Barcelona, 15/03/06 BotellocraciaFRANCESC-MARC ÁLVARONo sé cuántos afiliados tiene el Partido de Bebedores de Cerveza que se fundó en Polonia, pero quizás en las Españas tendría gran éxito un Partido del Botellón. Además, las nuevas tecnologías de la comunicación (que tan importantes se han revelado como instrumento de movilización de partidos clásicos y movimientos sociales varios) permiten organizar y articular a la militancia de una forma mucho más rápida y eficaz de lo que permitían los métodos presenciales de toda la vida. Si somos capaces de elaborar grandes teorías cuando la última tecnología se pone al servicio de mensajes que consideramos positivos ( "no a la guerra" o "no más mentiras"), también debemos aplicarnos la plantilla cuando el contenido es aparentemente apolítico. La potencia de un mensaje tipo "botellón en el Raval" no debe menospreciarse a efectos de lo que se estima como el bien común .El PP ya ha demostrado que el famoso "pásalo" no es exclusivamente de izquierdas o progresista, hay también un "pásalo" reaccionario. Y, dentro y fuera de nuestro país, hay un "pásalo" totalitario, un "pásalo" banal o, incluso, un "pásalo" idiotizante y nihilista, basado en los efectos perversos de la tecnología punta como nueva superchería. Pasado mañana es el día elegido para celebrar un macrobotellón en la barcelonesa rambla del Raval. Sus promotores lo justifican como protesta contra la ordenanza de civismo. Algunos grupos alternativos se han apuntado a la fiesta. La convocatoria (que se repite en otras grandes ciudades como Madrid y Sevilla) se ha hecho de forma anónima a través de la red y del teléfono móvil. Para algunos, se trata solamente de una broma tardoadolescente que se hincha gracias a la facilidad de la juguetería informacional. Para muchos, todo esto no es más que la borrachera comunitaria de toda la vida barnizada con reclamos SMS y los colorines de una página web. Es una visión amable del fenómeno. Si los convocados son pocos y no hay mucho follón, quedará esta idea costumbrista de un folklore urbano casposo con léxico de Matrix. Pero otros, en cambio, pensamos que se trata de la expresión tecnológicamente opulenta y hueca de nuevas/ viejas formas de estupidez tribal, que hoy se vive más intensamente gracias a la capacidad de multiplicación y autocontemplación que permite cualquier cachivache de los que damos a nuestros hijos para que nos digan, a veces, dónde están. El caso extremo y patológico de esta ola es el ritual de los bárbaros que se dedican a agredir a la gente para filmarlo con el telefonino. Lo inquietante es que un típico borracho de fin de semana se convierta hoy en sujeto político gracias a las nuevas herramientas.
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