La Voz de Galicia Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes

Cee, 10/12/06

La Calzada es un infierno

Convivir con el ruido en Cee

En una calle del casco urbano se concentran una docena de pubs que, en su mayoría, nada saben de horarios o de límites de decibelios para desgracia de sus vecinos
Eduardo Eiroa
La calle de pub La Calzada de Cee es un infierno
ANA GARCÍA
La calle de pubs de Cee tiene nombre premonitorio. Se llama la calle de La Calzada. En poco más cien metros cuadrados de superficie urbana se concentran una docena de locales. En ese espacio se liquida la noche en la localidad, y en esa superficie, además de bares, hay vecinos.

Es cierto que no quedan muchos porque se han ido marchando. Hace más de una década que los bafles viven en estado salvaje, al margen de cualquier norma. La mayor parte de los establecimientos abren cuando les da la gana y cierran igual. Una ordenanza regula desde el 2004 los ruidos, pero son pocos los que han tomado medidas y sólo uno, el Lennon -los vecinos piden que se cite el ejemplo- que cumple de sobra con todos los requisitos: ni copas en la calle, ni ruidos, con doble puerta...

En esa selva vive Estrella Ares, su marido y su hija de dos años. Su portal está entre un mito del ruido descontrolado -el Nerio, ya cerrado- y el Nuevo Zeus, un local que, según el Ayuntamiento, ya ha tomado las medidas legales.

Pero eso no basta para que al tercer piso que habita el matrimonio no lleguen los ecos desbocados de la noche. Las características especiales de su vivienda empiezan en el portal. No hay portero automático: el sistema para entrar es otro. Hay que llamar por teléfono y ellos bajan a abrir con llave. Explica el marido de Estrella que la gente se apoyaba, de noche, en los botones y los despertaban de madrugada. Pronto se estropeó el aparato. Los usuarios nocturnos de la Calzada lo quemaron un día y lo arrancaron otro, y el portero automático pasó a la historia.

El viernes, la puerta estaba entera y el suelo limpio, aunque no es raro que amanezca con el cristal roto y alguna que otra vomitona -como la semana pasada- decorando el suelo.

Explica Estrella, ya en su casa, que a la una aún es pronto y que hay que esperar para vivir el barullo. Fuera llueve y sopla el viento, y no hay previsión de gran bullicio. En Cee, la movida lleva dos años de capa caída, pero aún así se deja notar, especialmente durante el verano y las vacaciones.

En el acogedor salón Estrella Ares enseña cuatro mariposas de Sargadelos colgadas de la pared: «Un día, con las vibraciones, dos se cayeron al suelo». Antes tenían un reloj de pared que daba las horas cuando los bajos de los altavoces de los bares se lo ordenaban. En la pared aparecieron grietas causadas por las vibraciones.

El problema se ha suavizado, pero volverá con el buen tiempo, cuando los bares abran sus puertas y la calle se convierta en una prolongación de la juerga del interior. «Mi suegro vivía aquí, es taxista y tenía que trabajar temprano, tenía problemas de corazón y decidió marcharse», cuenta Estrella. Ellos llevan ocho años aguantando juntos el martirio.

Licencia de cafetería

La mayoría de los locales tienen licencia de cafetería. El Ayuntamiento les ha enviado a la policía local varias veces e incluso les ha hecho cumplir los horarios algún día, pero el alcalde reconoce que se trata de un problema de difícil solución. El regidor local, Antonio Domínguez, vuelve a darles un ultimátum: «Se antes do verán non están todos adaptados á ordenanza haberá que pechalos», dice.

Lo cierto es que llevan una década sin adaptarse a nada, salvo en contadas ocasiones. Al menos ya no hay conciertos, el peor castigo del vecindario.

A las dos de la mañana se escuchan los ecos de la música de algún bar en casa de Estrella. Ella explica que hubo tiempos en que reconocía las canciones del pub de abajo a más de 200 metros de distancia, desde el centro del pueblo.

«Hoy no es el mejor día para darse cuenta de cómo es esto», dice Estrella. A través de la ventana de uno de los dormitorios el matrimonio contempla una calle de pubs que, bajo la lluvia, está vacía. Sólo suena algún grito de los pocos clientes que, de madrugada, cruzan de un bar a otro o se meten en sus coches.

Los coches son otra parte del castigo. En las últimas semanas arrasa una nueva moda en la calle de la Calzada. Hacia las cinco de la mañana algunos pilotos se suben a sus vehículos, clavan el freno y aceleran hasta que sale humo de las ruedas, entonces salen disparados al tiempo que tocan la bocina. Un fin de semana sí y otro también. El viernes, además, para completar la oferta, hay carreras de motos que parten de la zona de bares.

No es el único problema de los castigados vecinos. Si en la parte de abajo de la Calzada hay bares, hacia arriba los hay que se dedican al botellón, con los coches abiertos y la música a todo trapo.

Hubo quien hace unos años salía a la terraza con una manguera para silenciar a los noctámbulos con duchas frías, pero el activismo vecinal, que llevó quejas y denuncias al Ayuntamiento durante años, está a la baja.

Tal vez porque cada día queda menos gente. Los edificios están vacíos y los alquileres, para sordos y valientes, por los suelos. Nadie se arriesga. Por poner un ejemplo del efecto de los locales: un piso de 90 metros cuadrados en Cee puede costar unos 100.000 euros. En la calle de la Calzada se venden por 50.000 euros de 120 metros. No hay compradores.

En casa de Estrella la música suena distante.

-¿Y cómo lo lleva la niña?

-Ella bien. Algún vez se despertó con la música de madrugada, pero se puso a bailar en la cuna. Ella ya nació con este problema.

-¿Y cuándo dormís vosotros?

-Ahora por semana más o menos, y algún sábado. Pero imagina un día de verano. La música, las charangas, los coches, los gritos, las peleas, las carreras. Y lo peor es que algún día, cuando a las ocho o nueve de la mañana sientes que por fin empiezas a quedarte, aparece la máquina de la limpieza o el camión del butano pitando y ya no hay nada que hacer.

A altas horas de la madrugada se escucha en casa de Estrella y su marido el acelerón sin sentido de un coche. En la calle llueve y el viento barre a los posibles clientes. Los pubs de la Calzada parecen tranquilos. El mal tiempo dejará dormir a los vecinos, que seguramente son los únicos que en la zona no añoran el calor del verano, sinónimo de insomnio.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org