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Gijón, 21/07/06

Vecinos contra burocracia

Dos comunidades de vecinos de la calle del Marqués de San Esteban pleitean para acabar con el ruido
A. P.

Vecinos contra burocracia. Ejemplos habrá muchos. Batallas legales de comunidades enteras que luchan por su tranquilidad, por acabar con los ruidos, la música y las vibraciones en sus casas, sobre todo por las noches. Han tenido mala fortuna. Un disco-bar les ha caído en suerte y ahí empieza su calvario. En general, se empieza por solicitar mediciones a la Policía Local. Se supone que, una vez que la autoridad comprueba que se sobrepasa, con mucho, el límite de ruido permitido, vendrán las sanciones y el cierre del local. Grave error. La batalla sólo acaba de empezar y, en el mejor de los casos, puede tardar años en terminar.

Sólo un ejemplo. Los vecinos de la comunidad de propietarios de la calle del Marqués de San Esteban, número 23, llevan años denunciando ante el Ayuntamiento diferentes irregularidades en el pub Buddha. La gota que colma el vaso se produjo el 23 de marzo pasado, cuando el Ayuntamiento les notifica la intención del establecimiento «solicitante en su día de licencia de apertura», de convertirse en café-teatro. Presentan todo tipo de alegaciones, a la vez que tratan de enterarse si el pub tiene licencia de apertura, todo ello con entrevistas y con continuos escritos.

Notificaciones

No consiguen ni una respuesta, ni una contestación. Eso sí, meses después de la mencionada notificación municipal, entonces firmada por el jefe de negociado, Octavio Gutiérrez Blanco, reciben otra exactamente igual, con el número de expediente tachado, firmada por la concejala Dulce Gallego.

Los vecinos no lo acaban de entender. Luego, el 19 de junio, una resolución de la Alcaldía admite que el local no tiene licencia e insta a su cierre en el plazo de quince días. Han pasado, en ese momento, más de tres años desde su apertura. Pero ni con esas. El pub no se cierra y los vecinos remiten sendas comunicaciones a la Policía Local y a Disciplina Urbanística para que se ejecute la orden de la Alcadía. No hay contestación. Un buro-fax a la concejala de Medio Ambiente tampoco surte efecto. Ya no saben a quién tienen que acudir, simplemente, insisten, para que se cumpla la ley.

Pero hay otros muchos casos. En la misma calle, muy cerca del pub anterior, un vecino presentó en un año dieciséis denuncias documentadas por la Policía Local contra otro bar musical. Por lo que parece, las sanciones han sido importantes, se habla de 73.000 euros en un solo año, pero eso sólo supone entrar dinero en las arcas municipales ya que el bar sigue abierto y el vecino y su familia, que se toman las molestias, continúan sin poder dormir.

Ambos se consideran víctimas de la «flexibilidad» municipal.

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