San Sebastián, 13/02/06 El txotx pasa factura en HernaniEl Ayuntamiento de la localidad promueve una campaña en colaboración con los hosteleros para impedir que los clientes que salen de las sidrerías produzcan ruidoMIKEL SORO
«Se trata de conciliar los intereses de los vecinos y de los hosteleros». La frase podría servir para todos los municipios guipuzcoanos en los que el ambiente nocturno altera o rompe el descanso de los habitantes de un barrio. Esta vez se trata de profundizar aún más en la mentalización de quienes acaban de salir de la sidrería y van a tomarse el café y lo que caiga en los céntricos bares de Hernani y Astigarraga. El argumento en boca de Andoni Amondarain, concejal de Servicios del Ayuntamiento hernaniarra, está refrendado por la campaña en la que se recuerda, a través de los carteles difundidos y visibles por todos lados, que los aficionados a las sidrerías de Hernani son bienvenidos pero que en la calle, sobre todo en Nagusia y Kardaberaz, deben guardar el silencio que necesitan los vecinos para conciliar el sueño. El éxito de la temporada de sidrerías generó, hace una década, clientes que asociaban la juerga al rito del txotx. Los sidreros de ambos municipios, donde se concentra la mayor oferta de sagardotegis de Euskadi, comenzaron pidiendo calma y recomendando tranquilidad a su clientela a través de llamamientos y propaganda. Muchos les atendieron y otros, todavía no. La actual campaña lanzada por la Comisión del Txotx hernaniarra lleva el eslogan Txotxean eginda Hernanira, baina kalean... ¿ssshhh! «La fiesta que sea en el interior de los bares y de las sidrerías. Eso es lo que promovemos básicamente», recalca Amondarain. En Hernani, la bulla nocturna amenazaba esencialmente al Casco histórico. Las quejas vecinales llegaron hasta el Ayuntamiento, que acabó interviniendo. «Hace por lo menos seis años el alcalde tomó la iniciativa de crear la Mesa del Txotx que estudiase las soluciones para las quejas de los hernaniarras afectados por el ruido de la calle y las sugerencias del sector de la hostelería, que es muy importante». Con el Ayuntamiento como entidad neutral, vecinos y hosteleros llegaron a pactos que se han ido oficializando y hoy se puede decir que las molestias son las menos, aunque se sigue recordando cada temporada de sidrería las reivindicaciones de los vecinos afectados por los ruidos de sus calles: «Que haya menos bulla, no molestar con los coches o no tirar botellas o vasos en las aceras», recuerda el edil hernaniarra. Se puede mejorar Los hosteleros hernaniarras reconocieron, según Amondarain, que «las cosas se podían mejorar y que cada año se debatiese la situación. Se sustituyeron un año los vasos de cristal por los de plástico. No resultó tan complicado para el Ayuntamiento, porque aunque las calles estaban más sucias de madrugada ya no había peligro de cortarse con cristales», detalla Amondarain. Mikel Karmona, uno de los dueños del popular bar La Bodega hernaniarra y miembro de la Comisión del Txotx, argumenta que «la clientela del txotx es riqueza para Hernani y también para nosotros, los hosteleros. Pero todos nos consideran el culo de la fiesta. Si hay ruido nos piden cuentas a los bares. Sin embargo somos los que más hacemos para minimizar las molestias». Pone de ejemplo las dobles puertas y acristalamientos que están realizando los más de 30 bares de las calles Nagusia y Kardaberaz, en el casco histórico; el respeto tajante de los horarios y la sustitución de vasos de cristal por los de plástico. «Pero siempre hay alguno entre cincuenta que se quiere hacer notar y habla alto o mete ruido». Por su parte, el propio Ayuntamiento también impuso sus peticiones: dejar dormir a los vecinos del casco histórico, poner doble acristalamiento en los bares y respetar los horarios de cierre. A cambio, aportaron más policía municipal vigilando a esas horas y más dispositivos de limpieza los sábados y domingos por la mañana. «Pero conseguimos que cada año se logre un paso más en beneficio de todos. Que se dé una nueva vuelta de rosca». La perspectiva ante las nuevas temporadas sidreras es «de mejorar, porque si no los vecinos del casco pondrán nuevas pegas. Son gente que presenta exigencias duras, pero razonables», recalca