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L'Hospitalet, 08/12/07

Siete familias del Gornal son realojadas en un hotel por los ruidos de las obras

Raúl Montilla / Luis Benvenuty

Un inmenso y ruidoso generador eléctrico bajo la ventana no deja ver la televisión, ni mantener una conversación de sobremesa ni dormir a pierna suelta. Si es un día tras otro, durante semanas, lo más fácil es despertarse cansado, de mal humor. Lo saben bien Miguel Ángel Blanco y Montserrat Martínez, su esposa, vecinos del barrio del Gornal de l´Hospitalet. El pasado miércoles pusieron fin a su suplicio.

El pasado miércoles por la noche se convirtieron en clientes del aparthotel Hesperia Fira Suites, una cortesía de Sacyr-Vallehermoso, de la empresa responsable de las obras del AVE y de los ruidos que inundan su casa. Miguel Ángel, Montse y sus dos hijos estarán allí hasta que su hogar vuelva a ser habitable. Ya no podían más, como otros vecinos, a los que al final, esta semana, les han hecho caso.

"Mi mujer trabaja en una ludoteca, con niños. No descansaba. Yo trabajo por turnos y tampoco podía descansar. Ahora las obras paraban por la noche, pero empiezan a las seis o a las siete de la mañana. Los niños vivían sobresaltados", explicaba ayer Miguel Ángel, ahora más tranquilo.

Este matrimonio fue de los primeros en colgar pancartas y de los pocos que presentaron quejas formales. Sus nervios ya no podían más. "Mi marido estaba tomando pastillas para dormir y yo lo hacía con tapones en los oídos. Así no se puede vivir", señalaba Montse mientras, a su lado, jugaban a la entrada del aparthotel su hijo Axel, de cuatro años, y Erica, de siete, con su sobrina Lucía, de la misma edad que su hijo pequeño.

En el mismo aparthotel hay otro matrimonio. No quieren hablar. Están molestos por algunas críticas de entidades del barrio que los tachan de "vendidos". Un amigo les telefoneó anteanoche para decirles que más de un vecino anda por el barrio diciendo que son muchos más los que sufren los ruidos, que ellos consiguieron una habitación de cinco estrellas por gritar más que los demás, que son unos insolidarios. Yen el barrio, aunque son 9.000, se conocen casi todos.

Las acusaciones las lanzan desde una plataforma de afectados recientemente creada y una asociación de vecinos minoritaria que, desde hace años, es propensa a presentar viejas grietas en los pisos como nuevas. A veces lo consiguen.

En el aparthotel también hay otra vecina, una mujer que, según Montse, lleva meses tomando ansiolíticos y según fuentes de la Coordinadora de Entidades del Gornal "ya no podía ni sonreír". Los vecinos están allí - según Sacyr, la Coordinadora de Entidades, Adif, el Ayuntamiento y los propios ciudadanos afectados- no porque haya peligro en sus viviendas sino porque las molestias por el ruido eran ya insufribles. Llevaban tiempo quejándose. Ahora les han hecho caso porque ahora las obras son mucho más ruidosas, el aguante no es el mismo y porque el Gornal es ahora más conocido que antes gracias a los socavones.

Algunos vecinos explican que después de que Sacyr y Cavosa comenzaran a trabajar en el barrio, en parte para solucionar el desaguisado de OHL, ha habido un cambio de actitud. Ahora sólo se trabaja por la noche, después de las once, de manera puntual. La instalación de un doble acristalamiento financiada por Sacyr trata de ser una solución. En este sentido, la nueva constructora, tras hacerse cargo de las obras, se reunió con los presidentes de comunidad de varios bloques en actitud conciliadora.

Después de estudiar diversos casos, Sacyr decidió ofrecer a siete familias - en dos casos mujeres que viven solas- la posibilidad de un alojamiento alternativo. Mayoritariamente son vecinos de la calle Vilanova. Fuentes de la constructora señalaron que el realojo durará el tiempo que haga falta. No hay plazos. Y tampoco prevén dar esta posibilidad a más vecinos.

Los aparthoteles Hesperia Fira Suites suelen ser utilizados por familiares de enfermos de larga duración del hospital de Bellvitge - en ocasiones de forma subvencionada por la Seguridad Social- y el precio de sus habitaciones ronda los 90 euros por noche.

Mientras, en el Gornal, corren los rumores y las habladurías. Y aunque pocos, algún vecino espeta con la cara avinagrada: "Pues yo también quiero que me paguen unas vacaciones de lujo". "El problema del barrio es que hay mucha gente que se queja en la panadería, pero que después se calla. Nosotros hemos ido a reuniones en las que estábamos tres personas de 60 vecinos. No nos hemos vendido. Llevamos mucho tiempo quejándonos. Al principio, cuando nos ofrecieron esto, dudamos.

Hace mucho tiempo que nos tenían que haber ofrecido algo así. Tengo que pensar en mis hijos y que cada uno piense lo que quiera", señala Montserrat. "Aquí venimos solo a dormir, porque seguimos haciendo vida en casa - añade su marido Miguel Ángel-. Pero ahora, por fin, podemos dormir. Dormimos, no estamos pasando un puente de lujo. Yo preferiría poder dormir en mi casa". En este sentido, según fuentes de la Coordinadora de Entidades del Gornal, la oficina de Adif en el barrio sólo ha recibido 49 quejas. Las que son por problemas de ruidos no llegan a la mitad.

"En el barrio hay cierta pasividad. Si ahora a unos vecinos que se han quejado se les da solución, pues bien. Pero tendría que haber llegado hace mucho tiempo. Llevamos soportando mucho, aunque hay mucha gente resignada", comenta José Luis Pérez, miembro de la Coordinadora.

"Gente de la plataforma está diciendo que el doble cristal se lo van a poner únicamente a los que más protestan, cuando en realidad se lo pondrán únicamente a los más afectados por los ruidos", puntualizaba ayer la portavoz de la Coordinadora, Teresa Jiménez.

Precisamente, esta entidad, se muestra muy molesta por el mal ambiente que "algunos" están intentando crear en el barrio. "Algunas personas están intoxicando todo el asunto acusando a los afectados por el ruido de ser unos vendidos. Tratan de sembrar cizaña en el barrio", añade Teresa.

En general, los vecinos celebran que por fin se esté haciendo algo, a la vez que lamentan que las soluciones hayan llegado tan tarde, después de que la televisión haya hecho famoso su barrio, que se haya convertido en punto de encuentro de políticos de todos los colores y que ahora se hable de él, incluso en el Parlament y en la Moncloa. Problemas muy similares a los que ahora padecen, los llevan sufriendo desde hace más de dos años.

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