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Jaén, 09/12/06

Pubs ofrecen a sus vecinos noches de hotel para poder subir la música

Muerto el perro, se acabó la rabia. Al menos, eso deben pensar algunos dueños de locales de marcha de la capital que han llegado a ofrecer a sus vecinos pasar las noches de los fines de semana en un hotel para poder subir la música
Rafael Abolafia
Prohibido. Jóvenes haciendo botellón junto a la plaza Jaén por la Paz
Prohibido. Jóvenes hacen botellón junto a la Plaza Jaén por la Paz, en la zona de Renfe.
De este modo, si no hay gente en los pisos colindantes, no se molesta a nadie y se evitan complicaciones con la ley.

La historia la cuenta Milagros Martínez, una joven jiennense que vive junto a su marido y su hijo de tres meses en una vivienda cercana a la Estación de Renfe, concretamente en el Paseo de la Estación. Su piso es el primero del bloque y está justo encima de una conocida discoteca de la capital. “Por las noches, el ruido y las vibraciones no nos dejan dormir”, dice con desesperación.

Milagros Martínez vive en este inmueble desde hace años y dice que siempre se han producido molestias derivadas de la discoteca, un local histórico en las noches de la capital. “Al principio, yo no le daba demasiada importancia.

Lógicamente, no gusta vivir de esta forma, pero acabas acostumbrándote. El problema se agravó cuando nació mi hijo”, explica. En este sentido, la afectada relata que su bebé se despierta repentinamente, llora sin motivo aparente, está muy nervioso y le cuesta trabajo dormir.

Fue durante el embarazo cuando los dueños de la discoteca le ofrecieron a la familia que se marchara de su casa durante los fines de semana: “Nos dijeron que nos pagaban las noches del jueves, el viernes y el sábado en un hotel”. De esta forma, si no hay vecinos, pueden subir la música tanto como quieran. No hay molestias, no hay denuncias ni malos rollos de Policía con sonómetro en mano. Sin embargo, Milagros Martínez no aceptó la oferta y siguió viviendo en su casa, a pesar de los ruidos y las vibraciones.

A partir de ahí, esta joven jiennense emprendió una batalla legal. Dice que está dispuesta a llegar hasta donde sea necesario para conservar su derecho al descanso y a una buena calidad de vida. Así, lo primero que ha hecho ha sido impulsar una campaña para recoger firmas entre los vecinos de su bloque. Pretende recabar el mayor número de apoyos posibles de otros afectados. Así, ha recibido el respaldo de numerosos inquilinos de los pisos colindantes.

Además, Milagros Martínez, que vive en el bloque donde está la discoteca Heaven, ha interpuesto varias denuncias ante la Patrulla Verde, que ha visitado el local varias veces y ha levantado diversas actas de infracción. Estos documentos serán incorporados a la demanda que interpondrá esta vecina ante los tribunales por la vía penal y que puede acabar en una condena a penas de prisión para los responsables de la discoteca, tal y como ocurrió en marzo con el Pub Prost.

Hay que recordar que los gerentes de este establecimiento fueron condenados por la Audiencia Provincial a una pena de dos años y tres meses de prisión, una sentencia que está recurrida y sobre la que todavía debe pronunciarse el Tribunal Supremo. Milagros Martínez ha llamado a la puerta del mismo abogado que ganó el caso “Prost”, Luis Heredia Barragán: “Esta familia lo está pasando muy mal, porque es una situación insoportable”, dice el letrado.

Milagros Martínez aclara que no quiere que los dueños de la discoteca vayan a la cárcel: “Mi único objetivo es poder dormir tranquilamente, sin ningún tipo de molestia”, dice. Diario JAEN ha intentado recabar la versión de los propietarios de la discoteca, aunque no ha sido posible contactar con ellos.

Un problema común. La historia de esta mujer no es el único caso que se registra en la capital. Sólo el año pasado, la Patrulla Verde de la Policía Local realizó más de cien denuncias por ruidos molestos de establecimientos públicos. Del total, más de veinte correspondían a locales de la noche. Los agentes acuden a requerimiento de los vecinos para medir los decibelios. Casi todas estas denuncias se cierran en la vía administrativa. El Ayuntamiento suele imponer una sanción económica, que los dueños del local pagan sin ningún problema, porque no tiene una cuantía muy alta. Muy pocos vecinos se atreven a dar el paso de la vía penal.

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