LA CONVIVENCIA CIUDADANA // EL MAL USO DEL ESPACIO PÚBLICO >> INFORMEBarcelona, 06/09/05Incívicos con impunidadPATRICIA CASTÁN En los últimos años el incivismo se ha convertido en uno de los lastres que más perjudican la imagen de Barcelona y su calidad de vida. En marzo del 2004 Joan Clos anunció un plan de medidas para este mandato, que perseguían mejorar la situación de suciedad, ruidos y degradación de los espacios públicos. Las sucesivas campañas llevadas a cabo no han logrado frenar la mayoría de actitudes incívicas, denunciadas reiteradamente por este diario. La dificultad que entraña sancionar a los infractores y ejecutar las multas es una de las razones de este fracaso, aunque el ayuntamiento prefiere apuntar a las conciencias que a los bolsillos de la ciudadanía. A >> Calles convertidas en vertederos día y noche Los barceloneses, a través de las encuestas municipales de servicios urbanos, fueron los primeros en hacer sonar la alarma al elevar la suciedad al número uno en la lista de problemas de la metrópoli, hace un año. La suciedad se hace patente en diversos frentes. La incorrecta eliminación de las basuras, especialmente en el sistema de recogida domicialiaria, se traduce en bolsas abandonadas a deshoras y fuera de los contenedores y genera un gasto municipal extra de un millón de euros mensuales. El problema se agrava con el mal uso de las papeleras, que a menudo se colapsan con desechos de gran volumen. El colofón lo ponen los excrementos de perro en plena calle y la creciente costumbre de orinar en las calles céntricas --donde se concentra la oferta de ocio--. Tampoco ayuda que Barcelona se haya convertido en una de las capitales de los grafitos, que precisan de una inversión millonaria en limpiezas que duran escasos días. Las ofensivas municipales se basan en mensajes que invitan a fer-ho B. B >> Largo pulso contra el exceso de decibelios El ruido, especialmente en su vertiente nocturna, ha protagonizado innumerables campañas municipales, con desiguales resultado. En el apartado del ocio callejero, la mayoría de distritos han recortado las terrazas de los bares y ha intensificado el control horario de los locales. Tras largos procesos administrativos, 50 locales nocturnos que generaban molestias fueron precintados entre junio y agosto pasado. Pero la Associació Catalana Contra la Contaminació Acústica asegura que en muchos barrios de Barcelona todavía no se han logrado conciliar el derecho al descanso y el derecho a la diversión. La entidad ha ganado demandas contra el ayuntamiento por no haber obrigado al cumplimiento de las ordenanzas. La Federació Catalana de Locals d'Oci Nocturn (Fecalon) ha sugerido el traslado del ocio más ruidoso a barrios menos poblados y más periféricos, también insiste en que el ocio sólo genera una pequeña parte de la contaminación actuación acústica. Los nuevos hábitos urbanos, que implican un uso muy intensivo del litoral barcelonés, también han abierto un debate sobre la regulación de la actividad en las playas, que cada vez concentran más actividad y usos nocturnos, aunque en el seno municipal aún no hay consenso al respecto. C >> Proliferan la prostitución y el turismo sin recursos La ocupación indebida del espacio público se ha convertido en otro de los grandes problemas que degradan la ciudad. Como informó este diario la pasada primavera, los vecinos del entorno de la ronda de Sant Antoni iniciaron movilizaciones contra el aumento del sexo callejero, que había generado inseguridad y un alud de pensiones ilegales en la zona. La prostitución se ha convertido en uno de los grandes caballos de batalla de Ciutat Vella, donde proliferan los pisos dedicados al negocio del sexo, alimentado por la gran presencia de mujeres inmigrantes que no hallan otra forma de ganarse la vida. También se ha disparado la cifra de buscavidas que se ganan la vida en la calle vendiendo latas, trastos viejos y demás, así como la de inmigrantes tullidos o que utilizan niños para mendigar. El llamado turismo barato (potenciado por las nuevas líneas aéreas de bajo coste) ha propiciado un gran aumento de turistas jóvenes, que en algunos casos vienen en busca de alcohol y diversión. Duermen en cajeros, en la calle o en las playas y se entregan al botellón, que este año ha vuelto a generar quejas en el centro de la ciudad. La sensación de la ciudadanía es de que las actitudes incívicas gozan de impunidad. Los infractores apenas se sienten amenazados.
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