Cáceres, 03/12/07 Los vecinos de la Ronda Norte exigen pantallas contra el ruido del tráficoRecuerdan que el estudio de Impacto Ambiental obligaba a poner barreras para evitar molestias. Los informes acústicos revelan niveles superiores a 60 decibelios, el límite para zonas residencialesJ. J. GONZÁLEZRafael Borrella todavía recuerda cuando a la puerta de su casa hacía barbacoas o tomaba café con los vecinos, debajo de unos olivos. Pasando el umbral de su vivienda se abría el campo. Acababa la ciudad. Era lo que buscaba cuando decidió comprar una casa en el Residencial El Arco, en la calle Aries. Más allá no había nada, sólo naturaleza. Estrenó su vivienda el 19 de marzo de 1992, pero a partir de 2004 se acabó tomar el fresco en la puerta de casa. En lugar de campo apareció una carretera de doble carril: la Ronda Norte. Apareció el asfalto y también los ruidos de los coches. Tres años después de abrirse la ronda, los vecinos siguen esperando a que el Ayuntamiento o la Junta de Extremadura instale las pantallas antirruidos para acabar con las molestias. Cuando se inauguró la Ronda Norte, el 6 de octubre de 2004, la ciudad lo celebró por todo lo alto. Después de la comitiva de coches oficiales, los cacereños se lanzaron a la Ronda Norte para estrenarla. Fue un romería. Algunos la utilizaron por necesidad, descubriendo una vía de comunicación alternativa entre la Sierrilla y la carretera de Trujillo sin pasar por la avenida de Hernán Cortes. En total seis kilómetros. Pero otro muchos enfilaron con sus vehículos por la nueva vía urbana por pura curiosidad. No en vano se trataba de la mayor obra de ingeniería que se hacía en la ciudad en los últimos años. Fueron más de 20 millones de euros de inversión y suponía ir completando el entramado urbano, con nuevas arterias para unir y comunicarán nuevos residenciales que van haciendo crecer a Cáceres. Los cacereños, en su conjunto, celebraron ese día de inauguración. Casi todos, menos unos cuentos: los vecinos de los residenciales colindantes con la Ronda Norte, fundamentalmente los de El Arco y el R-66-B. Fueron los únicos a los que la nueva arteria les suponía molestias: tráfico y ruido. Tres años despuésTres años después, siguen esperando a que, al menos, el Ayuntamiento les solucione el problema que ya expusieron incluso antes de construirse la carretera, como alegaciones presentadas por las asociaciones de vecinos Residencial El Arco y Fuente del Hinche. Las alegaciones fueron recogidas en el estudio de Impacto Ambiental que acompañó al proyecto de construcción de la ronda. En ese estudio se aceptaba que, efectivamente, habría que instalar pantallas de protección acústica en las zonas lindantes con residenciales y parques. Este estudio es recordado ahora por los representantes vecinales y en él se indica que la integración de la ronda en el planeamiento urbanístico evidencia que se trata de una vía de carácter urbano, «siendo competencia del Ayuntamiento controlar los niveles y las garantías de confort acústico. En cualquier caso, las medidas correctoras contra el ruido deberían ceñirse a todas las barriadas y áreas colindantes a la traza, sean urbanizables o verdes». Asimismo se recogía la obligatoriedad de establecer un programa de seguimiento y vigilancia con mediciones acústicas y aforos de tráfico para tomar las medidas necesarias «de aislamiento de viviendas». Todo eso se dice en la Declaración de Impacto Ambiental aprobada por la Junta en 2002. Pero hasta ahora no se ha hecho nada. El Ayuntamiento incluyó en su presupuesto de 2007 una partida de 100.000 euros para hacer un estudio técnico previo sobre los ruidos y sus posibles soluciones, pero tampoco se llegó a materializar. Por ello, hace escasos días fue debatida en el Pleno municipal del pasado 15 de octubre una propuesta presentada por el grupo del PP para financiar ese estudio. Los grupos del Gobierno rechazaron la propuesta por considerar que el Ayuntamiento está haciendo gestiones ante la Junta para que sea esta administración la que instale las pantallas antirruidos necesarias, a pesar de que la obra, una vez hecha y pagada por el Gobierno regional, fue traspasada al Consistorio para su recepción y mantenimiento. Sí hay algunos estudios, pero de ámbito universitario, como el realizado por el Laboratorio de Acústica de la Uex. Es una aproximación y no un informe exhaustivo. En todo caso, apunta que en prácticamente todo el trazado de la Ronda Norte se superan los 60 decibelios, que es límite establecido por el decreto de ruidos de la Junta para las zonas residenciales. En el 40% de la ronda se superan incluso los 65 decibelios, aunque hay otras calles rebasan esos niveles, como Gil Cordero o Hernán Cortés, por encima de los 70 decibelios. El estudio también evidencia que otras zonas colindantes con la Ronda Norte, como Montesol, recibirán igualmente un importante impacto acústico. Si no hay más quejas en esa zona de la ciudad es porque todavía las casas no están ocupadas. Defensor del PuebloEllo no impide que los vecinos afectados por la Ronda Norte, que llegaron a exponer su queja al Defensor del Pueblo, exijan soluciones para su caso. El Ayuntamiento se hizo eco de la demanda, pero no pasó de presupuestar 100.000 euros para un estudio, caso del anterior Gobierno del PP, o de asegurar que hace gestiones ante la Junta para instalar las pantallas acústico-paisajística, caso del nuevo Gobierno de Heras. Sin embargo, los vecinos como Rafael, o Manuel y Lola, o Javier y Laura, o Héctor Berzas siguen insistiendo en que hay que poner coto a los ruidos. Javier y Laura tienen una vivienda que no linda directamente con la Ronda Norte, pero aseguran que les llega el ruido y más desde que hace unos meses se aumentó el límite de velocidad de 50 a 80 kilómetros por hora. «Que pongan las pantallas, que es lo que puede quitarnos el ruido», insiste Rafael Borrella, para quien la Ronda Norte ha sido «una chapuza» de obra. Se queja de que el proyecto contemplase plantación de árboles que servirían como barreras antirruidos. «Se dijo que habría una arboleda, pero aquí no hay ningún árbol sano, no han vuelto a preocuparse de los árboles». En efecto, la Ronda Norte es también una inmensa zona verde donde habitan más de 32.00 plantas, contando el arbolado de distintas especies y los 1.000 olivos de las antiguas fincas que fueron expropiadas para hacer la obra, todos ellos trasplantados a lo largo del recorrido, en los entornos de las ocho rotondas existentes. Pero el arbolado no ha servido de nada para los vecinos que viven con vistas a la ronda. Rafael Borrella se muestra resignado. Ahora ya no puede abrir las ventanas para que entre el fresco. Tiene doble acristalamiento. Las barbacoas o el café con los vecinos debajo de los olivos en los años 90 son sólo un recuerdo: «Me vine aquí para respirar aire puro , paz y tranquilidad, y me he comido con patatas la Ronda Norte».
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