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Valladolid, 13/02/06

Vecinos de Pedrajas denuncian a una fábrica de patatas por un posible delito ecológico

La demanda incluye al alcalde como imputado por el nulo interés mostrado ante las continuas quejas
Fabrica de patatas fritas La parte trasera de los chalés junto a la chimenea por donde salen los humos de la fritura de las patatas fritas

Vecinos de una urbanización situada en Pedrajas de San Esteban han presentado una denuncia contra el empresario Saturio B. B., propietario de una fábrica de patatas fritas, por si la actividad de la misma fuera constitutiva de un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente, debido a que después de cuatro años la chimenea de la factoría sigue contaminando con ruido y olores el entorno y ennegreciendo con su grasa las fachadas de los chalés contiguos.

La denuncia, que ha sido admitida a trámite por el Juzgado de Instrucción número 1, ha sido presentada por siete vecinos y en ella se incluye también como imputados al alcalde de la villa, el popular José Luis Sanz Sanz, y al jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente, Mariano Monsalve Delgado, según informaron a Europa Press fuentes del caso.

Los firmantes de la denuncia se han visto obligados a acudir a la vía penal debido al «nulo interés» mostrado por las administraciones, en especial el Ayuntamiento pedrajero, sobre las continuas quejas que vienen presentando desde que sus viviendas, construidas con la preceptiva licencia obtenida el 17 de diciembre de 1999, comenzaran a sufrir los efectos de la actividad industrial, cuya licencia de apertura fue otorgada por el Consistorio en octubre del 2000.

Desde entonces, según explicó Víctor R. S., uno de los vecinos afectados, la vida de las familias que ocupan los chalés contiguos a la factoría se ha visto notablemente alterada, hasta el punto de tener que «convivir a diario con olores a fritanga irrespirables» en un radio de 800 metros, ruidos que superan tanto en horario nocturno y diurno los límites legales establecidos -la empresa Novotec ha medido 66,8 decibelios, frente al límite máximo de 45- y los progresivos daños causados en las fachadas de las viviendas.

De hecho, Víctor R. S. aseguró que los tejados, de color rojo cuando fueron entregadas, se encuentran hoy totalmente negros y las antenas «chorrean grasa». «No podemos abrir las ventanas, porque se nos mete en casa toda la grasa que echa la fábrica», explicó el afectado, quien añadió que incluso la ropa lavada la tienen que colgar en un pinar cercano.

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