Jaén, 16/03/05 «Nos mandan directos al botellón, a la boca del lobo», se lamentan los jóvenesJ. E. P.Jessica y Sara (17 años) lo ven muy claro: «Si no nos dejan entrar a los pubs nos mandan directamente a Renfe, al botellón, a la boca del lobo». Ellas suelen ir todos los fines de semana a la 'primera sesión' de bares de copas de la capital, en la zona de San Ildefonso. Jessica si confiesa que se toma alguna copita. Sara no bebe. «Vamos allí a bailar y a estar con la gente. Ahora nos mandan a la calle», señalan las dos jóvenes. Porque entre los jóvenes de entre 16 y 18 años las opciones preferentes una noche de fin de semana son el botellón o irse de pubs. Contra lo primero la administración ya lo ha intentado todo lo que legalmente estaba en su mano, con escasa fortuna. «Después de las diez de la noche es más complicado conseguir alcohol. Pero la gente va al supermercado por la tarde y compra sus botellas. No hay demasiado problema con la edad», dice Pablo. Él también afirma que si no les dejan entrar a los pubs no hay demasiados sitios donde ir un sábado por la noche: «Botellón», dice sin más. Rubén opina que la prohibición está «en parte bien», pero señala que hay muchos jóvenes que no prueban el alcohol (él está entre ellos) y que van a los pubs con sus amigos a bailar. Ahora tendrá que dejar de hacerlo, pues aún le faltan varios meses para llegar a los 18. Begoña también es contundente contra la prohibición: «Que no te dejen beber, pero que no te prohíban entrar». Además los jóvenes no creen que la medida vaya a tranquilizar a sus padres sobre sus actividades nocturnas. Los que tienen hora marcada en casa para regresar lo hacen entre la 1,30 y las 3,30 de la madrugada un sábado por la noche.Otros muchos, con 16 ó 17 años, no tienen hora y un sábado pueden estar tranquilamente hasta las seis de la mañana. Si les prohíben entrar a los bares de copas y pubs las alternativas que les quedan son regresar antes a casa -ante lo que manifiestan su desagrado con muecas a cual más expresiva- o permanecer toda la madrugada a pie quieto en la explanada de la estación de Renfe o en las escaleras del parque Felipe Arche. Siempre de botellón.
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