El Mundo- El Día Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes


Palma de Mallorca, 20/02/05
Las cosas de la vida... en Palma

Cuando tu vecino regenta un burdel

Vecinos de ses Veles denuncian las molestias que ocasiona un local de alterne que sigue abierto pese a que se ordenó su cierre hace 4 meses
Dowglas Reyes
«He pagado a Hacienda 172 millones de las antiguas pesetas»
El dueño del club 'Top Models', Antonio Llabrés, asegura que pocos burdeles tienen licencia de actividades
D. R.
Dos puertas metálicas, otras dos, unos cuantos escalones y… el primer signo de actividad: un cartel que advierte al cliente de que Tot Models tiene sus nuevas dependencias en el piso superior. Enfrente de la puerta metálica en la que se lee la advertencia, un sillón junto a otra puerta clausurada, la de la antigua sala de fiestas.

Arriba, en una pieza oscura ubicada al fondo de una pequeña sala, recibe Antonio Llabrés, parapetado detrás de la caja registradora. Nada en su rostro barbudo denota sorpresa, a diferencia del de el ex cocinero del burdel, un sujeto corpulento que en un primer momento intenta impedir la entrevista. Pero intercede Llabrés, le dice que no pasa nada y el individuo se tranquiliza.

«Los vecinos… Me van a matar a disgustos», comenta medio en broma medio en serio el empresario. «Ya sabemos que nadie quiere de vecinos una casa de mujeres, pero no soy el único. Aquí mismo en la zona tenemos otras cinco. Y El Globo Rojo está delante de un colegio. ¿Por qué entonces soy yo el blanco de todos los ataques?».

Llabrés no niega que continúe con su negocio en las viviendas ubicadas en los pisos superiores de la sala de fiesta, cerrada el pasado mes de noviembre. Dice que la prostitución no es una actividad ilegal y añade que lo que le obligaron a cerrar fue el restaurante -como prefiere llamar a la sala de fiestas-, por lo demás injustamente.

'Mentiras'
«Dijeron que no disponía de alarmas y que las paredes del local no aguantaban los 120 grados de temperaturas de rigor. Todo lo cual es mentira», asegura el empresario.

No es la primera vez que a Llabrés le cierran este local. Hace tres años, cuando abrió el restaurante, pasó por la misma experiencia por no tener licencia de actividades. La solicitó, después de realizar «una obra impresionante», y se la dieron al cabo de 18 meses. Una demora que él atribuye a las quejas de los vecinos. «Hasta ayer [por el miércoles] he estado esperando el permiso del Ayuntamiento para reabrir el restaurante. Hoy he ido al Ayuntamiento a ver a Rigo, el técnico que se ocupa del caso, y ni siquiera estaba en su puesto de trabajo», se queja el empresario, que se pregunta qué «casa de mujeres» ha pagado a Hacienda 172 millones de las antiguas pesetas.

Lo que no entiende Antonio es que Cirer estuviera en su restaurante la misma noche que, «para ganar votos», visitó otros clubes del Arenal -Table Dance, El Julios, etc-, y ahora le diga a los vecinos que va averiguar si su establecimiento «tiene licencia de actividades». «La alcaldesa habló con los propietarios de estos locales, pero conmigo no. Y una de esas casas de citas es un sótano que no tiene salida de emergencia», se sorprende Antonio Llabrés. El empresario está también pendiente de la licencia de actividades de una cafetería, ubicada en el número 30 de Joan Alcover.

Sin respuesta
«Hace nada menos que 16 meses que la solicité y todavía el Ayuntamiento no se ha dignado a contestarme. ¿Sabes cuánto he invertido en ella? 176 millones de pesetas», confiesa Llabrés.

Otro tanto ha ocurrido con la nave que el empresario adquirió en el polígono de Son Castelló con el objeto de construir un macroburdel. «Han tardado 17 meses para darme la licencia de instalación, que es la que te dan antes de la de apertura», comenta el empresario, que no descarta la posibilidad de venderlo todo y dedicarse a otra cosa.

«Desde hace 13 años hacía publicidad en el Última Hora y desde el 1 de enero no puedo. Revisa tú mismo el diario y verás cuántos establecimientos se publicitan. Te puedo asegurar que ninguno de ellos paga impuestos», afirma el empresario.

