Palma de Mallorca, 20/02/05 Las cosas de la vida... en PalmaCuando tu vecino regenta un burdelVecinos de ses Veles denuncian las molestias que ocasiona un local de alterne que sigue abierto pese a que se ordenó su cierre hace 4 mesesDowglas Reyes
«Si no, cómo explica ese cartel luminoso…», razona otro de los vecinos de Ses Veles, en referencia al llamativo anuncio que preside la entrada de la finca de tres plantas que explota Antonio Llabrés. «Es una vergüenza. Ese hombre hace lo que le da la gana». Mientras la comitiva, encabezada por la presidenta de la Asociación de vecinos de Ses Veles, Maribel González, avanza hacia el salón de juego Kyoto, ubicado en la calle de Pérez Galdós, las quejas se suceden. El ruido no deja dormir a nadie, las calles son un asco, llenas de botellas, vomitos y orines. «Y en las terrazas del edificio las ves a ellas tendiendo la ropa con el culito al aire», añade María, una de las vecinas que más cerca vive del club. A la altura del número 47 de Joan Alcover, a escasos metros del Top Models, el grupo se detiene para mostrar al periodista otro de los puntos negros de la zona, un pequeño local en el que trabajan más de 15 prostitutas, aseguran los vecinos. Un hombre aguarda junto a la entrada del establecimiento, cuya fachada anuncia en letras negras su antigua función: «Botiga Xiripes». Blanco de todas las miradas, el individuo se sube el cuello de la chaqueta y tuerce por una calle oscura «Todavía no son las nueve de la noche y ya hay cola», indica Maribel González. Derechos laboralesEn un Pleno celebrado el pasado mes de enero, Jacqueline Raynaud, antigua presidenta de la asociación de vecinos y concejala del PSOE, propuso a la alcaldesa de Palma, Catalina Cirer, que se regularizara el ejercicio de la prostitución. Según Raynaud, ni ella ni el colectivo que representaba está en contra de esta actividad, «siempre que se haga como con las farmacias, es decir, que no se concentren todos estos locales en la misma barriada». La concejala exige además que estos establecimientos reúnan unas condiciones de higiene y sanidad mínimas, así como que se reconozcan «los derechos laborales y sociales de las prostitutas».En febrero del año pasado, los propietarios de un total de 200 locales de alterne, incluidos en la Asociación Nacional de Empresarios del sector (ANELA), se pronunciaron también a favor de la legalización de la prostitución. En opinión de este colectivo, semejante paso permitiría, por una parte, «que las mujeres pudieran cobrar la jubilación» y, por otra, que el cliente se sintiera «tranquilo» al considerarse estos establecimientos «como una opción más de ocio». Cataluña, Bilbao y Madrid han regularizado la práctica de la prostitución; Galicia y la Comunidad Valenciana, están en ello… ¿No se podría hacer otro tanto en Baleares? Junto al salón de juegos Kyoto, al que ahora accede la comitiva, se levanta un edificio de cuatro plantas, hace un tiempo dedicado a la prostitución. Según Raynauld, lo regentaba también el propietario del club Top Models, hasta que las quejas de los vecinos y lo poco rentable del negocio le obligaron a cerrar el hostal. Poco después Llabrés intentó abrir un restaurante en la calle Joan Alcocer, pero la presión vecinal impidió que le concedieran la licencia de actividades. Por último, abrió la sala de fiesta Top Model, que pese a contar con los permisos pertinentes fue precintado el pasado mes de noviembre, producto también al rechazo de quienes viven en la zona. «Lo abrió como restaurante, pero lo que tenía allí era una pista de baile y una barra grandísima», asegura Jacqueline Raynould. La polémica se centra ahora en las viviendas ubicadas en los pisos superiores de la sala de fiesta, donde Llabrés ha trasladado su negocio. «Nos hemos quejado al Ayuntamiento, han venido incluso policías y han hecho fotos de la gente entrando y saliendo… pero todo sigue igual: el letrero de neón, que debía haberse retirado según publicó tu periódico a finales de diciembre, las mismas molestias y el peligro y la inseguridad que genera este tipo de ambiente», lamenta otro de los afectados. Ya instalado el grupo, en dos mesas colocadas una a continuación de la otra, los vecinos continúan despotricando contra el club del empresario; algunos incluso se ceban en su persona: «¿Usted conoce al señor que lleva eso?...», pregunta María, y a continuación hace una mueca de repugnancia. Un hijo discapacitadoLa mujer pide comprensión para este rencor. María es una de las vecinas más afectadas, por su cercanía al burdel de Antonio. Con el agravante además de tener un hijo discapacitado, al que han tenido que «subir la medicación» por culpa de los ruidos. Y es que, asegura, los portazos -«tienen una puerta de emergencia de hierro, con una barra que hace un ruido tremendo»- no lo dejan dormir. Eso por no hablar ya del ruido del aire acondicionado en verano, de los clientes que desorientados -aún no estaba el letrero luminoso- que tocaban el timbre a las cuatro de la mañana y de «los gritos de las prostitutas cuando hacen el amor, que parecen que están en la selva».«He tenido que llevar a mi hijo a Valencia porque estaba hundido, no podía descansar. Estaba muy mal y aquí no nos daban hora hasta dentro de tres meses», recuerda. Paco, el marido de María, critica también la supuesta venta de drogas en los bajos del negocio y los accidentes que cada fin de semana tienen lugar por culpa de la bebida. «Por las noches salen todos petados. Como van borrachos, toman la curva y se meten contra los coches de los vecinos», dice. A las múltiples molestias que genera el negocio de Antonio Llabrés, hay que añadir la inseguridad que el empresario fomenta con sus «negligencias». «En una ocasión olimos a gas y era que había puesto un termo de cualquier de cualquier manera. Llamamos a la compañía de gas, vinieron con sus detectores de escape y le hicieron instalar todo otra vez», relata Paco. Y la vez de los colchones, cuando decidieron renovarlos y tirararon los viejos en el patio interior del inmueble, sin pensar que «cualquier cliente podía arrojar una colilla por la ventana y provocar un incendio», razona Guillermo. El mismo edificio es un peligro, porque el empresario, aseguran los vecinos, ha hecho muchísimas obras sin respetar su estructura. «Ha echado abajo tabiques, paredes maestras; ha metido hormigón por las plantas y, claro, una estructura antigua de mares y vigas de madera no aguanta eso», advierte otro de los presentes. A lo que añade Paco: «Salom el de las motos [el dueño de una tienda de motos que hay junto a la casa de citas] le puede mostrar su local… Está muy dañado». Tendrían que cerrar de una vez por todas ese «antro de perdición», proponen los vecinos. De lo contrario, a muchos no les quedará más remedio que cambiar de barrio. «Yo por suerte no he comprado piso, vivo en uno de alquiler. Que en un momento determinado puedo irme a otra parte», comenta al respecto Paco. Peor lo tiene su vecino, que tiene casa propia y se está pensando venderla, «porque tiene una hija de nueve años y no quiere que vea estas cosas». No será la primera vez que los desmanes del club espantan a un vecino: éstos aseguran que mucha gente ha tomado la decisión de «largarse», ante la pasividad del Ayuntamiento. «Dé una vuelta por la zona y verá cuántas casas se venden», sugiere otro de los vecinos, Carlos. «El barrio se ha ido devaluando desde que este señor montó su negocio». El ejemplo más reciente es el de Celia, una «mulatita» de 15 años a la que siempre confundían con una mujer del ambiente. «Era guapa, todo muy bien puesto… Acabo yéndose, harta de que se metieran con ella», concluye Guillermo.
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