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Castellón, 29/01/07

Brigadas contra el ruido

POR LORENA PARDO

La condena al alcalde de Villarreal por asuntos de contaminación acústica no ha caído en saco roto, más todavía en época de calentamiento de motores electorales en la que los equipos de gobierno, escuchan con inusitada devoción discursos y quejas que años atrás durmieron el sueño de los justos.

Que la contaminación acústica haya tomado rango de delito supone un paso adelante para las cien familias que sufren desde hace años, desde hace legislaturas, la creciente demanda de ocio del público castellonense en las calles Lagasca, Obispo Salinas, Marqués de la Ensenada y Tenerías.

Lo sangrante de la cuestión, para los vecinos, es sospechar que la mayoría de los locales cuentan sólo con licencia de bar, ni siquiera permiso de música y, durante tiempo han tenido abiertas las puertas hasta altas horas de la madrugada con decibelios a todo pulmón y ante la impasividad de la Policía.

Paños calientes

Ahora los tiempos han cambiado y a toda costa aplican paños calientes para poder conciliar el derecho al descanso de los vecinos con el derecho al ocio de la juventud. Las denuncias archivadas con la concepción de una ciudad que tenga también el encanto y los servicios de la noche es una ecuación difícil.

Desde el pasado viernes, 10 voluntarios de la ONG Controla Club, que centra su trabajo en programas de prevención de consumo de drogas, aplica el programa «Diviértete sin molestar». Los agentes de esta patrulla nocturna, no sancionan, intentan con el vehículo de la palabra convencer a los jóvenes de que pueden divertirse sin necesidad de levantar la voz o ensuciar los portales mientras se mueven de un local a otro.

Llevan rastas, pantalones de cintura caída, moda ecléctica y buscan empatía con la gente para que su mensaje sea, al menos, escuchado. Salen a las once y media de la noche y patrullan hasta que la gente esté receptiva a su mensaje, son los guardianes del silencio que ha contratado a través de Controla Club el Ayuntamiento de Castellón, como medida de diálogo con la gente.

El programa ya se ha ensayado en Valencia desde hace seis meses y aseguran que es efectivo, porque además recoge a través de una carpa que montan cada noche el sentir del público a través de encuestas sobre la concepción del descanso y del ocio. De momento sólo tres de los voluntarios de este programa que coordina Juan Carlos Peralt, son de Castellón, pero la idea es reclutar jóvenes de la provincia para reforzar todavía más la proximidad entre el mensaje de difunden y el receptor del mismo.

A este carro de la contaminación acústica se han sumado los vecinos de otras zonas de la ciudad, como los de la céntrica plaza Santa Clara, donde se instalan todas las carpas y ferias que pasan por Castellón y soportan los sonidos metálicos y estridentes de montaje y desmontaje de madrugada y la concurrencia de la gente a la Feria de la Tapa, la semana Cultural Rumana o las ferias de alimentación y sus actividades paralelas que dejan mucha riqueza en los bares pero también ruido y suciedad en la calle.

Control de las licencias

La asamblea de «Castelló Sense Soroll» ha exigido reiteradamente al Ayuntamiento que haga público el tipo de licencias que tiene cada establecimiento para poder confrontar quiénes se ajustan a la ley, pero no han conseguido saber la situación concreta de cada local.

Piden que la Policía haga cumplir las ordenanzas municipales y luchan para que la zona reciba la calificación de ZAS (Zona Acústicamente Saturada), a imagen de Valencia donde, desde el 2 de enero, se declaró así una de las zonas de ocio de más concurridas.

La declaración de ZAS implicaría el límite horario hasta las dos menos cuarto para los locales de copas y el cierre a las tres de salas de fiesta, por lo que el resto de las actividades de ocio nocturnas se verían obligadas a salir de la ciudad hacia polígonos industriales donde no hay vecindario.

La idea es difícil de encajar, para los que ya tienen licencia y sobre todo por no crear una ciudad fantasma falta de ocio y servicios donde se obligaría a los jóvenes a coger el coche.

De momento, el diálogo entre vecinos, propietarios de establecimientos y autoridades es fluido pero el próximo 28 de mayo se deberá demostrar si el problema sigue siendo prioridad para el nuevo gobierno municipal.

Desde el pasado viernes, diez voluntarios de la ONG Controla Club intentan convencer a los jóvenes de que pueden divertirse sin necesidad de levantar la voz o ensuciar los portales de Castellón

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