Antonio señala que su negocio ha dado de comer a muchas mujeres e incluso ha permitido que algunas de ellas tengan su propia casa. No entiende por qué ese rechazo social hacia un trabajo que, bien mirado, «es como cualquier otro». «Aguantar fregando escaleras para que luego venga tu jefe y te quiera follar... Antes, francamente, me hago prostituta», dice.

Antonio lleva en el negocio desde los 26 años. Antes tuvo dos tiendas de artículos de piel y un restaurante en Can Picafort, pero lo abandonó todo para dedicarse al negocio de la prostitución, después de conocer a «una mujer del ambiente». «Viví diez años con ella. Es la dueña del Inesca, un local situado en el número 30 de la calle Luis Martí. Ella me enseñó este mundo», asegura Antonio Llabrés.

«¿Tú has visto una película del Oeste?… Pues lo mismo pero sin caballos», dice Manuel, ilustrando con humor la inseguridad que reina en su barrio desde hace cuatro años, cuando abrió el club de alterne Top Models. Un negocio que en teoría tendría que estar cerrado, pues «así lo ha dispuesto la ley», pero que en la vida real continúa funcionando como si tal cosa.

«Si no, cómo explica ese cartel luminoso…», razona otro de los vecinos de Ses Veles, en referencia al llamativo anuncio que preside la entrada de la finca de tres plantas que explota Antonio Llabrés. «Es una vergüenza. Ese hombre hace lo que le da la gana».

Mientras la comitiva, encabezada por la presidenta de la Asociación de vecinos de Ses Veles, Maribel González, avanza hacia el salón de juego Kyoto, ubicado en la calle de Pérez Galdós, las quejas se suceden. El ruido no deja dormir a nadie, las calles son un asco, llenas de botellas, vomitos y orines. «Y en las terrazas del edificio las ves a ellas tendiendo la ropa con el culito al aire», añade María, una de las vecinas que más cerca vive del club.

A la altura del número 47 de Joan Alcover, a escasos metros del Top Models, el grupo se detiene para mostrar al periodista otro de los puntos negros de la zona, un pequeño local en el que trabajan más de 15 prostitutas, aseguran los vecinos. Un hombre aguarda junto a la entrada del establecimiento, cuya fachada anuncia en letras negras su antigua función: «Botiga Xiripes». Blanco de todas las miradas, el individuo se sube el cuello de la chaqueta y tuerce por una calle oscura «Todavía no son las nueve de la noche y ya hay cola», indica Maribel González.

Derechos laborales
En un Pleno celebrado el pasado mes de enero, Jacqueline Raynaud, antigua presidenta de la asociación de vecinos y concejala del PSOE, propuso a la alcaldesa de Palma, Catalina Cirer, que se regularizara el ejercicio de la prostitución. Según Raynaud, ni ella ni el colectivo que representaba está en contra de esta actividad, «siempre que se haga como con las farmacias, es decir, que no se concentren todos estos locales en la misma barriada». La concejala exige además que estos establecimientos reúnan unas condiciones de higiene y sanidad mínimas, así como que se reconozcan «los derechos laborales y sociales de las prostitutas».

En febrero del año pasado, los propietarios de un total de 200 locales de alterne, incluidos en la Asociación Nacional de Empresarios del sector (ANELA), se pronunciaron también a favor de la legalización de la prostitución. En opinión de este colectivo, semejante paso permitiría, por una parte, «que las mujeres pudieran cobrar la jubilación» y, por otra, que el cliente se sintiera «tranquilo» al considerarse estos establecimientos «como una opción más de ocio». Cataluña, Bilbao y Madrid han regularizado la práctica de la prostitución; Galicia y la Comunidad Valenciana, están en ello… ¿No se podría hacer otro tanto en Baleares?

Junto al salón de juegos Kyoto, al que ahora accede la comitiva, se levanta un edificio de cuatro plantas, hace un tiempo dedicado a la prostitución. Según Raynauld, lo regentaba también el propietario del club Top Models, hasta que las quejas de los vecinos y lo poco rentable del negocio le obligaron a cerrar el hostal. Poco después Llabrés intentó abrir un restaurante en la calle Joan Alcocer, pero la presión vecinal impidió que le concedieran la licencia de actividades. Por último, abrió la sala de fiesta Top Model, que pese a contar con los permisos pertinentes fue precintado el pasado mes de noviembre, producto también al rechazo de quienes viven en la zona. «Lo abrió como restaurante, pero lo que tenía allí era una pista de baile y una barra grandísima», asegura Jacqueline Raynould.

