Jaén, 15/11/05 La resistencia pacífica de Pegalajar (Jaén)Los empresarios, trabajadores y vecinos del pueblo esperan con tensión que se acabe de una vez la «pesadilla» que viven desde que la justicia amenaza con cerrar sus negociosLORENA CÁDIZRESISTENCIA pacífica. Así es como los empresarios del polígono industrial de Pegalajar llaman al movimiento organizado que han creado, tanto ellos, como sus trabajadores, para luchar contra lo que consideran algo más que una injusticia. Se trata del auto judicial dictado hace unas semanas por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), por el que se ordena el cierre de las industrias carentes de licencia o que no hayan aplicado medidas correctoras contra emisiones contaminantes y ruidos. Lo que viene a significar que la totalidad de las naves que conforman el polígono tendrían que haber cerrado ya sus puertas para cumplir con dicha sentencia. Pero las cosas no van a ser tan sencillas. Los empresarios, los trabajadores y prácticamente todo el pueblo rechaza profundamente la decisión que ha tomado el juez y piensan resistir pacíficamente hasta que no les quede otra. Pero la incertidumbre es mala compañera y ha sido la causante de que se respire tensión estos días en Pegalajar. Tensión porque los empresarios del polígono han presentado un recurso, que no saben si avanzará o no, para que se paralice la orden de cierre, al menos, hasta que finalicen las obras que permitan la regularización del polígono y por tanto, la concesión de las pertinentes licencias de apertura. Y tensión porque quien ha provocado toda esta «pesadilla» ha sido un propio vecino, residente de un chalé cercano al Polígono. «Todos los empresarios del polígono nos hemos reunido y hemos acordado seguir abriendo las naves. Sólo saldremos de aquí detenidos», dice Antonio Galiano, propietario de la fábrica de muebles 'Galiano Peña'. Antonio Galiano tiene 56 años, lleva 20 con la empresa y toda su vida en Pegalajar. De su negocio, además de toda su familia, viven 6 familias más. Para él toda esta situación es una desgracia. «Me están buscando la ruina económica y después de eso sólo me queda morirme», dice el empresario que asegura que sólo necesitan unos meses para terminar con las obras en el Polígono y entonces poder pedir las licencias. Para él es ilógico que se cierren las naves para volver a abrirlas dentro de unos meses. Jóvenes «Hasta que se abrió el polígono industrial en Pegalajar, todos los jóvenes cuando terminaban de estudiar se tenían que ir a otros pueblos a trabajar. Ahora ocurre todo lo contrario, que son los jóvenes de otros pueblos los que vienen al nuestro buscando trabajo. Pero si nos cierran la base de la economía del pueblo todo volverá atrás». Una opinión que comparte completamente el propietario de otra empresa de fabricación de muebles cercana a la suya, Juan de Dios Martínez, y su hijo Juan Antonio Martínez. «Si tenemos que cerrar, volveremos a abrir en unos meses pero entonces las cosas ya no serán iguales, mis clientes se buscarán a otro fabricante y cuando volvamos a abrir habré perdido a muchos de ellos. Y la verdad es que las cosas no están para eso, ni mucho menos», dice el propietario. También él coincide con su compañero en que «estamos siendo muy pacíficos pero nos van a tener que sacar arrastrando de aquí. Este es mi pan, mi vida, no tengo otro tipo de negocio y si me lo quitan no sé lo que haré, pero algo gordo seguro», continúa Juan de Dios Martínez, que tiene a su cargo a más de 25 empleados preocupados por su situación. Buena voluntad «Siempre he confiado en la buena voluntad de las personas», dice el empresario refiriéndose al vecino que ha puesto la denuncia contra el polígono y que vive en una urbanización cercana al mismo, que, según Martínez, estuvo 18 años siendo ilegal. «Fue el propietario de una fábrica quien, siendo concejal, le concedió la licencia a la urbanización. Y ahora un vecino de ésta es quien arremete contra él y contra todos». Todos los empresarios del polígono saben los nombres y apellidos del denunciante y esto crispa aún más, si cabe, los ánimos. Por ello, en todas las reuniones que los empresarios de la zona mantienen, se pide siempre, sobre todo a la gente joven, que no se exalten y que permanezcan tranquilos hasta saber cuál será el futuro de todas las familias que dependen de la industria de Pegalajar. Y que aunque parezca que no, no son sólo las familias directas de los empresarios y trabajadores del polígono, los afectados por la polémica, sino también los dueños de cualquier comercio del pueblo, los de los bares y restaurantes y sobre todo, tal y como dice, Juan Antonio Martínez, los bancos. Éstos últimos están muy preocupados porque «todos tenemos préstamos e hipotecas» que si no hay trabajo, ni sueldo, no podrán pagarse tan fácilmente como se pagaban hasta ahora.
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