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Madrid, 12/02/06

Detectives: el último recurso de los padres para controlar las «salidas» de sus hijos

Los seguimientos de menores ocupan ya el 15 por ciento de los trabajos que realizan los investigadores privados en España
Marta Borcha

Es jueves por la mañana y Sandra, de 16 años, ya tiene planes para el fin de semana. «El viernes me quedaré en casa estudiando, pero el sábado iremos de botellón y luego a la discoteca», asegura esta adolescente con cara de niña y cuerpo de mujer. «Tengo un medio novio de 21 años y está muy bueno, lo conocí hace unas semanas y el sábado podré pasar toda la noche con él», dice.

Esta menor tiene como hora máxima de llegada a casa las tres de la madrugada, pero la estrategia que emplea Sandra para salirse con la suya no suele fallarle: «Yo digo que voy a dormir con una amiga, y en realidad es verdad, lo que pasa es que llegamos por la mañana porque a ella le dejan volver a la hora que quiera». A pesar de que la venta de tabaco está prohibida a menores, Sandra cultiva este hábito desde hace dos años: «Mi madre sabe que fumo, me pilló un paquete en el bolso, pero no me deja fumar en casa porque mi padre no lo sabe, me partiría la cara, es imposible hablar con él».

Desconocimiento de los padres. El caso de Sandra podría ser el de cualquier adolescente español y, como sus progenitores, son muchos los padres que desconocen por completo qué hacen sus hijos cuando salen por la noche, con quién van, qué beben, y cuál es su comportamiento fuera del hogar. Esta incertidumbre, acunada por las sucesivas estadísticas que revelan el descenso de la edad en el consumo de drogas, la violencia en las aulas y la falta de valores y disciplina de los menores, está produciendo que las agencias de detectives registren un alto porcentaje de casos de seguimientos.

El presidente de la Asociación profesional de detectives privados de España, Julio Gutiez confirma el aumento de este tipo de servicios: «Es lo que demanda la sociedad. Antes solicitaban seguimientos de infidelidad y ahora el control de adolescentes, investigaciones que han aumentado con los años y que ya suponen el quince por ciento de los casos que investigamos. Los informes que cada año mandan los más de dos mil detectives al Ministerio del Interior confirman estos aumentos», añade.

Juan Rojas, al frente de la agencia de detectives de Málaga Unipal, la más antigua de España, fundada en 1963, indica que la tendencia a vigilar las conductas dudosas de los jóvenes «ha evolucionado» en los últimos años: «Recibimos encargos de padres que quieren saber cómo se comportan sus hijos cuando están solos». Los motivos son, según este detective, que la juventud tiene «más libertad» que antes. «Los niños de 16 años llegan a los tres de la madrugada a casa y muchos de ellos borrachos o bajo los efectos de las drogas. Esa libertad se convierte en libertinaje y aparecen los problemas».

La rebeldía de un menor andaluz fue el desencadenante que llevó a los padres a contratar los servicios de Unipal: «Descubrimos que usaba las tarjetas de crédito de sus padres. El chaval empezó a despilfarrar dinero y se hizo muy popular porque montaba fiestas e invitaba a copas a los amigos. Los padres le cerraron el grifo y el chaval desapareció de casa, a la que volvía clandestinamente para dormir en la terraza», cuenta Rojas.

Los detectives privados del Grupo Rausa de Alicante también han notado la creciente demanda de familias cuyos hijos se les escapan de las manos: «Es una cuestión que va en auge y que preocupa a los padres, que ven cambios bruscos de comportamiento en sus hijos y necesitan averiguar qué es lo que pasa». Desde Barcelona, Lisenda Villena, directora de la agencia de detectives Villena, sostiene que el fenómeno no es nuevo, pues «siempre ha habido actividad en este tipo de servicio» y, sobre todo, «desde que la mujer se ha incorporado al mercado laboral». Los casos que llegan a su agencia se presentan cuando la situación es límite: «Los temas llegan calientes, cuando ya ha habido enfrentamientos de hijos con padres y no es posible el diálogo, o éstos han sido detenidos por sus conductas».

La experiencia de esta profesional del «espionaje» le lleva a afirmar que «existe dejadez por parte de las familias en cuanto a querer saber lo que sus hijos hacen. En muchos casos se les da todo lo que quieren y cuando los padres llegan a nosotros, la situación es ya insostenible». El consumo de drogas les lleva a su vez a cometer actos delictivos. «Son conductas que están muy al límite y cuyas repercusiones son más grandes de lo que los chavales piensan y de la que los padres muchas veces no quieren ser conscientes. No son delincuentes, pero si sus actitudes no se controlan acaban pasando por el tribunal de menores», lamenta Villena.

Entre los casos más estremecedores se encuentra el de una adolescente de 16 años a la que, por problemas de conducta, sus padres le retiraron la asignación económica semanal: «Tras vigilarla y seguirla durante días, descubrimos que la menor frecuentaba un bar en el que realizaba felaciones a los clientes a cambio de dinero». Atajar este tipo de problemas es tarea de las familias: «Hay que asumir la responsabilidad de ser padres y crear espacios para poder estar con los hijos. La educación de éstos es un derecho y un deber de los padres y no pueden delegar la responsabilidad ni en el Estado, ni en la escuela».

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