Sevilla, 17/02/06 La mañana «post-botellón»El «macrobotellón» de Reina Mercedes tuvo como resultado unos 5.625 kilos de basura, además de una nuevo enfado e indignación de los vecinos, de los que algunos se vieron obligados a retirar restos de orina y excrementos del interior de sus portalesELENA MARTOS
Los comerciantes y residentes de Reina Mercedes volvieron a sufrir los efectos de los ya conocidos «macrobotellones» en la avenida Reina Mercedes. Los vecinos de algunos bloques se veían obligados ayer a retirar de las fachadas de sus edificios restos de basura y orina que no habían sido retirados por Lipasam. En esta ocasión, se han recogido más de cinco toneladas y media de basura, que se concentraban sobre todo en la vía principal y en las aledañas Tarfia, Profesor García González y Salmedina. Los afectados de estas concentraciones, a parte de «una gran cantidad de jóvenes que poco a poco terminan por convertirse en alcohólicos», son los propios vecinos, como Manuel Fernández, que al levantarse se encontró en el portal de su edificio restos de orina y excrementos, que según la empresa municipal de limpieza «no estaba autorizada a retirarlos porque estaba dentro de una propiedad privada», como explicó a ABC este afectado. Por otro lado, los edificios que disponen de porteros físicos corrieron mejor suerte. «La puerta suele estar siempre abierta, pero cuando se convoca a tantos jóvenes para beber la cierro y estoy más alerta» explicó Julio Pulido, encargado de la portería de uno de los bloques de la avenida Reina Mercedes. Este conserje opinó que a parte de algunos negocios que venden bebidas alcohólicas, el resto de comercios están muy indignados con este problema «para el que no existe una intención clara de ponerle remedio». Unos metros más adelante se encuentran varios de los pequeños negocios de mercería, copistería y moda, que en la tarde del jueves decidieron echar el cierre tres horas antes de que terminara su jornada. Más que de una protesta se trataba de «una medida preventiva por si los jóvenes se trasladaran a los soportales de la avenida ante la amenaza de lluvia», dijo María Dolores Soto, dependienta de la tienda Janabel. Soto se mostró especialmente indignada con Lipasam, que «nos cobra unos impuestos altísimos -según explicó- y luego no pide un euro a nadie por la limpieza de toneladas de basura que dejan en las calles». Además de lamentarse de las pérdidas que ocasionan estos botellones «cuando es necesario cerrar por seguridad». De la misma manera, los bares y cafeterías también tienen sus métodos para evitar que la suciedad y el ruido se traslade al interior de los locales. En todos se podía ver colgado el jueves pasado el cartel de «baño averiado» para evitar que lo colapsen. «Son sobre todo chicas las que entran para usar el aseo», reconoció A. R. G., camarero de uno de los locales de la zona. quién aseguró que esto se llevan haciendo desde hace bastantes meses y está dando buenos resultados, aunque «a los clientes se les deja entrar y se les advierte por qué se pone ese aviso».
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