Avilés, 31/01/05 Movida con los horarios de cierreLos hosteleros reclaman que al aplicar la ley se tenga en cuenta la casuística de cada negocio, mientras que el Ayuntamiento pide un margen de tiempo para estudiar posibles ajustesMariola RieraCon éste son ya tres los fines de semana en los que la Policía Local ha realizado controles para que los hosteleros cumplan la nueva ley que regula el horario de apertura y cierre de los establecimientos. Los dos primeros se saldaron con 14 establecimientos denunciados por incumplir el nuevo horario. En Avilés son más de 900 los establecimientos afectados por la denominada ley de espectáculos públicos y actividades. De la nueva normativa y su repercusión en la ciudad hablaron en la tertulia de LA NUEVA ESPAÑA de Avilés la concejala de Interior, Judith Flórez; el presidente de la Asociación de vecinos del Centro de Avilés, Arturo Solís, y los hosteleros Luis Cueto, del café Cueto's, y Carlos García Rubio, de El Cafetón.JUDITH FLÓREZ: La ley ya la conoce todo el mundo desde 2002, cuando arrancó la negociación. Debería haber entrado en vigor en diciembre pero por consenso se aplazó hasta después de las fiestas navideñas. Ahora la ley está plenamente vigente. El sistema de control está en manos de la Policía Local; pero si el Ayuntamiento no cumple, se hace cargo la Delegación del Gobierno. Todos somos conscientes de que es necesario un período de adaptación. Era inevitable regular los horarios y, sinceramente, creo que la norma es flexible, sobre todo para los locales con música amplificada. En el sector de discotecas parece que hay consenso y quedan detalles de ajustes en bares, cafeterías, sidrerías... Mandar cerrar a la una y media de la mañana a una cafetería en la plaza de España en verano creo, sinceramente, que no es flexible. Lo que es evidente que toda ley está para aplicar. Para los locales con música amplificada el horario de cierre, a las cinco y media de la mañana, es bastante amplio. El Ayuntamiento está recibiendo a los interesados que solicitan información y, en líneas generales, todos piden que se aplique sin agravios. El sector está respondiendo de forma responsable. En resumen, la norma está en período de aplicación y es necesario un tiempo para ver cómo resulta. CARLOS GARCÍA: Yo carezco de licencia para música amplificada y tengo que cerrar viernes y sábados a las dos y media de la madrugada. Pero hay hábito de cenar tarde y tranquilamente un restaurante está sirviendo cenas a medianoche. Cuando estos clientes dejan el restaurante y quieren tomar una copa en un sitio tranquilo son casi las dos. Es decir, cuando llegan tengo que avisarles de que estoy a punto de cerrar. Contradictoriamente, los que no ponemos música alta y no molestamos somos los que tenemos que cerrar primero. J. FLÓREZ: Usted dice que le perjudica la ley por el tipo de clientes que tiene. Aquí lo que se trata es adaptar el local al ambiente. Puede pedir una licencia de música amplificada. LUIS CUETO: Ahora hay un tipo de cafés en los que se puede tomar un helado, un cóctel u otra cosa en plan tranquilo y hablando. Estos establecimientos son los que menos problemas causan. A mi juicio, el problema de ruidos no está en el horario de los establecimientos, sino en que no se cumplen normas que ya había, como no sacar bebida a la calle o insonorizar adecuadamente. En mi caso no puedo sacar licencia para bar de copas porque no lo tengo adaptado; mi local es para tomar algo en plan tranquilo. En líneas generales, veo bien la ley, porque se necesitaba regular el sector. Pero negocios como el mío, con la nueva norma, se ven obligados a cambiar completamente. Por ejemplo, mis empleados tienen dos turnos que tendré que cambiar. El problema está en que un restaurante no es igual a un café ni tiene los mismos horarios, pero la ley los equipara. J. FLÓREZ: El problema de los ruidos es otro asunto. ARTURO SOLÍS: Los vecinos somos damnificados por partida doble. También salimos y, por tanto, nos puede perjudicar el cambio de horarios. Y, además, sufrimos los ruidos. En líneas generales, considero que los nuevos horarios son suficientemente amplios. Que un pub cierre a las cinco y media de la mañana no está mal. Pero lo primero es que el horario es ilegal porque contradice