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Tenerife, 19/03/06

Se coció en el Puerto

Unos mil jóvenes se concentraron la madrugada del sábado en la explanada del muelle del Puerto de la Cruz convocados a través de internet para un "botellón". Fue el único en Tenerife y se saldó sin incidentes importantes
JOSÉ LUIS DÍAZ
Una joven accede al estacionamiento de la explanada del muelle encima del capó de un coche Una joven accede al estacionamiento de la explanada del muelle encima del capó de un coche

El trago puede resultar bueno o malo, pero es, sin duda, barato. "Por tres o cuatro euros cada uno podemos pasar una noche cojonuda", dice chispeante Samuel, un joven que, como otros 1.000, se citaron la noche del viernes en la explanada del muelle del Puerto de la Cruz para celebrar un "botellón" convocado a través del correo electrónico y de mensajes SMS.

A escasos metros de media docena de agentes del Cuerpo Nacional de Policía, movilizados expresamente para vigilar el encuentro, Samuel exhibe orgulloso el maletero de su coche, colonizado por cuatro enormes bafles que escupen watios de reggaeton. En el suelo reposa el material sensible: varias botellas de ron, vasos de plástico y un par de bolsas de hielo.

Este botellón fue el único que se celebró en Tenerife, a pesar de que se hablaba de otra convocatoria en Granadilla -finalmente no tuvo lugar- y en Icod de los Vinos, donde alguien difundió, se supone que interesadamente, que la Unipol haría acto de presencia para acabar con la reunión con sus métodos acostumbrados. Al menos hasta las doce de la noche, nada allí hacía presagiar un encuentro masivo. Matías, un parroquiano al tanto de los movimientos nocturnos en la playa de San Marcos, lo tenía claro: "El botellón es en el Puerto, aquí no hay nada".

Efectivamente, mientras en la plaza del Charco sonaban las versiones de Groove Factory, un grupo local contratado para el Festival Mueca, una caravana de coches accedía por El Peñón a la explanada del muelle. Se estaba cociendo el botellón.

El Puerto de la Cruz no es precisamente un lugar que destaque por sus alternativas nocturnas, pero el viernes por la noche el que hubiera querido habría podido disfrutar de un concierto y de actividades alternativas en torno al citado festival. Se desmonta, pues, una de los argumentos esgrimidos recurrentemente por aquellos que ven el "botellón" desde la distancia, física y emocional. Los jóvenes, otros no tanto, que se juntaron en el Puerto querían pasarlo bien, pero sobre todo, gastarse poco dinero.

Quizás la versión de este "botellón" portuense sea la más chusca a los ojos del neófito, todo a pesar del "buen rollo" aparente. La estética del tunning y del reggeaton, elementos dominadores de la noche, es agresiva, pero en honor de la verdad habría que decir que los machacones sones del nuevo ritmo se mezclaban en ocasiones con la contundencia de los bongós de algunos grupitos que, junto al maletero del coche, espacio sin el que no se puede concebir el "botellón", se afanaban en dar un aire "étnico" al asunto.

La cita del Puerto de la Cruz atrajo a gente de todas partes de la Isla, incluso, a jóvenes turistas peninsulares informados del encuentro, y discurrió sin incidentes de importancia. Se cumplió así el vaticinio del jefe del dispositivo del CNP, quien sobre la una de la madrugada comentaba: "Ahora no va a haber ningún problema; a lo mejor a las cuatro hay alguno, pero no creo que pase a mayores".

Mientras el jefe policial realizaba estos comentarios, una joven subida al capó de un coche con una minifalda inverosímil dirigía sensualmente la maniobra de aparcamiento del conductor; otro, vaso en mano, pedía alegremente a la fotógrafo de este periódico que inmortalizara el momento; una chica se contorneaba entre un grupo de muchachos al grito de "gasolina" (o algo similar) y hasta el "gorrilla" diurno del aparcamiento se relajaba en su puesto de trabajo alternando ora con policías ora con "botelleros".

La brisa del mar y el salitre propulsado por las violentas olas que rompían en el dique llegaban matizadas a la explanada, donde un agente del CNP, preguntado por la hipotética actuación de la Unipol en Icod de los Vinos, decía: "Algo he oído de que iban a soltar a los animales".

Finalmente, no hubo ni el Puerto ni en otro lugar de Tenerife animaladas, sino un encuentro de jóvenes para divertirse y, sobre todo, beber muy barato.

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