Valladolid, 27/02/05 Otra forma de maltrato domésticoCasi la tercera parte de los españoles sufren molestias por exceso de ruido en su entorno familiar pero solo la mitad se muestran dispuestos a combatirloTexto de/Antonio CorbillónES otra forma de maltrato doméstico de muy difícil erradicación. Entre 9 y 12 millones de españoles sufren en el discurrir cotidiano de su vida niveles de ruidos nocivos superiores a lo que permite cualquier legislación (local, regional y nacional). El ruido ambiental nos acompaña como una incómoda sombra y está asumido como un mal necesario. Nos han convencido de que es inevitable que las ambulancias 'aúllen' para salvar la vida de un herido, que los motores de los vehículos 'traqueteen' o que un camión grúa recoja el contenedor de vidrio del barrio y vacíe en cascada miles de botellas junto a nuestra ventana para favorecer el reciclaje y proteger el medio ambiente.¿Y en el hogar? Hasta el Consejo Superior de Arquitectos de España denunció el viernes que la 'burbuja inmobiliaria' ha traído de la mano un acabado muy deficiente en las construcciones, debido a esa «locomotora desbocada» que construye al año «tres veces más viviendas de las que necesitamos», resumió su presidente, Carlos Hernández Pezzi. El dicho de que 'las paredes oyen', ha dejado de ser una metáfora contra los 'cotillas comunitarios'. Una reciente encuesta del BPB Iberplaco (líder peninsular en yesos y aislantes) destaca que a uno de cada cuatro españoles «lo que menos le gusta de su vivienda son los ruidos, tanto externos como internos». Pero, al mismo tiempo, «casi la mitad de las personas que acusan este problema no hacen nada por solucionarlo». De la tardanza en regular lo que soportan los tímpanos da idea el que la Ley nacional del Ruido no se promulgó hasta noviembre del 2003. Detrás han venido muchas ordenanzas autonómicas y municipales. Los expertos creen que el primer semestre del 2005 debería marcar la pauta legal en la lucha contra los excesos sonoros, en una país al que la leyenda (muy poco documentada) sitúa como segundo productor mundial de ruido tras Japón. «¿Se puede estimar el precio que la sociedad estaría dispuesta a pagar por el silencio?», se pregunta el experto en decibelios de la Plataforma Estatal Contra el Ruido (PEACRAM), Manuel Rejano. Para ello habría que averiguar en cuánto se valoran la pérdida de audición, las perturbaciones del sueño, insomnios, cuadros depresivos, estrés creciente... que están multiplicándose en las consultas médicas. Un estudio de la Comunidad Europea calcula que haría falta un euro por cada ciudadano para elaborar mapas de ruido que permitan reducir los 20 millones de casos de 'insomnio auditivo' que sufre. Más demandasAunque el volumen de nuestro ocio ha protagonizado las quejas, el asunto ha cruzado ya el umbral del hogar, que ha dejado de ser lugar privado de descanso. «Se están multiplicando las reclamaciones de vecinos que ya no se resignan a soportar los ruidos de su comunidad. Además ha mejorado la concienciación de las administraciones y los jueces empiezan a pronunciarse sobre estos temas, aunque con lentitud», explica el letrado vallisoletano especializado en reclamaciones por ruidos Agustín Bocos Muñoz.Ya no es solo el vecino que toca el piano a las tres de la mañana o ese perro que nunca deja de ladrar. Ruidos cotidianos como el sonido del fluir de la vida casera (lavadoras, bajantes de aguas, grifos,...) a los que nos hemos acostumbrado deberían reducirse a menos de la mitad, si quieren cumplir la ley. El estudio de BPB Iberplaco sitúa estos niveles medios de sonido: una conversación (hasta 60 decibelios -dB-), una lavadora (70 dB), televisión (75 dB), equipo de música (80 dB). Casi todas las normativas fijan el límite en los 35 dB, lo que da idea de cuánto habría que insonorizar nuestras vidas para cumplirlas. Las administraciones empiezan a invertir en 'policías sonoros' pero falta mucho para que el asunto sea prioritario. Mientras, han surgido formas de protesta pasiva originales, como 'Veinte formas de calmar a sus vecinos molestos', un disco francés con un desagradable repertorio de sonidos de avión, taladradoras y trenes. Una forma de combatir el mal con otro tal vez mayor.
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