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Barcelona, 21/02/05

Cuando el cielo ruge

Los vecinos de Penitents piden el cese de los viajes del helicóptero turístico que sobrevuela Barcelona
El ayuntamiento estudia si el ruido está dentro del límite legal
Albert Ollés
Expectante Uno de los denunciantes observa la llegada de un helicóptero desde la calle de Ticià, ayer. Foto: XAVIER GONZÁLEZ
Expectante Uno de los denunciantes observa la llegada de un helicóptero desde la calle de Ticià, ayer. Foto: XAVIER GONZÁLEZ
En la aldea de Asterix y Obelix sólo una cosa hacía temblar a los galos más valientes de la historia del cómic: "Que el cielo caiga sobre nuestras cabezas". En ocasiones, la realidad supera a la ficción y algunos barceloneses aseguran, en pleno siglo XXI, que sufren el mismo temor.

El causante tiene poco que ver con Tutatis, el dios de los galos creados por Goscinny y Uderzo, aunque el ruido que provoca más parece de otro mundo. Al menos eso aseguran los vecinos del barrio de Penitents, entre el paseo de Vall d'Hebrón y el inicio de la sierra de Collserola, que llevan denunciando desde hace meses las molestias que les causa el helicóptero turístico que sobrevuela la ciudad desde el 14 de julio de 2004.

La iniciativa, a cargo de la empresa privada CAT Helicòpters, se probó por primera vez en Barcelona en 1992, pero se tuvo que suprimir precisamente por las protestas de los ciudadanos.

Tormento del fin de semana
"El principal problema reside en el gran número de vuelos que programan, especialmente los fines de semana, lo que acaba convirtiéndose en un tormento", explica Lluís Pedrerol, uno de los afectados. "En invierno, cuando más se nota es en los días de buen tiempo y los fines de semana, justo cuando sales más a pasear o a parques como el de la Creueta del Coll. Así no hay forma de descansar tranquilo", añade.

Los vecinos, que denuncian el problema desde que empezaron los vuelos, temen que, con la llegada de la primavera y el verano, las molestias se multipliquen, por lo que piden el cese de la actividad. Uno de ellos contó el domingo, 23 de enero, el número de vuelos registrados entre las 10.45 y las 13.15 horas y sumó un total de 21.

"No sólo nos afecta a nosotros, hemos contactado con otros afectados de diferentes zonas del itinerario del helicóptero como el Monasterio de Pedralbes, el Camp Nou, el paseo de Gràcia o el Club Natació Barcelona", explican.

La parte alta del distrito de Sants-Montjuïc es otra de las zonas donde se han producido denuncias: "No sólo es el ruido, también nos toca tragarnos el humo y vivir bajo el riesgo de que se pueda producir un accidente. Si la gente quiere buenas vistas de Barcelona, que suban a Montjuïc o al Tibidabo", sugiere Daniel Sererols.

Volar a más altura
Todas estas propuestas provocaron que el ayuntamiento interviniera en el tema, a través de la teniente de alcalde Imma Mayol, que aseguró que habían pedido a la empresa que volara a 800 metros de altura (300 más que hasta ese momento). Según Mayol, "estamos midiendo si el ruido está dentro del límite legal".

El consistorio no tiene competencia sobre el uso del espacio aéreo de la ciudad, que corresponde a Aviación Civil, pero está haciendo un seguimiento de las quejas de los ciudadanos de cara a calibrar "el impacto de estos vuelos turísticos sobre la calidad de vida que ofrece la ciudad".

Aun así, los vecinos aseguran que los dos helicópteros que tiene la empresa vuelan por debajo de lo permitido y que, en ocasiones, lo hacen "a petición de los clientes, para hacer mejor las fotos".

CAT Helicòpters niega este último extremo y recuerda que para conseguir la licencia tuvieron que garantizar, "con pruebas sonométricas", que no superan los niveles de ruido permitidos por la normativa. "Aun así, seguimos haciendo sonometrías periódicas que nos confirman que estamos dentro de los márgenes legales", indica una portavoz de la empresa.

Según CAT Helicòpters, uno de sus principales objetivos ha sido, desde el principio, evitar molestias a los vecinos: "El helipuerto está en el Moll de Llevant, a más de dos kilómetros de zonas habitadas, porque las maniobras de aterrizaje y despegue son las más ruidosas" . "Además", añaden, "volamos a una altura suficiente como para no perjudicar a nadie y utilizamos unos aparatos biturbina más silenciosos que los que hicieron servir en 1992".

El precio de un vuelo, que acostumbra a tener una duración de 15 minutos, es de 70 euros por persona. La ruta discurre por el contorno de la urbe, desde el puerto hasta el Fórum y de Montjuïc al Tibidabo. Otras ciudades de gran afluencia turística, como Nueva York, Londres y París, también cuentan con este servicio, pero parece que en Barcelona, a pesar del éxito de clientes que está teniendo, no acaba de encontrar una respuesta favorable por parte de los ciudadanos. ¿Volverán a ganar los galos a los romanos?.

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