24/11/06 'Farolillo rojo' en la lucha contra el ruidoTANTO LA EXIGENCIA ACTUAL DE AISLAMIENTO ACÚSTICO EN LAS CASAS ESPAÑOLAS COMO LA FUTURA SON LAS MENOS EXHAUSTIVAS DE EUROPAMARTA BELVEREn asuntos de ruido, España también 'is different'. Pero, en esta ocasión, no destaca precisamente por sobresaliente, sino más bien por ser la más torpe de la clase. Nuestro país es el 'farolillo rojo' europeo en la asignatura de exigencia de aislamiento acústico en las viviendas. Lo demuestra la Asociación Española contra la Contaminación por el Ruido (Aecor) en un examen realizado a los sistemas que se aplican actualmente en 18 países del Viejo Continente. Con la normativa hoy en vigor de fronteras hacia adentro, aprobada en 1982, estamos a años luz de Rusia, la siguiente en la escala de rigidez si se empieza por el final. Y, a pesar de los cambios legislativos que se atisban en el horizonte cercano, nuestra posición sigue sin mejorar ni un ápice. El contenido del último borrador del Documento Básico de Protección Frente al Ruido del Código Técnico de la Edificación (CTE), que data de junio de 2006, nos acerca más a los niveles de nuestros colegas europeos y, sin embargo, continúa relegándonos al puesto de la vergüenza. Pero vayamos por partes. En primer lugar hay que distinguir entre ruido de impactos y ruido aéreo. El primero, que se refiere al sonido que producen por ejemplo las pisadas en un piso superior, tendrá a partir de la aprobación del citado documento (siempre y cuando no varíe) un límite máximo de 65 decibelios, mientras que la NBE CA 88, norma actual y vigente, permitía alcanzar hasta 80 decibelios. Avance significativo«Supone un avance significativo, aunque insuficiente», considera Harold Aagesen, presidente de Aecor. «La nueva normativa, que el Ministerio de Vivienda tienen previsto que sea totalmente obligatoria a finales de marzo del próximo año, prevé permitir para España unos niveles de ruido de impactos que superan los de nuestros vecinos de Francia y Portugal, que permiten como máximo 60 decibelios. Es decir, seremos superados por países con reglamentos con antigüedades cercanas o superiores a los 10 años», asegura. Pese al 'necesita mejorar', el expediente español introducirá algunos cambios notables y positivos. Por nombrar uno, «a partir de ahora, será obligatorio instalar suelos flotantes», apunta Aagesen. En cuanto al aislamiento del ruido aéreo (voces, televisión...), el documento que elabora el departamento de María Antonia Trujillo plantea elevar la exigencia hasta 50 decibelios (frente a los 45 actuales). Aquí damos también un paso al frente y aun así nos situamos lejos del control que aplican naciones tan dispares como Estonia, Finlandia, Holanda y Noruega, que establecen su límite en 56 decibelios. Según señalan en Aecor, «cabe destacar que, además de sus bajos niveles, la normativa de 1982 [actualizada en su forma, que no en su fondo, en 1988] no exige el cumplimiento en obra terminada de las viviendas, por lo que los consumidores quedan totalmente indefensos ante las generalizadas deficiencias de aislamiento». Comprobaciones «in situ»«El CTE permitirá comprobaciones 'in situ', que se ha demostrado que es una herramienta totalmente válida», explica el presidente de la asociación. Y matiza: «Tendrán que realizarlas laboratorios dependientes de las comunidades autónomas o privados homologados en entidades nacionales de acreditación y calibración». Además, cada dos o tres años se hará un intercambio de datos entre laboratorios para comprobar que no hay desviaciones. La nueva lucha contra el ruido, al menos en la teoría, no debería afectar apenas a la factura final de las casas. Según un estudio elaborado por Aecor a petición del Ministerio de Vivienda, el salto entre la normativa de 1982 y el CTE supondrá un aumento mínimo del coste de construcción de entre seis y 10 euros por metro cuadrado. El problema radica, según la organización española, en que la disposición vigente no sólo era muy poco exigente, sino que además se ha incumplido sistemáticamente. Así que recuperar ahora el tiempo perdido puede ir acompañado de 'efectos colaterales' en el proceso de edificación. «Tenemos arquitectos que saben diseñar, constructores que saben construir y los materiales adecuados. Mi miedo es a que la instalación no se haga de forma correcta», concluye Aagesen. Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |