Sevilla, 07/11/05 Cercados por la 'botellona'
Resolución judicial. Los vecinos de los bloques 12 y 14 de la avenida de Llanes están satisfechos con la sentencia de la Audiencia que ha avalado el cerramiento del edificio para acabar con las 'botellonas' a las puertas de sus viviendas
REPORTAJE DE JORGE MUÑOZFueron siete años de botellonas a las puertas de sus viviendas; siete años de pintadas en las fachadas; siete años de ruidos hasta altas horas de la madruga, de llamadas y denuncias ante la Policía, e incluso de enfrentamientos con los jóvenes que habían escogido los soportales de sus domicilios como un improvisado lugar de reunión y bebida.La pesadilla de las más de 30 familias que residen en los bloques 12 y 14 de la avenida de Llanes finalizó en mayo pasado, cuando acordaron después de varias reuniones la instalación de un cerramiento metálico que ha obligado a los jóvenes a cambiar de lugar de diversión. La medida no agradó a todo el mundo y provocó un enfrentamiento directo entre los vecinos y los propietarios de los siete establecimientos comerciales instalados en el inmueble, que veían en el cerramiento diversos perjuicios para sus negocios. Un juzgado de Primera Instancia y ahora la Audiencia de Sevilla ha fallado a favor de los vecinos, al argumentar que el cerramiento del edificio era absolutamente necesario para garantizar el derecho al descanso nocturno de los copropietarios. Este derecho fundamental, añadía la resolución, es prioritario y prevalece sobre el posible perjuicio a los comerciantes porque los vecinos tienen derecho a "colocar unas vallas para impedir los desmanes de la botellona". El fallo del tribunal también incluía una crítica a los poderes públicos por no haber garantizado el derecho al descanso y minimizaba la oposición de los propietarios de los negocios porque las cancelas permanecerían abiertas en los horarios comerciales. La satisfacción por esta sentencia era patente ayer entre los vecinos de esta zona del barrio de Cisneo Alto, que todavía recuerdan aquellos interminables días en los que el griterío de los jóvenes les obligaba a vivir con las ventanas cerradas y a subir los volúmenes de sus televisores. "No sólo era la botellona que mantenían un grupo de entre 20 y 30 chavales, también había coches con la música alta, los acelerones de las motos, el consumo de drogas, los orines y las vomitonas en la fachada", comentaba uno de los propietarios. La juerga era diaria y se prolongaba hasta las doce o la una de la madrugada, e incluso hasta las cuatro o las cinco los fines de semana. Además de no poder descansar, los residentes tenían "miedo" a la hora de entrar o salir de sus pisos, puesto que eran frecuentes las discusiones con los jóvenes e incluso uno de los vecinos fue agredido en una ocasión. "Entre aquella situación y la de ahora con las rejas hay un abismo", advierte otra vecina. El administrador del inmueble, Manuel Valenzuela, recuerda que los problemas surgieron desde que se constituyó la comunidad de propietarios, si bien se fue acrecentando con el paso del tiempo, a medida que fueron cercándose otros edificios de la zona que también utilizaban los jóvenes para las botellonas. El administrador de la comunidad de propietarios explicó que fueron numerosas las denuncias que se presentaron ante el distrito Macarena y la Policía, pero el problema seguía sin resolverse. "Lo triste es que haya que cerrar y vallar la propiedad", lamentó Manuel Valenzuela. La instalación del cerramiento provocó asimismo "momentos de tensión" con los propietarios de los locales comerciales, que "boicotearon" la verja al instalar cadenas y candados que posibilitaban que las puertas estuvieran abiertas todo el día. Una vez que les notificaron la sentencia de la Sección Octava de la Audiencia Provincial, los vecinos acudieron con un herrero y procedieron a la retirada de las cadenas. La visión que tienen los propietarios de los comercios es totalmente contraria a la de los dueños de los pisos. María Dolores Benítez, cuyo negocio lleva abierto en los soportales del inmueble desde hace año y medio, asegura que en todo este tiempo "nunca" ha visto que se haya celebrado una botellona en la zona, a lo sumo han estado seis o siete jóvenes pero no un grupo multitudinario. Los comerciantes se quejan de que el cerramiento no se adecua a las medidas que la comunidad acordó y aseguran que ahora se sienten "arrinconados" y no pueden ver quién se aproxima a las puertas de sus locales, con el consiguiente riesgo para su seguridad personal cuando tienen que prolongar su jornada laboral más allá del horario comercial en el que permanecen abiertas las cancelas. De la misma forma, alguno sostiene que desde que se produjo el cerramiento del inmueble han percibido un descenso en las ventas, y añaden que los locales "han perdido valor por toda la vista que se les ha quitado". María Dolores Benítez considera que los vecinos se han acogido "a la botellona y la inseguridad" para ganar el pleito de las rejas, pero insiste en que la situación no era tan grave como la descrita. "Nosotros trabajamos para sacar adelante nuestras familias y están truncando nuestras perspectivas", afirma otro de los comerciantes. Los propietarios de los negocios se preguntan qué habría pasado con las rejas si se hubiera instalado en la zona una cervecería, una farmacia o un videoclub de los de 24 horas, y denuncian deficiencias en el cerramiento, como que las puertas se abren hacia el acerado público. La sentencia de la Audiencia no es la primera que se produce en torno al fenómeno de la movida, así ya son varias las condenas impuestas por incumplimiento de horarios de cierre de lugares de ocio, como discotecas o pubs.
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