Zaragoza, 26/02/06 La noche se vuelve ´light´La entrada en vigor de la ley de bares ha transformado la noche zaragozana EL PERIODICO peregrina por la madrugada festiva del Jueves Lardero para conocer la nueva realidad en una zona como el Casco ViejoJORGE HERAS PASTORAlgo ha cambiado en la movida zaragozana. Tras un mes de la puesta en marcha de la ley de espectáculos públicos, son muchos los síntomas que denotan nuevos aires, algo más ligeros, en las veladas festivas de la capital, a causa sobre todo de las horas de cierre. EL PERIODICO ha querido conocer de primera mano la realidad de la noche maña y las repercusiones de la nueva normativa. Para ello, hemos peregrinado por la madrugada del Jueves Lardero en la conocida zona de marcha del Casco Viejo. Tras recorrer varios parques de la ciudad, donde reposan los restos de varios botellones , entramos al primer garito (1.30 horas). Se trata de una noche identificada con las juergas universitarias, sin embargo, y a pesar de que la mayoría ha finalizado exámenes, los bares se encuentran bastante vacíos. "Desde que cerramos antes, hay mucha gente que prefiere quedarse por su barrio y no salir", comenta el encargado de uno de ellos. Pasadas las dos de la madrugadas, visitamos varios locales y, aunque con más gente, casi ninguno alcanza el medio lleno. "Aquí se acostumbra a salir tarde, a partir de las dos por lo menos, pero ahora casi no hay tiempo para tomarse más de dos copas", apunta un cliente habitual del Casco. Y parece tener razón. Dentro de hora y media todo debería estar cerrado --a las 3.30-- y es precisamente en la franja de tiempo que resta cuando más trasnochadores se concitan. Las agujas del reloj sobrepasan el primer cuarto de su esfera: ya no se sirven bebidas, se acerca el momento de chapar . La música pachanguera da paso a los temas reposados y en algunos se anuncia a golpe de campana la oportunidad de una última ronda. "No me pego el día trabajando para que luego me jodan la noche", dice indignado un joven de 25 años que se queda sin su copa final. La ley se cumple y al vaciado de bares le sigue el alborozo en la calle. En la del Temple, un grupo la arma al grito de "alcohol, alcohol, alcohol", mientras uno de ellos se reboza en el suelo. "En Cáceres pasó lo mismo, de repente todo cerraba antes y hubo muchos follones, pero al final todo el mundo se acostumbró", explican dos extremeños que se encuentran en Zaragoza por motivos de trabajo. Sergio y Edu, de 20 y 21 años, echan en falta lo de estar en el Casco hasta las seis, "y a veces hasta el amanecer", añaden. Para Giovani, un erasmus italiano, el cambio horario "es malo para la tradición de la fiesta en España". Nostalgía o alivio Para sorpresa de todos, algunos bares no bajan la persiana y siguen hasta las cinco. "Por ser Carnaval, el ayuntamiento ha hecho un decreto que permite cerrar dos horas más tarde", aclara un empleado de seguridad, quien augura el fin de muchos negocios de la zona. "No aguantarán el bajón y se perderán muchos trabajos". Pero la metamorfosis festiva apunta en más direcciones. Por ejemplo, se acabó lo del vaso de plástico para salir de un bar con bebida. Así, nos encontramos con dos jóvenes que esperan en el vestíbulo de un bar para agotar sus combinados. También comprobamos como las edades salen a relucir más que nunca. Una joven nos confiesa que tiene 17 años, a renglón seguido, el de seguridad --que anda cerca-- le retira el cubata. "Pedimos más carnés que antes, hay que andar con ojo", señala un camarero. Con los discobares ya finiquitado, le toca el turno a los pocas discotecas que hay en la zona. Colas de media hora, entradas de no menos de seis euros... Desde luego, nada es lo mismo con la nueva medida autonómica. Y frente a la nostalgia y resistencia de los jóvenes, el alivio de los vecinos, que confían en que no cunda la máxima del hecha la ley, hecha la trampa .
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