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Granada, 22/12/06
GRANADA
La Academia de Bellas Artes reivindica el silencio en una ciudad acosada por el ruido
Exige a las distintas administraciones que apliquen la ley con toda su fuerza.
Advierte de la pérdida de calidad de vida existente por la contaminación acústica
F. C. R.
El silencio ha dejado su sitio a la contaminación acústica en esta ciudad. Resulta muy complicado dejar de escuchar el atronador ruido de los vehículos con motor, de los botellones, de las obras, de La Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias exige a las distintas administraciones públicas que hagan cumplir la ley para frenar el exceso de decibelios que tanto suena por las calles de Granada.
«Entre los bienes patrimoniales más importantes de una ciudad está el cuidado de su Medio Ambiente, que se define como el conjunto de circunstancias que condicionan la existencia de sus habitantes. Preservar y perfeccionar cada uno de los elementos que conforman ese hábitat ha de ser un fin prioritario para las autoridades locales, ya que ello condiciona el desarrollo en plenitud del ser humano», señalan en un comunicado.
Los académicos recuerdan en una nota la buena disposición urbana de esta ciudad para disfrutar del silencio. «Granada, que por su situación geográfica goza de un excelente clima y unos paisajes privilegiados, ha ido desarrollando a lo largo de los siglos una trama urbanística de callejas, plazuelas y miradores aptos para la abstracción y el recogimiento. Ciudad que parecía trazada para la reflexión y el pensamiento, para la charla amistosa, la contemplación y el bienestar que produce la armonía de las cosas y el concierto de la naturaleza».
Una tortura constante
Los distintos estudios, subraya la Academia, han colocado a Granada en los primeros lugares de ciudades con más ruido, sin olvidar que España también es de los países más ruidosos. «No son pocos lo que afirman que nuestra ciudad es una de las más ruidosas del Continente Europeo. Los oídos de los granadinos están sometidos a tortura constante, a estruendos insoportables y a decibelios prohibidos por la Organización Mundial de la Salud».
En estudios recientes, el 70% de los hogares de algunas zonas de Granada han manifestado sufrir las molestias de este exceso de contaminación acústica, que achacan a tres factores fundamentales: a la gran cantidad de motos que llevan trucados sus tubos de escape (con el único fin de hacer oír el rugido de sus motores, contraviniendo la legislación vigente) y a los coches que con altavoces incorporados se pasean con los cristales bajados; al ocio de los jóvenes que anárquicamente ocupan las calles de la ciudad en las horas del descanso nocturno, y a los establecimientos de hostelería, discotecas, salas de fiestas y bares que vulneran incontroladamente las ordenanzas locales de contaminación acústica. Sin olvidar el crecimiento urbano desordenado, los hábitos culturales, el hacinamiento y tantos medios de transporte descontrolados. «En circunstancias festivas como la Navidad o las celebraciones de barrios se incrementa la contaminación acústica de forma grave con petardos y cohetes que son adquiridos por niños y jóvenes para explotarlos contra el mobiliario urbano, los árboles, los portales, los patios y los coches, entre otros, con el riesgo de provocar desgracias personales».
Ante tales datos, es claro que la ciudad «debe poner fin a esta situación» que infringe el artículo 45-1 de la Constitución que dice: «Cada español tiene derecho a disfrutar de un Medio Ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo». «El silencio es además un valor fundamental en los espacios histórico-artísticos, incentiva la creación y el estudio e invita a la reflexión. Un patrimonio de pueblos respetuosos, cultos, bien educados y corteses», concluye.
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