La polémica se centra ahora en las viviendas ubicadas en los pisos superiores de la sala de fiesta, donde Llabrés ha trasladado su negocio. «Nos hemos quejado al Ayuntamiento, han venido incluso policías y han hecho fotos de la gente entrando y saliendo… pero todo sigue igual: el letrero de neón, que debía haberse retirado según publicó tu periódico a finales de diciembre, las mismas molestias y el peligro y la inseguridad que genera este tipo de ambiente», lamenta otro de los afectados.

Ya instalado el grupo, en dos mesas colocadas una a continuación de la otra, los vecinos continúan despotricando contra el club del empresario; algunos incluso se ceban en su persona: «¿Usted conoce al señor que lleva eso?...», pregunta María, y a continuación hace una mueca de repugnancia.

Un hijo discapacitado
La mujer pide comprensión para este rencor. María es una de las vecinas más afectadas, por su cercanía al burdel de Antonio. Con el agravante además de tener un hijo discapacitado, al que han tenido que «subir la medicación» por culpa de los ruidos. Y es que, asegura, los portazos -«tienen una puerta de emergencia de hierro, con una barra que hace un ruido tremendo»- no lo dejan dormir. Eso por no hablar ya del ruido del aire acondicionado en verano, de los clientes que desorientados -aún no estaba el letrero luminoso- que tocaban el timbre a las cuatro de la mañana y de «los gritos de las prostitutas cuando hacen el amor, que parecen que están en la selva».

«He tenido que llevar a mi hijo a Valencia porque estaba hundido, no podía descansar. Estaba muy mal y aquí no nos daban hora hasta dentro de tres meses», recuerda.

Paco, el marido de María, critica también la supuesta venta de drogas en los bajos del negocio y los accidentes que cada fin de semana tienen lugar por culpa de la bebida. «Por las noches salen todos petados. Como van borrachos, toman la curva y se meten contra los coches de los vecinos», dice.

A las múltiples molestias que genera el negocio de Antonio Llabrés, hay que añadir la inseguridad que el empresario fomenta con sus «negligencias». «En una ocasión olimos a gas y era que había puesto un termo de cualquier de cualquier manera. Llamamos a la compañía de gas, vinieron con sus detectores de escape y le hicieron instalar todo otra vez», relata Paco.

Y la vez de los colchones, cuando decidieron renovarlos y tirararon los viejos en el patio interior del inmueble, sin pensar que «cualquier cliente podía arrojar una colilla por la ventana y provocar un incendio», razona Guillermo.

El mismo edificio es un peligro, porque el empresario, aseguran los vecinos, ha hecho muchísimas obras sin respetar su estructura. «Ha echado abajo tabiques, paredes maestras; ha metido hormigón por las plantas y, claro, una estructura antigua de mares y vigas de madera no aguanta eso», advierte otro de los presentes. A lo que añade Paco: «Salom el de las motos [el dueño de una tienda de motos que hay junto a la casa de citas] le puede mostrar su local… Está muy dañado».

Tendrían que cerrar de una vez por todas ese «antro de perdición», proponen los vecinos. De lo contrario, a muchos no les quedará más remedio que cambiar de barrio. «Yo por suerte no he comprado piso, vivo en uno de alquiler. Que en un momento determinado puedo irme a otra parte», comenta al respecto Paco. Peor lo tiene su vecino, que tiene casa propia y se está pensando venderla, «porque tiene una hija de nueve años y no quiere que vea estas cosas».

No será la primera vez que los desmanes del club espantan a un vecino: éstos aseguran que mucha gente ha tomado la decisión de «largarse», ante la pasividad del Ayuntamiento. «Dé una vuelta por la zona y verá cuántas casas se venden», sugiere otro de los vecinos, Carlos. «El barrio se ha ido devaluando desde que este señor montó su negocio».

El ejemplo más reciente es el de Celia, una «mulatita» de 15 años a la que siempre confundían con una mujer del ambiente. «Era guapa, todo muy bien puesto… Acabo yéndose, harta de que se metieran con ella», concluye Guillermo.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org