos, cacerolada y coplillas satíricas. Era un día para reivindicar y cada uno pedía lo suyo.
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