Valencia, 19/03/06 La policía multa a 25 jóvenes por beber en la calle en el botellón de TarongersTres mil personas se congregaron en el campus hasta altas horas de la madrugadaCELIA DUBAL
Tres mil personas y 25 multas a jóvenes por beber alcohol en la calle. Esas fueron las dos cifras principales del macrobotellón celebrado en la madrugada de ayer en el campus de Tarongers. La Policía Local no registró de incidentes de consideración, salvo alguna pelea aislada. El récord de España de estas concentraciones no se logró. Para batir el récord, para pasar la noche entre amigos o por simple curiosidad. Los asistentes al macrobotellón del viernes por la noche en el campus de Tarongers esgrimieron diferentes excusas para acercarse por la zona. La Policía Local impuso 25 sanciones por beber alcohol en la calle, de las tres mil personas que se congregaron alrededor de los edificios universitarios. Un portavoz del gobierno municipal comentó que la estrategia pasó por dejar pasar la fiesta, siempre que no se produjeran incidentes. “Las multas han sido motivadas por problemas de convivencia. Al resto de jóvenes no les hemos dicho nada.” A partir de la una y media de la madrugada, después del castillo pirotécnico en la Alameda, empezaron a llegar en masa los aspirantes a batir el récord de macrobotellón en España, algo imposible por coincidir con las Fallas y las verbenas en los barrios. Faltaba la música “No tenía pensado venir, pero mis amigos lo comentaron y nos hemos acercado para ver el ambiente”, así expresaba uno de los asistentes el motivo de su visita. Él y sus amigos llegaron al campus sobre las dos de la madrugada y, una hora después, decidieron marcharse a una verbena fallera: “nos vamos porque allí hay mucho más ambiente y, además, tenemos música”. Si algo les quedó claro a los jóvenes que invadieron ayer el campus de Tarongers es que Valencia no se iba a alzar con el récord de botellón más multitudinario. Ángel M., otro de los jóvenes que pasó parte de la noche en la zona aseguró: “Yo he venido con la intención de participar en el récord pero estoy decepcionado, esperaba mucha más gente, seguro que las demás ciudades reúnen a muchos más”. Aún así se acercaron jóvenes de otras provincias. En el campus de Tarongers había chavales de Murcia, de Albacete o de Castellón: “Hemos venido a pasar las fallas y nos enteramos del botellón”, contaba Silvia, una joven albaceteña. Cerca de 3.000 personas se reunieron en el campus pero fue durante un breve período de tiempo, entre las dos y las tres de la madrugada, después, la gente se fue dispersando poco a poco. Presencia policial Con los jóvenes llegaron también las unidades de la Policía Local que, durante las horas previas, habían estado controlando la buena marcha del castillo de fuegos artificiales en la Alameda. Sin embargo, los agentes se quedaron a una razonable distancia del lugar de concentración: en la avenida Tarongers había ocho coches patrulla y, al menos cuatro entre las calles Serpis y Ramón Llull. Tres agentes pasaron entre los jóvenes con moticicletas pero no pararon, fueron abucheados y pitados hasta que salieron a la avenida. La falta de ambiente fue uno de los motivos más repetidos para abandonar la concentración. Sin embargo, un grupo de jóvenes decidió marcharse por las carretillas: “No estamos tranquilos, estamos mirando para todos los lados por si nos cae uno de esos petardos. Preferimos irnos”. Algunos de los participantes en el macrobotellón se dedicaron a lanzar las carretillas al aire para ver dónde caían y hacia dónde iban lo que provocaba desbandadas para huir del fuego. Sobre las cuatro de la madrugada quedaba menos de la mitad de los asistentes y el paisaje que dejaron tras de si era inconfundible: botellas de cristal rotas, vasos de plástico, bolsas de supermercado e, incluso, un zapato de tacón alto. Además de la basura, en el suelo quedaron dos señales de tráfico arrancadas. Actos de vandalismo En algunos casos se sobrepasó el límite de la diversión: tres chicos decidieron comprobar sus fuerzas (y su suerte) escalando por una farola y por uno de los árboles de la zona. La hazaña, afortunadamente, no tuvo consecuencias que lamentar. Pocos jóvenes decidieron desplazarse en coche propio y fueron más los que lo hicieron en tranvía pero, los que lo hicieron se arriesgaron a que su coche sufriera daño.
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