otra normativa regional que fija un mínimo de ocho horas entre el cierre y la apertura de un local. El fiscal de Asturias acaba de admitir a trámite el recurso que presentó la plataforma vecinal por la calidad de vida en Asturias al respecto. C. GARCÍA: El horario no tiene nada que ver con los ruidos. A. SOLÍS: De acuerdo. A los vecinos nos trae sin cuidado el horario, porque si un bar cumple la normativa de instalaciones el ruido que se genera en su interior no tiene por qué oírse en la calle. En Avilés ya hay una ordenanza que regula la apertura de los establecimientos y pide distancias mínimas entre ellos. Lo que reclamo es mayor presencia policial en la calle para controlar a la gente. Lo de no sacar copas a la calle es muy viejo. Y hay que tener cuidado con lo de flexibilizar la aplicación; si una ley sale es para cumplirla. Quizá se ha perdido un tiempo muy bueno desde que se fijaron hace un año los horarios provisionales para aplicarlos con el fin de que la gente se fuera acostumbrando. Los vecinos quieren un horario y que se controle la competencia desleal entre establecimientos. L. CUETO: Mientras se sigan sacando copas a la calle habrá ruido, porque éste se produce por la acumulación de personas fuera de los locales. Yo vivo en Sabugo encima de un bar de copas que no se siente. Lo que sí molesta son los que están por fuera. ¿Por qué a mí, que cumplo con la normativa, que no genero ruido aunque cierre a las tres o tres y media, se me impide ahora hacerlo? Yo no me niego a cumplir la ley, pero entiendo que es necesario cambiar la norma para este tipo de establecimiento. Para negociarla, además, no se contó con representantes de los hosteleros de Avilés. Sólo de Gijón y Oviedo. J. FLÓREZ: Se contó con representantes del sector en general. L. CUETO: Pero de Avilés no fue nadie. No me consta. A. SOLÍS: Hay un consejo asesor en el que están representantes de todos los implicados. Hasta los jóvenes tuvieron representación. L. CUETO: Lo que se hizo mal fue el inicio de la aplicación. Muchos hemos cerrado por temor, no porque nos hubieran informado de que se comenzaba a controlar. No hubo contacto previo, ni llamadas ni cartas. No costaba nada al Ayuntamiento ponerse en contacto con todos para informarnos. Entre los propietarios de las cafeterías hubo pánico ante los nuevos horarios. J. FLÓREZ: La negociación de cambiar el contenido y tipificar nuevos locales se escapa de la competencia del Ayuntamiento. L. CUETO: Yo veo bien la regulación, pero habría que estudiar caso a caso. Los restaurantes salen beneficiados frente a nosotros, que no tenemos noche, nos la han roto. Un local como el mío queda sin clientela mientras la gente cena. Y cuando llega, tengo que decirles que voy a cerrar. J. FLÓREZ: Bares y cafeterías pedís un margen. Por eso digo que es necesario esperar un plazo de tiempo de adaptación y ver cómo resulta. Ninguna ley es inamovible y se puede ajustar. A. SOLÍS: Nosotros entendemos que también habría que regular un horario distinto en verano e invierno. L. CUETO: En invierno, por semana, es incluso excesivo tener abierto hasta la una de la mañana. Pero en verano o fiestas, esa hora nos parte porque es cuando comenzamos a vender. C. GARCÍA: Por ejemplo, nosotros en agosto celebramos una semana de actividades que comienzan a la una de la madrugada. ¿Qué hago este año? J. FLÓREZ: La ley era una cuestión pendiente desde 1982 y busca garantizar el derecho al descanso y la salud de los ciudadanos. Todos somos conscientes del impacto de estas actividades en la salud pública. Cada Ayuntamiento tiene su casuística, pero la aplicación es para todos. Si no hacemos cumplir la ley, nos retiran las competencias y eso resultaría bochornoso. Que se haga cumplir no quita que se entienda al sector y su preocupación. L. CUETO: No es para tanto. En mi caso, con una hora más, estaría bien. A. SOLÍS: Es que, al margen del horario, está el problema de la calle. Mientras el público se mueve de un local a otro se genera barullo en la calle y ahí debe estar la Policía controlando. Los horarios tienen que ir escalonados. De momento, en Avilés, seguimos como estábamos. El horario no resuelve nada y apenas hay controles ni sanciones.
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