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Lozoyuela, 21/06/05

Lozoyuela exige a Fomento pantallas acústicas en la A-1

Los vecinos denuncian los perjuicios del ruido y de la pérdida de valor de sus casas

Sonia Martín

Ruidos de la autovía
Francisca, una de las vecinas afectadas, denuncia que el ruido de la autovía le ha afectado a los oidos y lamenta no poder disfrutar de su jardín. Los habitantes de la localidad serrana están sorprendidos por la actitud del Ministerio de Fomento, ya que la instalación de las pantallas acústicas están aprobadas desde hace más de un año
Cada una de las denuncias sobre la necesidad de instalar pantallas acústicas en la A-1 a la altura de Lozoyuela tiene su historia. Más bien 700 historias, las de los vecinos de esta localidad serrana que padecen el ruido incesante del tráfico de la carretera de Burgos. El Ministerio de Fomento, que dirige Magdalena Álvarez, no ejecuta la instalación de unas pantallas que están presupuestadas y aprobadas porque, dice, no hay dinero, tal y como informó ayer este diario.

Y los vecinos no salen de su asombro. Es el caso de Francisca González, una jubilada de 84 años. Lleva más de diez lustros viviendo en este municipio y su casa está situada a tan sólo cinco metros de la carretera. «Hace ya muchos años que pedimos unas pantallas acústicas, pero no nos hacen caso. Vinieron unos señores a medir el nivel de ruido, pero luego abandonaron el caso. A mí me ha afectado a los oídos, ahora estoy sorda. No podemos dormir y somos muchos los perjudicados», explica Francisca, que fue una de las primeras en emprender esta lucha. «Encima, de vez en cuando la ensanchan, y es que ya no podemos ni salir al jardín para tomar el aire, porque no se pueden soportar el ruido ni las vibraciones», insiste la vecina, que, además de subrayar el problema que supone tener «parcelas bonitas y grandes, pero no poder disfrutarlas», apunta un importante perjuicio económico para los afectados: «Con la proximidad de la autovía, la casa ha perdido valor».

Doce camiones por minuto

En una zona donde pasa un camión cada cinco segundos por la puerta de casa, todos coinciden en que son imprescindibles unas pantallas acústicas. Sin embargo, parece que, a pesar del esfuerzo de los vecinos y las autoridades municipales, encabezadas por el alcalde popular, Regino Torregrosa, están lejos de ser una realidad.

«Venimos de Italia de hacer un viaje y allí hasta en los pueblos más pequeños por los que pasan las carreteras hay pantallas acústicas. No entiendo como aquí, que hay viviendas tan cerca a ambos lados de la vía, no las ponen. Es así todo el año, pero en la época de vacaciones, julio y agosto, y los fines de semana es aún peor, porque la caravana de entrada a Madrid llega a veces hasta aquí. El ruido es incesante y, aunque es más intenso durante el día, se hace insoportable con el silencio de la noche», relata Carlos Serrano, vecino de Lozoyuela, que asegura que aunque el flujo de vehículos supone también un problema medioambiental, lo que realmente les preocupa e incomoda es la contaminación acústica. Mientras tanto, para luchar contra el ruido, los vecinos están recurriendo a remedios caseros, aunque no son suficientes.

«He colocado en mi jardín unos setos de arizónicas, que consiguen un cierto aislamiento, pero muy poco», cuenta Carlos.

«No podemos irnos»

Por su parte, Carmen Dávila, cuya finca está junto a la A-1, ha instalado ventanas dobles en su chalé. «Nos afecta mucho el jaleo de los camiones desde que construyeron esta carretera hace unos 25 años. Pero no podemos irnos porque tenemos nuestra casa aquí; por mucho que nos quejemos tendremos que aguantarnos si no las ponen. Es algo que afecta a todo el pueblo. A veces me resulta imposible hasta hablar con la vecina de al lado, porque no nos escuchamos», dice Carmen.

Vivir día tras día con este intenso y continuo ruido de fondo resulta agotador y, además, influye en la salud. «Si no duermes, te duele todo el cuerpo y te afecta a los nervios, tienes insomnio y estás inquieta. Con el paso del tiempo, uno se acostumbra un poco pero sigue molestando, nunca se hace uno a esos ruidos y más cuando pasan los camiones, porque los turismos no tanto, pero los camiones te ponen la cabeza que no sabes dónde la tienes. Se lo hemos pedido ya muchas veces al Gobierno y hemos recogido firmas, pero seguimos igual, a pesar de contar con el apoyo del Ayuntamiento», añade Carmen.

Ya quedan pocos pájaros en el pueblo y el carácter apacible que se le supone a un entorno rural, resulta imperceptible incluso en la época estival. Entre los ruidos de los motores, resuenan las quejas de los habitantes de esta localidad, que piden que el Ministerio de Fomento no haga oídos sordos a sus peticiones y esperan impotentes a que sus impuestos redunden en una mejora de su calidad de vida.

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