Cáceres, 24/08/07 CARMEN HERAS ALCALDESA DE CÁCERES«La normativa está pensada para una forma de divertirse que no es la de hoy»Carmen Heras abre el debate sobre las competencias en materia de ocio, empeñada en solucionar los problemas que genera la diversión nocturnaCLAUDIO MATEOS
-¿Siente que está liderando el debate sobre un posible traspaso de las competencias en materia de ocio a los ayuntamientos extremeños? -Bueno, yo me debo sobre todo a mi ciudad, y lo cierto es que Cáceres ha sido, por desgracia, famosa en este asunto. Siempre me sorprendió que en otros lugares no había ningún tipo de ruido y aquí estábamos todos los días hablando de este asunto. Me parecía que algo no cuadraba en Cáceres, cuando en los demás sitios de Extremadura se está conviviendo sin tanto problema. -¿Qué es lo que falla en la noche de Cáceres? -A mí me parece que ha habido falta de decisión política por parte del gobierno local. Sin entrar en sus motivos, jugó mucho con tirar balones fuera, y jugó mucho con el planteamiento de que la Junta era la última depositaria de las multas que se ponían. Jugó con la Ley de Ocio, que en realidad no es más que un marco que da una serie de preceptos. Decía que ya estaba bien de que cualquiera en cualquier sitio pudiera estar bebiendo, y dejaba a los ayuntamientos la potestad de decir en qué lugares públicos se permitía beber. Este Ayuntamiento tomó la decisión de mandar a todo el mundo al ferial, y con el tiempo lo que demostró la práctica fue que la gente estaba allí un tiempo, pero después se venía a la ciudad. La ciudad se quedó vacía de juventud a unas determinadas horas, pero luego volvía, y ahí entraba un poco el juego de las licencias y de la picaresca. Me preguntan por la calle por qué la gente no sale de casa más temprano, como se hacía antes. Pues yo no lo sé, pero el caso es que ahora es así. Contacto con los jóvenes-¿Cómo se informa usted de la realidad de la noche cacereña? -Llevo más de 30 años trabajando en un centro universitario, teniendo contacto directo con gente muy joven, con los jóvenes de antes y con los de ahora. Siempre he tenido muy buena relación con ellos. ¿Qué pasa ahora? Que muchos alumnos me cuentan que prefieren irse a sus pueblos porque allí tienen mejor ambiente que en Cáceres, porque aquí realmente se aburren. O hacen botellón, o nada. También he hablado a menudo con las asociaciones juveniles, durante todo el tiempo que llevo en política. Todos me decían lo mismo, que la marcha de Cáceres se había perdido. Cuando digo esto algunos sectores se ponen muy nerviosos, pero ¿ojo!, nadie está defendiendo el desenfreno, ni que la gente haga sus necesidades en la calle. Eso son conductas incívicas que hay que perseguir. Pero es que hoy en Cáceres cuando un matrimonio sale a cenar con sus amigos y después quieren ir a tomar una copa, no tienen dónde. No se van a ir al botellón, y a lo mejor no les apetece irse a una discoteca donde no se puede hablar. Eso es lo que está demandando la mayoría de la gente normal. -Ha hablado de negociar un cambio en las reglas del juego, con la posibilidad de modificar licencias o ampliar horarios. -A ver. Yo tengo ya una edad, y en mí época la chica joven que estaba en la calle hasta no sé qué hora tenía un mal nombre, pero ahora no pasa nada. La normativa está hecha pensando en una determinada forma de divertirse que no responde a la realidad de hoy. En lugar de darnos porrazos con la pared y criticar la forma de divertirse de los jóvenes, lo mejor, lo que debemos hacer, es actuar. Ahora bien, hay que defender también el derecho al descanso, que está por encima de todo lo demás. Que nadie se preocupe porque yo no voy a llevar la bacanal a las calles ni a cambiar las reglas del juego si veo que perjudica a los vecinos. De todas formas los horarios siguen estando en manos de una comisión regional, en la que también están representados los vecinos, y cualquier decisión que se tome tiene que ser de mutuo acuerdo, o al menos con una mayoría amplia. -Pero usted quiere tener las manos libres para negociar horarios. -A mí lo que menos me gusta es la hipocresía de esconder la cabeza debajo del ala y decir: «¿Ah!, esto que lo arreglen no sé quiénes». No voy a esconder mi responsabilidad detrás de la de otros, como se ha venido haciendo durante los últimos tiempos. -El presidente de la agrupación vecinal ha dicho, textualmente, que si negocia con los hosteleros le van a tomar el pelo, igual que hicieron con el PP. ¿Se fía usted? -Cuando hablas con los hosteleros lo primero que te dicen es que ellos mismos están divididos. Además, faltan unas premisas generales que todo el mundo pueda respetar, porque hay quien cumple muy bien, pero muy bien, y hay quien juega a la picaresca porque tiene una licencia determinada y después resulta que está haciendo otra cosa. Hay bares que cierran a su hora y abren cuatro horas después, lo cual estaría bien si sirvieran desayunos, porque en teoría, según dice su licencia, no tendrían que ser locales de copas. El problema de esta ciudad es que muchas veces cada uno mira sólo a lo suyo y nunca por los demás. Yo estoy convencida de que la ciudad tiene muchas posibilidades y muchas buenas cabezas, que no faltan ideas. -¿No le asusta pegarse de bruces con la realidad, que sea imposible poner orden y llegar a acuerdos? -Sé que es muy complejo y muy difícil, y sé que puedo errar, pero también sé que el que no arriesga no consigue nada. Lo que me parece tremendo es que todos los días tengamos 25 denuncias de vecinos que se quejan de los ruidos, y que una ciudad como esta no tenga un sector hostelero medianamente organizado. Me refiero, claro está, al interés general, no a lo que cada uno tiene que hacer en su casa. En lo que sí queremos intervenir es en que para dar una licencia se tengan que cumplir unas determinadas normas, y ahí el ayuntamiento sí que tiene capacidad. Lo que quiero es retocar la normativa de manera que sirva y que sea útil.
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