el concejal. Los hosteleros hernaniarras llevan su responsabilidad con la campaña de silencio en la calle, «dando un toque» a algunos clientes. Incluso la misma gente del pueblo llama la atención a quien mete ruido, orina en la acera o da patadas a los portales. «Se les dice que disfruten pero se les pide que no hagan lo que no harían delante del portal de sus casas», explica Karmona. Tolerancia a los vecinos A los vecinos les piden, por favor, que en esta época del txotx sean tolerantes porque los hosteleros lo que hacen es trabajar y procurar que no se produzcan molestias por las noches. «Cada año, desde hace diez, vamos dando más pasos para conseguir la mayor tranquilidad por la noche. El 95% de la gente que viene a tomar un vino antes de ir a la sidrería o después respetan el descanso de la gente. A esa minoría es a la que procuramos convencer de que no hagan el gamberro». La presencia de clientes de sidrería en el casco urbano hernaniarra es considerable, lo que redunda en beneficios económicos a la comunidad. Amondarain calcula que cada viernes acuden unas mil personas, que ascienden a 1.500 los sábados por la noche. «Y si hay algo potente ese sábado, podemos llegar a tener unas 3.000 personas alternando por los bares de Hernani», matiza. El Ayuntamiento no ha escatimado esfuerzos para facilitar el acceso de los clientes a las sidrerías, disponiendo de autobuses que hacen la ruta de las sidrerías saliendo desde el centro de Hernani a las 20.30 horas, 21.00 y 21.30 horas, hasta la sidrería Elorrabi, la más alejada, y regreso a las 23.00, 23.30 y 24 horas desde esta misma sidrería, los jueves, viernes y sábados. Antton, del bar Ikatza, de Astigarraga: «Los hosteleros pedimos silencio a los clientes ruidosos» Antton es el dueño del bar más popular y ambientado de Astigarraga, Ikatza. Es también representante del sector del municipio sidrero en la Asociación de Hostelería de Gipuzkoa. No esquiva su responsabilidad en su otra función de aplacar los ánimos más eufóricos de sus clientes. «Poco podemos hacer para evitar que haya ruido en las calles, pero lo poco que podemos, lo hacemos. Primero intentamos poner orden dentro del bar. Vienen cuadrillas de diez o veinte y siempre hay alguno que se pasa de ruidoso. Les advertimos a sus amigos que le digan que deje de gritar y muchas veces lo conseguimos». Cuando llegan autobuses o microbuses, popularizados desde hace unos años para evitar sanciones por conducir con alcohol en la sangre, hablan con los conductores. «Muchos ya lo saben, pero a los nuevos les avisamos que si han quedado a una hora determinada para volver, a las 2 o a las 3, a esa hora estén con las puertas abiertas porque si las ven cerradas, se quedan en la calle hablando o metiendo ruido». En todas las sidrerías, restaurantes y bares han colocado carteles pidiendo silencio cuando se salga a la calle. «Solo es para recordarlo, porque las recomendaciones para que haya silencio por las noches están en todos los lados». Destaca que los hosteleros se llevan bien con el vecindario cercano. «Ellos nos ven silenciando a los que meten ruido o hablan alto más allá de la puerta del bar. Hemos cambiado los vasos de cristal por otros de plástico, muy agradable para el cliente, para que no los rompan contra la acera. Controlamos lo que podemos. Pero en la calle están los policías municipales todas las noches y ellos imponen más que nosotros». Reconoce que en los últimos años «se ha mejorado una barbaridad el problema del ruido nocturno. Lo de hoy no tiene nada que ver con la bulla que se notaba hace ocho y diez años. Venía mucho joven. Ahora el cliente es adulto y no quiere molestar». Una de sus reclamaciones es el horario. «Este año el Gobierno Vasco nos está poniendo trabas para mantener el del año pasado. Me he reunido con el responsable de Juego del Gobierno Vasco y el secretario de la Asociación de Hostelería y queremos pactar que entre semana podamos cerrar a las 2.30 de la madrugada y el fin de semana a las 4. Ellos quieren que cerremos a las 2 y el fin de semana nos dan media hora más. Pero en días laborables ese horario se queda corto y el del fin de semana se hace demasiado largo para todos».
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |