Gijón, 25/08/07 Hosteleros de Cimadevilla se suman a las quejas vecinales por el 'botellón' en el barrioLos propietarios de los bares niegan tener responsabilidad en los ruidos y en los cristales acumulados en el suelo. «Gasto un litro de lejía al día para intentar quitar el olor a pis del portal»OLAYA SUÁREZ
No son los únicos factores que han ido en aumento. Los vecinos se quejan de sus continuos problemas para conciliar el sueño. Un caballo de batalla frente al que muchos han claudicado ante las nuevas formas de diversión. Ahora son los hosteleros los que levantan su voz y critican el 'botellón', por la suciedad generada y por las numerosas confrontaciones que les genera con los vecinos. «Aunque parece que haya aumentado la clientela de los bares, no es así: la mayoría de los que vienen a esta zona se traen su propia bebida, que previamente han comprado en el supermercado, con lo cual ensucian y no dan ganancias», afirma Fran Gimeno, camarero de un establecimiento de Cimadevilla. «Suele ser por lo general gente joven, que antes solía hacer 'botellones' en el parque de Isabel La Católica o en el kilometrín y ahora han recalado en el barrio», añade. Tapones en los oídos«No sabemos lo que vamos a hacer para dormir. Hemos probado de todo: tapones en los oídos, doble ventana e incluso cambiar la habitación por el salón que da al patio de luces. Pero ni así. Esto va en aumento y ha pasado de ser sólo los viernes y sábados a casi todos los días de la semana». Son palabras de Josefa Suárez, vecina de la calle de Gregorio García Jove, quien asegura gastar «un litro de lejía al día para quitar el olor a pis que hay en la pared del portal». A pesar de que diez operarios de Emulsa se esmeran desde las seis de la madrugada para retirar la basura generada durante las horas previas, los vecinos «nos encontramos siempre cascos de botellas y de vasos, entre otras cosas, porque los trabajadores de la limpieza no dan a basto, sobre todo en agosto». «Más molesto que los ruidos es casi salir un sábado por la mañana y ver en tu portal una vomitada y botellas rotas de la chavalería que se emborrachó debajo de tu ventana durante la noche», apunta Conchita, quien vive «de toda la vida» al pie de la plaza de Arturo Arias y que elude dar a conocer su apellido «porque luego los hosteleros toman represalias». «Un día de la semana pasada tuve que llevar a mi perro al veterinario para que le operasen de una pata porque se había clavado un cristal al salir a la calle. Es una vergüenza cómo está el barrio», añade. La Ordenanza Municipal de Ruido impide consumir bebidas en la vía pública. Una prohibición que choca de frente con las miles de personas que cada fin de semana se reúnen, vaso en mano, en las calles de Cimadevilla.«En el Ayuntamiento hacen la vista gorda porque piensan que va a ir en contra del turismo; no se dan cuenta es que el resto del año tienen en contra a todos los vecinos, que somos los que les votamos, ¿no?», se queja Nieves Fernández, vecina de la plaza de Arturo Arias. El Consistorio abrió en lo que va de año un total de 145 expedientes sancionadores a bares de la ciudad. «Es un problema de educación cívica que tiene que resolverse desde la base», sostiene Ana Carmen García, vecina del barrio. Los hosteleros, por su parte, se defienden argumentando que «Cimadevilla está como está de arreglado gracias a los bares, porque hasta que no empezó a ser una zona de movida el barrio estaba totalmente abandonado», resume uno de ellos.
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