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Sevilla, 20/01/05
Necesaria, pero ineficaz
Carlos Colón
NECESARIA claro que lo es esta caravana que la plataforma Por el derecho al descanso está preparando para mostrar in situ a las autoridades los efectos de la movida sobre las vidas de los ciudadanos. Pero también será ineficaz. Tanto como las supuestas campañas de concienciación con las que el Ayuntamiento o la Junta pretenden dar la sensación de que hacen algo en favor de los vecinos y contra la movida. Tanto los niñatos como los políticos conocen perfectamente los daños que la movida causa y las normas que infringe, ya sean éstas municipales o esas otras no escritas que hacen posible la pacífica convivencia. Ni los primeros se cortan un pelo al hacer lo que hacen ni los segundos no hacen nada por no saber lo que está pasando. Todos saben, ninguno hace y los vecinos sufren. Nada cambiará hasta que cambie la moda y a los niñatos les dé por divertirse de otra forma.
Como si se tratara de una catástrofe natural, sólo queda protegerse tomando medidas defensivas (como instalar cristales dobles), huir para ponerse a salvo (mudándose, como tantos sevillanos han tenido que hacer) y paliar los efectos una vez que la tromba ruidoso- alcohólica-mingitoria ha pasado. No se pueden evitar las catástrofes naturales, poner puertas al campo ni impedir que los niñatos hagan su santa voluntad. Como se trata de una política de chantaje y presión, el Ayuntamiento prefiere afrontar las quejas civilizadas de los vecinos antes que la bronca que armarían los niñatos en el caso de que se reprimiera su derecho a divertirse ruidosa y suciamente. Y además no hay leyes ni normas, al parecer, que permitieran una efectiva y contundente actuación policial. Si usted aparca mal, sin obstaculizar el tránsito de vehículos o peatones, y si deja la basura antes de la hora, la autoridad tiene leyes y normas para castigarle. Si, en cambio, ocupa toda una calle o abarrota una plaza, impide el tránsito de vehículos, atruena al vecindario, esparce bolsas, botellas y vasos y se mea o vomita donde se le ocurra resulta que nada puede hacerse. Lo único que al parecer puede hacer la autoridad es utilizar a los agentes de policía para desviar el tráfico que pueda molestar a los niñatos, no vaya a ser que un vecino queriendo llegar a su casa les estorbe la fiesta. Por lo visto transitar libremente por las calles, descansar leyendo o viendo la televisión y dormir no son derechos de los ciudadanos, y pretender que las calles y plazas no sean vertederos o urinarios es una reivindicación poco razonable.
En lo grande y en lo pequeño, en lo local como en lo nacional, en lo que se refiere a las costumbres como a la política, parece que estamos en tiempos más de fuerza que de razón, más de chantaje que de acuerdo, más de chulería que de respeto a las normas y las leyes. La vida cotidiana adquiere así un perfil cada vez más duro, agresivo e ingrato.
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