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Barcelona, 22/02/06

Ruido criminal

  • El fiscal pide cinco años de cárcel para el dueño de un restaurante de Gràcia por causar molestias acústicas [Ver sentencia de la AP Barcelona de 20/3/2006]
  • "Hay que vivirlo", repite un vecino insomne ante el tribunal
  • MONTSE MARTÍNEZ
    Dionisio Mestre En el banquillo El dueño del local, Dionisio Mestre (en primer término), junto al socio que no fue acusado

    Algunos días optaba por marcharse de su propia casa un buen rato. Otras, la situación podía con ella y bajaba en pijama a implorar consideración.

    Manuela Mañoso, vecina del piso 1° 2ª del número 80 de la calle de Antoni Maria Claret de Barcelona, recuerda con especial desazón el día en que se celebraba una cena de grupo en el restaurante de debajo de su casa y, como acostumbraba a suceder, el festejo discurría en el espacioso altillo del local. Hablaron, gritaron, cantaron y, como colofón, jalearon al encargado --"¡El Goyo, el Goyo, el Goyo es cojonudo...!", recordaba ayer la testigo ante los jueces--. Cuando se fueron, --no recuerda si aquel día se trataba de una coral o una despedida de soltero--, eran bien pasadas las dos de la madrugada.

    Pero lejos de llegar el silencio, llegaron los esfuerzos rápidos y poco cuidadosos de los empleados para devolver a su orden habitual las mesas y las sillas. Como colofón, pasadas las tres de la madrugada, una ristra de persianazos metálicos. A la mañana siguiente, domingo, cuando faltaba un cuarto de hora para las nueve de la mañana, volvieron a sonar las persianas y Elvis Presley resucitó a todo volumen. Días después, Manuela, profesora, pedía hora en el psiquiatra.

    Es uno de los testimonios que se escucharon ayer en el juicio que se celebró contra el dueño del bar restaurante El Portet, situado en los bajos del número 394 de la calle de Sicília de Barcelona, esquina con Antoni Maria Claret, en Gràcia. En el banquillo se sentó Dionisio Mestre, que se enfrenta a una petición de pena de cinco años de prisión por un delito contra la salud pública y el medio ambiente por las molestias por ruidos causadas a los vecinos durante los años 2003 y 2004.

    Acusación retirada

    Es la petición de pena de prisión más alta que se solicita para un bar restaurante en Catalunya por irregularidades acústicas. El fiscal especial de medio ambiente, José Joaquín Pérez de Gregorio, que pide también cuatro años de inhabilitación para regentar negocios de restauración, solicita además una multa de 36.000 euros (seis millones de pesetas) e indemnizaciones por daños y perjuicios para los tres principales vecinos afectados que ascienden a un total de 26.000 euros (4,3 millones de pesetas).

    Inicialmente, la acusación particular, que pide un año menos de prisión que el fiscal, cuatro años, también acusaba al socio de Mestres en el negocio pero, finalmente, Julián Martínez vio ayer cómo la acusación contra él se retiraba. La defensa pide la absolución para el acusado.

    El dueño del restaurante El Portet se hizo cargo del local en junio del año 2003. El historial legal del local es un cruce constante de órdenes de cese de actividad cursadas por el ayuntamiento y contestaciones del dueño del local comunicando que las deficiencias se estaban subsanando. "He estado haciendo obras en función de lo que me iba pidiendo el ayuntamiento por valor de 30.000 euros (cinco millones de pesetas)" , alegó Dionisio Mestre, que en un momento de la declaración llegó a decir: "Igual que a mí me gusta dormir tranquilo, también lo quiero para los demás" .

    Hoy, con el restaurante todavía en marcha pero con horas de cierre que no superan las 11 de la noche, el local sigue sin tener licencia definitiva de actividad.

    Tras tres órdenes de cierre, debidamente alegadas, llegó orden de precinto que el dueño tampoco cumplió. "Un negocio de hostelería cuesta mucho de levantar y no lo quería cerrar", dijo el acusado. E insistió en que él estaba acondicionando el local tal y como le pedía la autoridad municipal. Pero el fiscal afirmó que en una de las ocasiones en las que se personaron los técnicos del ayuntamiento para llevar a cabo el precinto, fueron amenazados por personal del local con recibir "un palo en la cabeza" .

    El testimonio inicial de Manuela terminó de una forma desgarradora: "Lo único que pido es poder vivir en mi casa", pareció suplicar. Pero si su testimonio fue impactante, había que oír el de su marido.

    Insomnio persistente

    Jerónimo Segura, marido de Manuela, explicó que las persianas eran el colofón. Pero, además, destacó el ruido de mesas y sillas, del montacargas, de la vajilla, los gritos... "Hay que vivirlo" , le repetía al tribunal para, a renglón seguido, destacar: "El ruido final de la persiana se me metía dentro. Cuando me iba a la cama, esperaba sin poder dormir hasta que sonara" . Detalló también cómo los nervios le tomaban el estómago. Entonces se sentía "capaz de todo" .

    El problema, más o menos, se ha solucionado, pero el insomnio persiste. La diligencia, o no, del ayuntamiento durante este tiempo es una cuestión que ayer no se dilucidaba en el juicio pero que fue criticada duramente por el fiscal de medio ambiente.

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