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Sevilla, 31/12/06
REPORTAJE La regulación del ocio juvenil

Los alcaldes suspenden la ley 'antibotellón' y plantean que los "botellódromos" incluyan ofertas de ocio

Los responsables municipales de Sevilla, Córdoba y Cádiz creen "insuficiente" la norma

F. PÉREZ MONGUIÓ
Teófila Martínez, Alfredo Sánchez Monteseirín y Rosa Aguilar
Teófila Martínez, Alfredo Sánchez Monteseirín y Rosa Aguilar - PABLO JULIÁ
La conocida ley antibotellón entró en vigor a principios de diciembre, semanas después de que la aprobara el Parlamento andaluz con los únicos votos a favor del PSOE. Tres alcaldes de capitales de provincia debaten a iniciativa de EL PAÍS sobre esta discutida norma.

La conocida ley antibotellón entró en vigor a principios de diciembre, semanas después de que la aprobara el Parlamento andaluz con los únicos votos a favor del PSOE. Tres alcaldes de capitales de provincia -Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE), regidor de Sevilla; Teófila Martínez (PP), alcaldesa de Cádiz; Rosa Aguilar (IU), primera edil de Córdoba- debaten a iniciativa de EL PAÍS sobre esta discutida norma. Todos coincidieron en destacar las "numerosas" carencias de esta ley.

Pregunta. ¿Cómo valoran la ley antibotellón?

Alfredo Sánchez Monteseirín. Esta ley es consecuencia de una demanda de los vecinos que querían que se hiciera más de lo que se estaba haciendo, que no era poco, por parte de los ayuntamientos y, por tanto, una demanda de los propios alcaldes en atención a los que nos decían los policías locales para tener mejores instrumentos para poder afrontar este fenómeno. La ley es una respuesta a una demanda que viene de abajo a arriba, y no al revés.

Rosa Aguilar. Mi impresión es totalmente distinta porque creo que se ha perdido una oportunidad. Necesitábamos una ley que regulara una realidad desde un punto de vista no sancionador y coercitivo, sino que diera respuesta a lo que necesitamos los alcaldes: conjugar derechos, de los vecinos al descanso y de los jóvenes al ocio. Desde esa perspectiva se ha perdido una oportunidad para hacer una ley de consenso, en el que participaran activamente los ayuntamientos y los vecinos y jóvenes vieran reflejada su voz. Sin embargo, tenemos una ley con 12 de sus 16 artículos de contenido sancionador. Es pasarnos la pelota a los ayuntamientos sin más, dejarnos el problema en nuestras manos y decirnos: apañárosla como podáis y sancionar.

Teófila Martínez: "La ley frustra muchas expectativas de los alcaldes"
Sánchez Monteseirín: "Es hipócrita pretender que la ley resuelva este fenómeno"
Rosa Aguilar: "Es una oportunidad perdida. Nos transfieren el problema sin recursos"

Teófila Martínez. Es una ley que, con el tiempo, va a demostrar que va a frustrar muchas expectativas de los alcaldes. Es un parche porque no regula ni trata ni afronta este fenómeno de manera integral. Es como querer solucionar un problema de gran envergadura con determinados parches. Lo más llamativo de esta ley es la exposición de motivos, ahí os quedáis, os damos una ley para que los ayuntamientos tengáis la posibilidad de sancionar, pero absolutamente nada más. Así, con esta ley, seguimos en la hipocresía ante un fenómeno que hay que regular de manera integral. No va a tener la incidencia que debería haber tenido.

R. A. Como casi siempre, nos transfieren los problemas pero nunca los recursos y los dineros.

A. S. M. En eso estoy de acuerdo. El legislador lo que hace es poner sobre las espaldas de los ayuntamientos una serie de responsabilidades ante este fenómeno, que no son las más propias de los ayuntamientos, como son las sancionadoras. A los municipios les corresponde más la labor educativa, cultural, preventiva y mucho menos la represión de los efectos indebidos. Con todo, tampoco podemos pretender que la ley resuelva este fenómeno como problema. Eso sí sería hipócrita. Hay muchos aspectos que la ley no regula y que debiera hacer la propia sociedad en su conjunto. Como alcalde, padre y médico, no me conformo únicamente con que el fenómeno no moleste, sino que se analice lo dañino que es el consumo masivo de alcohol. La ley no ha pretendido esa perspectiva integral.

R. A. La ley tiene otro fondo que no me gusta nada: desconfía totalmente de los jóvenes. Yo confío en ellos y hoy hay una cultura de diversión que genera problemas que la ley no la aborda de manera global, no es un instrumento válido si sólo va a sancionar una conducta. La Junta ha querido quitarse un problema de encima para que los ayuntamientos sancionemos a los jóvenes de nuestras propias ciudades. En este sentido, esta ley es una equivocación. Me preocupa que los jóvenes beban un montón, tomen otras sustancias y que los municipios tengan recursos. La ley no puede regular al cien por cien, pero debe ser un instrumento útil y éste no es el caso.

