Murcia, 20/06/07 LOS COLOQUIOS DE 'LA VERDAD'«Estoy en tratamiento y dormir es una pesadilla por el ruido de los bares»Expertos en contaminación acústica y vecinos afectados hablaron el lunes en Murcia sobre cómo combatir el problemaDANIEL LEGUINA
«Gracias a Dios que Barnés ha dejado su puesto de concejal de Festejos, esperemos que el que venga sea más sensible con el tema y desplace las grandes celebraciones en Murcia, como la macro fiesta de Nochevieja, a otros lugares más apartados». «Llamé al Ayuntamiento para quejarme del estruendo permanente debajo de mi casa y me dijeron que era el precio que tenía que pagar por vivir en el centro de Murcia». Voces como éstas, todas con un elevado tono de indignación, se escucharon el lunes en la conferencia La lucha contra el ruido, en el Aula de Cajamurcia, dentro de Los coloquios de La Verdad. Participaron el psiquiatra Pedro Pozo, los abogados José Luis Mazón y Adolfo López, y Miguel Ballesteros, representante de la Federación Regional de Empresarios de Hostelería, moderados por el periodista de La Verdad Antonio Botías.
«Estoy en tratamiento médico y tomo pastillas para dormir. Vivo en Condestable y desde que abrieron un local que se llama Plaza 3 mi vida ha sufrido una degradación considerable. Los ruidos y el alboroto son incesantes; para colmo, cuando cierran la gente se queda en plena calle y continúan bebiendo y montando follón hasta que se cansan. Por si fuera poco, hay un puesto de comida rápida que funciona hasta muy tarde», se quejaba Teresa Valiente. Lo cierto es que el problema va en aumento y es de ámbito nacional: en el pasado Carnaval de Tenerife un grupo de vecinos acudió a los tribunales contra el exceso de ruido y para defender su derecho al descanso. En un principio el juez suspendió cautelarmente la fiesta en la calle, para luego rectificar y dar la razón a los defensores de la celebración en un segundo auto que levantó la suspensión y las iras de los vecinos que se oponían. Este caso, pese a que no prosperó, podría ser un primer paso para que en un futuro se cree una normativa firme y severa que no se la salte nadie, pero por ahora «los ayuntamientos hacen caso omiso», según Ballesteros, y «las normativas no sirven para nada, nos toman el pelo y no hay voluntad de cumplir», dice Adolfo López. La justicia tampoco actúa con la rapidez que el conflicto requiere ya que, según Mazón, «está muy masificada y debería tardar seis meses en resolver un pleito de estas características, pero se demora, por lo general, entre dos y tres años. Entiendo que es desesperante y la justicia es ineficaz. Además, hay mucha prepotencia y chulería por parte de alcaldes y concejales, y en muchos casos las sanciones son ridículas».
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