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Barcelona, 28/08/07

La L-4 reabre en el Poblenou sin apenas vibraciones

Los vecinos se muestran aliviados y esperan que la solución sea definitiva

JORDI SUBIRANA

Vecina Pujades con pancarta contra temblores
Una vecina de Pujades con una pancarta contra los temblores, ayer. Foto: FERRAN NADEU
Tras casi tres décadas con temblores en sus casas por el paso de los convoyes de la línea 4 del metro, los vecinos del Poblenou empiezan a ver la luz al final del túnel. Ayer, tras dos meses con la línea cerrada por unas obras que intentaban acabar con las molestias, se restableció el servicio y, por primera vez en tiempo, las vibraciones apenas se notaron. Los afectados respiraron aliviados, pero no lanzaron las campanas al vuelo.

La solución adoptada para acabar con las vibraciones --originadas porque el túnel se construyó muy cerca de la superficie para evitar el nivel freático de la zona-- pasó por renovar los 2,4 kilómetros de vía entre Bogatell y Selva de Mar y por sustituir los viejos carriles por otros más pesados, y las traviesas rígidas entre los raíles por otras con sujeciones elásticas. También se redujo la distancia entre las traviesas y se renovó el balastro, la grava de la vía.

Además de esta mejoras para reducir los temblores, hasta finales de septiembre se hacen trabajos para combatir las filtraciones de agua que afectaban a las instalaciones del metro. Se sellan las juntas causantes y se extiende un filtro geotextil para impermeabilizar la base del túnel. El coste total sube unos 7,1 millones.

Saturnina Rojas, vecina de la Rambla del Poblenou, fue una de las primeras en notar la elevada inversión. Como cada día, ayer sacó a su perro a pasear a primera hora de la mañana. Normalmente en Pujades con Marià Aguiló sentía temblores bajo sus pies, pero ayer no los notó. Maria Rosa Colomer, vecina de Pujades, dijo: "La situación ha mejorado. Antes temblaba todo. Oigo el metro, pero no es un ruido fuerte".

En términos parecidos se expresó el farmacéutico y miembro de la comisión por un Metro de Qualitat Josep Giró: "Solo hemos notado una ligera vibración por la tarde". Antes de la obra, estaban acostumbrados a vibraciones que llegaron a 80 decibelios, por encima de lo permitido.

MEDICIONES

Algunos afectados, sin embargo, se mostraron precavidos. Las soluciones probadas antes fracasaron. "Hay que ver cómo se consolida la reforma y cómo evoluciona. El balastro, por ejemplo, se tiene que asentar", precisó Toni Ramon.

Los vecinos quieren que se hagan nuevas mediciones para comprobar que las vibraciones se han reducido, algo que ya está previsto. Otra de las peticiones, el cambio de los viejos convoyes por otros nuevos, lo que reduciría más el ruido, tardará más tiempo. Se hará paulatinamente y no se completará antes de dos años.

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