Córdoba, 25/02/07 Grito contra el ruidoB. LÓPEZ / D. DELGADOEs el indeseable compañero de cama y el principal responsable de que innumerables cordobeses se despierten «con el pie izquierdo» muchas mañanas; con algunos convive siempre, mientras que los más afortunados sólo tienen que soportarlo los días rojos del calendario. Se manifiesta a través del griterío de una reunión de amigos, de motores acelerando con el verde de un semáforo o mediante la última de Bisbal sonando por un amplificador descontrolado. Es el ruido, del que pocos escapan. El martirio de las verbenasLas verbenas populares no sólo hacen trasnochar a los amantes de la fiesta, sino que quitan el sueño a más de uno que prefiere quedarse en su casa. Es el caso del matrimonio Martínez (nombre ficticio, ya que esta pareja prefiere mantenerse en el anonimato) que tiembla cuando se acerca octubre, cuando se celebra la verbena de San Francisco. «El año pasado me tuve que ir a dormir a un hotel porque el ruido era insoportable. Los cristales retumbaban y mi mujer y dos hijas tuvieron que ponerse tapones para descansar un poco», denuncia el marido. Este vecino también ha remitido varios escritos al Consistorio, «pero, hasta el momento, no me han hecho caso. Yo no estoy en contra de que se celebren estos eventos, pero que se hagan en otro sitio». Su mujer dice que, junto a estos guateques, «también se ha celebrado otros años en la plaza el Festival de la Guitarra y, mire usted, para promover la cultura y atraer turistas no hace falta molestar a nadie. Seguro que a la alcaldesa no le gustaría tener debajo de su dormitorio a un tío cantando y tocando la guitarra hasta las tantas». El matrimonio tiene dos hijas enfermas y «más de una vez hemos pensado en mudarnos, pero llevamos 50 años viviendo aquí y no queremos dejar nuestro hogar». La cruz de las CrucesEn otro punto del Casco, junto a la iglesia de Santa Marina, el Mayo festivo arranca, como en otros barrios, con la cruz de claveles que se yergue junto a la estatua de Manolete. Para Luis Gallardo, que vive a pocos metros de la plaza donde se colocan los bafles y la barra, la llegada de este mes significa no dormir durante una semana. «La música está hasta las seis de la mañana y, aunque la quiten, la gente no se va. El problema es que esta cruz, la última que cierra, atrae al público del resto», dice. En más de una ocasión, ha llamado a los municipales, «y hasta los han abucheado», señala Gallardo. Este vecino afirma que «queremos que los que la organizan, los chicos de la hermandad, ganen dinerito, pero el problema es que no nos tienen en cuenta». «Una vez, a las 16.00 horas, bajé para decirles que quitaran la música y vi que la barra estaba vacía. Tenían el equipo enchufado para atraer clientela y no hay derecho que los residentes padezcamos esta falta de civismo», explicó. La Feria del tráficoEn El Arenal no sólo saben el ruido que genera una semana larga de fiesta, la Feria, sino que tienen otros. Así lo explica María José Pizarro, que llegó en 1999 a la calle Periodista Antonio Rodríguez Mesa, frente a la avenida de Las Lonjas. Sobre la Feria, reconoce que desde su casa se oyen las casetas, los cacharritos... «Cuesta dormir, pero tampoco excesivamente. Cierras las ventanas. Hay que pasarla como sea», dice estoica. Aunque a ella, de esos días de jolgorio, le «molestan más» el tráfico y los que hacen botellón o acampan en los jardines que hay ante su casa. Pero, si debe hacer un análisis acústico de El Arenal todo el año, ella en lo que incide es en la gran circulación de vehículos que soporta la zona teniendo delante la avenida de Las Lonjas que se funde casi con la Autovía. Lo plasma gráficamente: «Hay un «run run» de siete de la mañana a nueve de la noche, un ruido de fondo». «Llega a agobiar», confiesa. Y avisa de que el tráfico allí ha crecido una «barbaridad» en los últimos años. A eso hay que sumar otros problemas como el ruido, que se cuela por las ventanas abiertas en verano, de los camiones que van de madrugada a Mercacórdoba. Decibelios cofradesPero, antes de las Cruces o de la Feria, Córdoba tiene una cita con la Semana Santa. Son jornadas de Pasión, aunque, para algunos, duran más de siete días. Es el caso de María Fernández, que se mudó el pasado octubre a un piso del Casco que tiene enfrente la sede una hermandad. María advierte que, aunque los ensayos de la banda de dicha hermandad se dejan sentir en su casa, no lo lleva mal, porque tocan a unas horas, a su juicio, aceptables. Lo que le irrita acústicamente es «cuando los miembros de la cofradía quedan para tomarse unas cervezas en la sede. No respetan y les dan las dos de la mañana y las dos y pico», sostiene. Estas concentraciones «suelen ser los fines de semana, que empiezan los jueves». Su cuarto de dormir da a la calle en la que se ubica esta hermandad y confiesa que «alguna vez ya me ha costado conciliar el sueño». Un clásico, el botellónEn los Jardines de La Victoria, donde ubicó el Consistorio el «botellódromo» no tienen que mirar el calendario. Allí, la mayoría de fines de semana hay ruido por la concentración de jóvenes. Antonio Ruiz, vecino de esta calle, lo sabe muy bien y, a pesar de los múltiples escritos que ha dirigido al Ayuntamiento, el prometido traslado de la movida parece no llegar nunca. «Hace más de dos años que aguantamos cada fin de semana el ruido. Mi mujer y yo tenemos la suerte de contar con doble acristalamiento en la ventana del balcón, y, aún así, se oye», indica. El Consistorio ha prometido a los residentes de la zona que, cuando se inaugure el quiosco de la música, el botellón se irá, pero «tememos que el traslado se demore más de la cuenta». Las peores noches son las de los jueves y sábados. «Muchos chavales se reúnen con tambores y no se puede pegar ojo. Hemos trasladado el dormitorio a otra habitación más alejada de la calle, porque ya no sabemos qué hacer», indica Ruiz. En una ocasión, este residente llegó a bajar a la calle para instar a los agentes que patrullan en la zona a que pusiesen orden, «y consiguieron traer la calma, pero eso fue tan sólo esa noche», matiza. Ruiz denuncia que «el «botellódromo» de La Victoria es ilegal, según la Ley Antibotellón, pero sigue ahí». El Vial del tráfico y los pubsJuan Gómez se mudó hace unos tres años al Vial Norte, si bien prefiere no decir a qué edificio exactamente. Sí se le suelta la lengua con los ruidos que soporta la zona. Arranca apuntando al «muchísimo tráfico» que soporta este enclave y que hace que la contaminación acústica sea «constante» Y se lanza a por el siguiente problema de decibelios con un razonamiento coherente: «Sé que me compré un piso junto a una avenida. Lo acepto, pero lo que no puedo asumir es que no pueda dormir un lunes a las dos de la mañana o un fin de semana a las cuatro por los bares». Y es que, a su juicio, el «gran problema» de ruido del Vial Norte son los pubs. Lamenta que no haya «ninguna mejora en laactitud del Ayuntamiento» ante este problema. «La propia Policía te dice que no puede hacer nada», señala. Confiesa que «hay vecinos que están arrepentidos de haber comprado aquí» y desvela que residentes de esta zona llegan a reforzar las dobles ventanas ya existentes «con más protección acústica».
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