Gijón, 23/01/06 Los hosteleros de la movida consideran «desproporcionado» el control policial y los vecinos aplauden el dispositivoM. MORO
Propietarios de bares y discotecas consideran «totalmente desproporcionado» el dispositivo especial de vigilancia puesto en marcha este fin de semana por el Área de Seguridad Ciudadana para controlar las zonas de movida de la ciudad. En el otro fiel de la balanza se encuentran las asociaciones de vecinos, quienes aplauden la iniciativa de desplegar dotaciones conjuntas de Policía Local y Cuerpo Nacional de Policía, en los puntos más conflictivos de Gijón, como método disuasorio. Esta actuación mixta, tal y como adelantó EL COMERCIO, se saldó en la noche del sábado con la clausura del Mesón Cid, en la calle de La Playa, por un presunto delito de tráfico de drogas. Su propietario, M. E. H., de 39 años y origen marroquí, fue detenido tras encontrar los perros de la unidad canina municipal 30 gramos de hachís. También en el barrio de La Arena fue denunciado un local de la calle de Manso por la presunta venta de alcohol a menores. Además funcionarios del Cuerpo Nacional identificaron a dos menores que protagonizaron un altercado en la calle de Canga Argüelles. La policía, en este caso la Local, también se mostró expeditiva para abortar una pelea entre dos adolescentes en las inmediaciones de una discoteca de La Guía. Ambos jóvenes fueron detenidos por resistencia a la autoridad. Tres discotecas de la ciudad -Tik, Oasis y Otto- fueron inspeccionadas por agentes de incógnito y uniformados. En estas salas se controló el acceso de menores de 16 años, la venta indebida de alcohol y, a partir de ahí, se examinó de forma concienzuda las instalaciones. Los propietarios de estos locales de moda están de acuerdo con la presencia policial cerca de sus establecimientos, pero coinciden en que lo de este fin de semana «fue excesivo». Quilo Estrada, uno de los socios propietarios del Tik, opina que la concentración de furgones de policía del sábado en torno a la discoteca fue «propia de un estado de sitio». El veterano empresario hostelero no entiende que «para controlar a chavales de entre 17 y 20 años se monte el mismo despliegue que para mineros fornidos que están quemando neumáticos». «Si tienen a los geos vigilando una discoteca, ¿qué va a ser lo próximo, traer a la Legión?», se pregunta Estrada, quien espera que para la fiesta de despedida del próximo sábado las cosas se suavicen. Para Daniel Rodríguez, relaciones públicas de El Oasis, este incremento de la presencia policial en la zonas de la movida gijonesa «es un lavado de imagen» tras la agresión de que fue objeto un conductor de autobús hace una semana. «Lo de este sábado no sé bien a qué vino. Cuando quisimos darnos cuenta teníamos 18 personas entre policías secretas y uniformados dentro -todos ellos, eso sí, muy educados- que nos pedían todo tipo de papeles», comenta este joven, que dice que se formó un gran revuelo entre los chavales y los padres que se acercaron allí a recogerlos. Javier Sarmiento, dueño de la discoteca Otto, critica que con este tipo controles «no se mira a todos los hosteleros con el mismo rasero» y pone como ejemplo el caso de los establecimientos con licencia de café-teatro, que se benefician de las ventajas de las discotecas, y se libran de estas «incómodas inspecciones». Los hosteleros del barrio de La Arena también se quedaron muy sorprendidos al ver por primera vez furgones antidisturbios frente sus locales. «Esto es todo una maniobra política, porque sólo sacan policía a la calle después de que pasa algo», se queja David Montes, propietario del Player's. En el extremo contrario se sitúan las opiniones vecinales. El presidente de la Asociación de Vecinos de La Arena, Emilio Parajón, valora el esfuerzo del Área de Seguridad Ciudadana para actuar contra «el desmadre que vivimos por la ausencia de valores entre los jóvenes y la falta de escrúpulos entre una minoría de hosteleros». «Estamos muy custodiados y los agentes se entregan a fondo en su cometido de vigilancia», afirma. El directivo vecinal de La Guía, Paulino Tuñón, también considera «muy acertadas» las medidas represivas y disuasorias aplicadas durante el pasado fin de semana. «No existe animadversión contra ningún local, sólo el deseo de que no se trasladen los brotes de violencia al barrio. Y a falta de valores y educación la presencia policial es la única forma que hay de apaciguar a quienes no tienen respeto a nada», asegura Tuñón.
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