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Barcelona, 19/03/07
LA RETIRADA DE UN PROYECTO LEGISLATIVO

La boina y la bota de vino

Contra la ley del alcohol, bodegueros, viticultores y bastantes políticos han actuado como paletos

RODRIGO CÓRDOBA

Spain is different. Miquel Zueras
MIQUEL ZUERAS
La boina, noble y tradicional prenda que algunos la llevan con mucha dignidad no siempre es usada adecuadamente. Con la oposición mantenida a la ley del alcohol, los bodegueros, viticultores y bastantes políticos (de variado ropaje) se han mostrado como paletos con la boina enroscada hasta las cejas, al estilo del personaje del entrañable Paco Martínez Soria.

Con el cuento de que el vino es un alimento han conseguido por segunda vez que no se afronte con seriedad el grave problema del consumo de alcohol en los jóvenes. Por si alguno anda mal de memoria hay que recordar que la primera se la jugaron en 2002 al propio Rajoy (ministro del Interior por entonces) y su ley antibotellón. Las medidas propuestas en el anteproyecto habían acreditado un amplio consenso sanitario y social, incluido el de los consejeros de sanidad de todas las comunidades autónomas.

LA MINISTRA Elena Salgado y su equipo se han limitado a cumplir con sus responsabilidades lo cual en estos temas y en estos momentos tiene su mérito. Recordemos que estas medidas vienen recomendándose desde la reunión de ministros europeos de Estocolmo en 2001 y recientemente también desde la Comisión Europea y el Plan Nacional de Drogas.

No resulta aceptable aludir a una cuestión de oportunidad para justificar la retirada del anteproyecto. Es evidente que no se podía partir de la solemne falsedad de considerar que el vino no es una bebida alcohólica. El sector del vino jamás tuvo la intención de consensuar nada con la ministra de Sanidad sino boicotear todo tipo de regulación de las bebidas alcohólicas. Por otra parte no se puede esperar gran cosa de algunos sectores económicos y de su responsabilidad con los asuntos de salud.

LA MAYOR hipocresía de todas las posibles es reconocer que el problema es importante pero por otra parte negarse a que se tomen las medidas que todos los expertos sanitarios recomiendan para aproximar la solución: fiscalidad, control de la oferta y de la publicidad y educación de la ciudadanía en su conjunto (y no solo los menores).

Es sorprendente como el sector del vino se atreve a dar lecciones a los sanitarios sobre cómo solucionar con "educación" el problema del alcohol en los adolescentes. Me pregunto que dirían si los médicos les aconsejaran sobre cómo podar las viñas o cómo prevenir las plagas de filoxera. La mayoría que opinaron, incluidos muchos tertuliano y columnistas, no se habían dignado a leer el anteproyecto.

El caso es que la retirada del anteproyecto supone dejar a los menores expuestos a las fauces del "mercado" y todos sabemos lo que eso significa. Que alguien nos cuente cómo puede competir la educación pública y escolar con los 377 millones de Euros (2004) que se gastan cada año en publicidad de bebidas alcohólicas en España. El Estado (incluidas las comunidades autónomas) no invierte en medidas de educación y prevención del abuso de alcohol ni la centésima parte de esa cantidad.

Es que el vino forma parte de la tradición, dicen. Si es cierto, la tradición de la bota y el porrón, de la cantidad más que de la calidad, del pan y vino para merendar, del mito de que el vino hace sangre o leche y no se cuantas tonterías mas. Seamos serios, la cultura del vino existe en Francia desde hace siglos. En España es un fenómeno bastante nuevo. En la España rural aún se glorifica el vino casero de 17 grados para acompañar las comidas que para mucha gente no tiene ni "punto de comparación" con el vino embotellado y elaborado.

La nueva cultura española del vino elaborado no corría ningún peligro con el anteproyecto de ley. Nadie ha visto botellones juveniles a base da caldos de crianza o de reserva. Todo lo más, calimocho de tetrabrick. ¿Qué clase de cultura es la que se ha querido defender con esa oposición irracional al anteproyecto?

Algunos justifican que los menores consuman alcohol y hasta lo ven con gracia. Es un rito iniciático, dicen. Me temo que será un rito iniciático hacia una sociedad enferma. No pienso que los bodegueros y viticultores estuvieran complacidos de enterarse cómo sus hijas o hijos menores ingresan en urgencias por un coma etílico. Los efectos de emborracharse todos los fines de semana en la memoria y el rendimiento escolar son devastadores. El peligro de consumir una sustancia potencialmente adictiva, y el alcohol lo es, no viene tanto de la cantidad consumida (que también) como de la edad de inicio del consumo.

ESTA SANTA alianza entre el sector del vino y el alcohol y parte de la clase política puede proceder de que estos señores suelen compartir mesa, mantel y falta de responsabilidad cuando se trata de regular con seriedad las bebidas alcohólicas.

En asuntos de salud los políticos deben tener en cuenta la opinión de los técnicos que entienden de esta materia y no permitir la interferencia de los sectores comerciales y de los asesores electorales que no tienen la menor idea de salud pública. Mientras no se planifiquen las cosas serias (y la salud pública lo es) para más allá de las próximas elecciones seguiremos teniendo una democracia inmadura, una democracia de boina y bota de vino.

*Doctor en Medicina. Miembro del Grupo de Expertos en Alcohol y de la Conferencia Nacional de Prevención y Promoción de la Salud.

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