T. M. No hubiera costado nada después de tanto tiempo haber contemplado algunos aspectos más. No era suficiente buscar el equilibrio entre el ocio y el descanso. Entonces, ¿no nos preocupa nada que entre dos jóvenes de 16 años se tomen una media de una botella de whisky, ron o ginebra? ¿No nos preocupan los actos violentos de unos pocos? Estamos en un diálogo de sordos.

A. S. M. Tal y como se planteó la ley, busca conjugar ocio y descanso. Quiero ser pragmático y creo que nosotros hemos solucionado en parte este asunto. La mayoría de los jóvenes han entendido la ley, pueden divertirse pero sin molestar al vecindario. ¿Ahí se acaba el asunto? Evidentemente no.

R. A. Ésta no es la ley que nosotros pedíamos. Era mucho más ambiciosa. Integral con todas las manifestaciones del fenómeno. Queríamos dar respuesta más allá de un lugar donde aparcar a los jóvenes en el espacio. Los jóvenes no son el problema. Con ellos debemos construir las respuestas con la participación de todas las administraciones. La sanción no es la solución. Puntualmente, hay que sancionar a personas que puedan violentar la convivencia, pero la respuesta debe ser integral para nuestros jóvenes, que son nuestros y no llegados en naves espaciales.

T. M. Esta claro que necesitábamos una respuesta integral. Y no esta ley, que ni siquiera articula la colaboración obligatoria y necesaria de la Junta. La financiación no puede estar en el aire.

Los regidores plantean que los 'botellódromos' incluyan ofertas de ocio para convertirse en una alternativa

Los alcaldes coincidieron en mostrar una especial y común preocupación por los problemas que pueden generar los conocidos botellódromos, las únicas zonas donde los jóvenes podrán concentrarse para consumir alcohol.

R. A. Los botellódromos tienen que ser espacios abiertos y de amplia seguridad. Así, me preocupa que el consejero de la Presidencia diga que sean los empresarios los que gestionen los botellódromos. Me parece una cosa cuando menos preocupante. ¿Qué van a ser? ¿Espacios abiertos donde los jóvenes pueden estar para no molestar a los vecinos, pero en los que hay que garantizar unos servicios, una seguridad y unos recursos que la ley dice que es responsabilidad de los ayuntamientos? O ahora, ¿pueden ser estos lugares objeto de concesión a los empresarios privados? Estamos ante un elemento de distorsión tremendo que hay que sacar de esta realidad, que requiere de otro tipo de respuestas más claras y sólidas.

T. M. No deberíamos llamar a los botellódromos así, sino espacios de ocio. Pero estos espacios de ocio tienen que tener los servicios y condiciones necesarias. Los jóvenes quieren actividades de todo tipo, música y seguridad porque siempre hay elementos distorsionadores: grupos de jóvenes que interfieren con violencia e incivismo en la vida de los demás y que les complican la vida. Los jóvenes necesitan saber que tienen una ambulacia a su disposición, transporte público y taxis para desplazarse. Nadie quiere correr riesgos. Van a divertirse, pero no quieren tener problemas. Hablo de la mayoría. Esas cosas tienen que estar solucionadas porque, si no es así, los jóvenes no van a permitir que los traslademos como borregos. Necesitamos ir juntos con la administración autonómica para que la cosa salga bien, para que haya iluminación, autobús con información, seguridad y protección. ¿Por qué no se pone en la ley que las sanciones puedan pagarse con trabajos sociales o educativos? Los jóvenes no pueden pensar que siempre se les quiere reprimir, reprender o recluir en un lugar.

A. S. M. Es necesario que el resto de administraciones se comprometan a financiar todas las cosas que hay que poner en marcha. Respecto a los lugares de ocio, comparto con Teófila Martínez que los ayuntamientos no podemos ofrecer cualquier cosa. Asumimos una responsabilidad, pero no podemos salir del paso sin dar una alternativa de sitio con higiene, seguridad y transporte para que no se conviertan en lugares donde puedan crearse nuevos conflictos añadidos a los que ya existen de antemano. Además, a los jóvenes no puede dirigírseles de cualquier manera en un fenómeno que es espontáneo. Son jóvenes, pero no tontos. Les gusta divertirse en zonas monumentales, con lugares cercanos de ocio y no en cualquier explanada descubierta. No actúan por el hecho de divertirse juntos, sino que buscan lugares que sean cómodos y acogedores. No podemos enviarlos a cualquier lugar porque no lo aceptarán. Hacen falta recursos y regulación para educar a los jóvenes en colegios y sitios de trabajo. Estamos teniendo en Sevilla muchísima prevención con estos espacios porque un padre puede decirnos que no le permitimos dejar a su hijo beber en la plaza del Salvador y lo mandamos a un descampado donde se ha roto la pierna. Puede acusarnos de ser los responsables, cuando la responsabilidad tiene que ser compartida.

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