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Cáceres, 30/07/06

Los ruidos se sitúan a la cabeza de las quejas vecinales

Crece la demanda de aislamientos acústicos en las viviendas particulares Los aparatos de aire acondicionado y los tacones, entre las principales fuentes de molestia
MARÍA JOSÉ TORREJÓN

«Las comunidades de vecinos son como un microcosmos, con sus reglas, sus habitantes y su propio jefe de gobierno, que es el presidente de la comunidad». La frase sale de la boca de Juan Carlos Hidalgo, uno de los administradores de fincas consultados por este diario para poner respuesta a una cuestión: «¿Cuáles son las quejas vecinales más frecuentes en Cáceres?».

Los ruidos se sitúan a la cabeza del largo listado verbal de problemas emergidos en el seno de las comunidades de propietarios que Reyes Caballero, presidente del Colegio Territorial de Administradores de Fincas de Extremadura, maneja tirando de memoria y de la práctica del día a día. Las molestias provocadas por los aparatos de aire acondicionado, el golpeante tintineo de los tacones a deshora de la vecina de arriba, el estruendo de una música que supera los decibelios permitidos por la ordenanza municipal o el tono excesivo de la voz de los compañeros de rellano son sólo algunas de las fuentes de ruido que suscitan las quejas.

«Es rara la semana que no tenemos dos quejas por perros en pisos», apunta Caballero. «Lo que pasa es que cuando están los propietarios en casa los animales no hacen ruido, ni ladran. Pero cuando se quedan solos se ponen a llorar y a arañar las puertas», ilustra el Presidente del Colegio Territorial de Administradores de Fincas de Extremadura. «Y eso sí que molesta».

Juan Carlos Hidalgo aporta otra de las fuentes de ruido más molestas en la capital cacereña: las fiestas nocturnas en los pisos. Y concreta: las fiestas de estudiantes. «Lo tengo comprobado. En el cuarto trimestre del año se elevan las quejas por molestias de fiestas en pisos. Y es que coincide con la llegada de la comunidad universitaria a Cáceres y con los meses en que todavía no estudian. Obedece a sus patrones de conducta», asegura el administrador de fincas.

Las terrazas de verano en la calle, las salidas de humo, los ascensores... contribuyen a dibujar el panorama de ruidos que azotan a las viviendas y a sus ocupantes y a los que profesionales como Juan Pedro Lancho tratan de poner tierra de por medio. Es el gerente de la firma Especialistas en aislamiento y ha observado el cambio de la tendencia sufrido por el mercado.

Hasta hace unos años las empresas dedicadas a la instalación de aislamientos acústicos trabajaban casi exclusivamente en locales hosteleros y comerciales. Pero últimamente han visto incrementada su cartera de clientes con la incorporación de particulares hartos de soportar los ruidos del vecino. O los de la calle.

«Cuando recurren a nosotros es porque están desesperados y porque el plazo de garantía de la empresa constructora ya ha expirado. Suelen ser viviendas con más de diez años de antigüedad. Lo lógico es que la promotora cuide la insonorización del inmueble, pero el problema es que todas las pruebas las hacen en laboratorio», describe el especialista en aislamientos acústicos.

Juan Pedro ha aislado viviendas de inquilinos que no podían soportar el volumen de la tele de su vecino, ni el ruido del ascensor, ni las notas graves del piano del músico del 4º A.

Al recordar el caso del piano, Juan Pedro comenta que experiencias similares han llegado a los tribunales. Y no le falta razón.

En Bilbao, por ejemplo, un matrimonio fue indemnizado por las molestias que les causaba el nieto de unos vecinos cada vez que tocaba el piano. El proceso judicial duró casi un año y se saldó con el reconocimiento de los daños morales que sufrían los demandantes. El Juzgado de Primera Instancia número 10 de Bilbao fijó una compensación económica de 4.500 euros.

Pero no hace falta irse hasta Bilbao para encontrar resoluciones judiciales relacionadas con problemas de ruidos entre vecinos. También las hay en Cáceres.

En los tribunales

La Audiencia Provincial de Cáceres confirmó en septiembre del 2002 una curiosa sentencia emitida por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Cáceres, que condenaba a un matrimonio del polígono de Cabezarrubia a dejar de hacer ruidos molestos y a pagar seis euros por cada día que habían incordiado a sus vecinos de abajo.

Según los vecinos del cuarto piso, durante un año y medio tuvieron que aguantar a unos insoportables inquilinos en la planta superior que les molestaban al arrastrar muebles pesados, al poner a todo volumen el televisión y la radio, al golpear el suelo... Al final, los dos tribunales dieron la razón a los del cuarto y condenaron a los del quinto.

Pero la cosa no fue fácil. Los vecinos del cuarto llegaron a contratar a un detective privado que se instaló durante varios días en su casa para comprobar que los ruidos eran verdaderamente molestos. Y así fue. El informe del detective aseguraba que los ruidos eran crispantes y que todos surgían de piso superior.

Además de pagar seis euros por cada día de molestias, el matrimonio del quinto fue condenado a pagar los honorarios del detective privado. Según el juez, el informe del detective «resultó ser una de las pruebas fundamentales y necesarias para acreditar los insoportables ruidos».

Cuenta Juan Pedro Lancho que la práctica más frecuente en Cáceres es aislar sólo una habitación de la vivienda. Y no toda la casa, por su elevado coste. El precio del metro cuadrado se paga a treinta euros, de media. «La normativa acústica en España es muy pobre», apunta el especialista en aislamientos acústicos.

Otros problemas

Pero no sólo de ruidos se alimentan las quejas vecinales. En el bloque de Marcela Molano la principal preocupación de sus inquilinos, hoy por hoy, tiene que ver con la antena del televisor. Llamaron al técnico para sintonizar los nuevos canales. Les pasó la factura. Y la tele sólo se ve a medias. «Si en quince días no nos arregla la antena, le llevaremos al juzgado», relata Marcela.

A Jorge Luis García le toca hacer de intermediario entre sus compañeros de portal. Es el presidente de su comunidad, en la avenida Isabel de Moctezuma. Dice que lo que más le trae de cabeza son las averías localizadas en la tubería general.

Juan Carlos Hidalgo advierte que para administrar los «microcosmos» vecinales se requiere «mucha mano izquierda y algo de psicología». En verano la actividad de las administraciones de fincas se relaja. Tanto que Juan Carlos comenta, en broma, «que en agosto parece que hasta las tuberías se van de vacaciones».

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