Badalona, 05/02/07 Vecinos en busca de desalojoXABIER BARRENASegundo día de protestas en el barrio de la Salut de Badalona. Unos 200 vecinos volvieron a concentrarse para pedir el desalojo de un piso patera habitado por rumanos gitanos. Y según adviertieron, van a repetir el corte de la calle de Pau Piferrer, donde se encuentra la finca polémica, cada día de siete de la tarde a diez de la noche. Ocurrió en el número 90 de esa calle pero, a decir de los residentes, la protesta vecinal podría haber estallado en cualquier otra calle del barrio de La Salut. Una finca de planta baja más dos pisos alquilada, arriba y abajo, a gitanos rumanos es el centro de la polémica. Enmedio, una joven pareja autóctona, Jaime Reyes y Esther Cabestany, y su hija de 10 años. La pareja padeció durante dos meses "los ruidos, los olores, las noches sin dormir e, incluso, inseguridad", relatan. El sábado, el bajante de aguas fecales del segundo piso se rompió inundando el hogar de la pareja. De los nervios del matrimonio se hicieron eco los vecinos, sin distinción de raza o credo, que cortaron la calle e iniciaron una espontánea concentración de más de 10 horas para exigir la salida de los rumanos. Tras localizar al propietario del primer piso, este consiguió la salida de los inquilinos, que no le pagaban desde hacía meses, tras abonarles 600 euros. Los gitanos se desplazaron a otro piso y los vecinos, lejos de celebrar la expulsión, siguieron en la calle para conseguir que los otros rumanos, los de los bajos, se fueran. Ataque de ansiedadEl dueño del piso desalojado, Francisco Carmona, explicó a Europa Press que él alquiló la vivienda a seis personas, pero que al cabo de poco tiempo ya había unas 20. "Al principio me pagaban, pero ahora ya no", apostilló. Carmona sufrió un ataque de ansiedad al ver cómo le habían dejado el piso. "Estaba lleno de basura, había suciedad en las paredes, agujeros y mucha ropa sucia", comentó. Además, los inquilinos habían destrozado la cocina y al entrar, "el olor te revolvía el estómago", apuntó. A la espera de que, como mandan los cánones, alguna autoridad judicial se pronuncie si es que debe hacerlo, los Mossos d'Esquadra y la policía local protegen a los rumanos de los bajos. Aún no se sabe si tienen contrato en vigor y si pagan o no el alquiler. La última vuelta de tuerca se produjo ayer, cuando los rumanos del primer piso se acercaron a la vivienda a recoger sus pasaportes. Al salir, algunos de ellos se metieron en los bajos.
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