Diario de Ibiza Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes


Eivissa, 24/08/05
Platja d´en Bossa se debate entre el tropicalismo artificial y su vocación de lugar de descanso de miles de turistas y `vileros´. El volumen de la música machacona de algunos bares convierte este enclave antaño paradisíaco en una improvisada discoteca

Los extremos que no se tocan

Los decibelios han declarado la guerra a la tranquilidad, al menos en el arenal más extenso de Eivissa. Cuesta hallar un rincón silencioso, a pesar de su longitud. Darse un baño, con el mar en calma, constituye una auténtica gozada siempre y cuando uno consiga abstraerse de tantas distracciones y no pocas tentaciones.

SANT JOSEP | XICU LLUY

En una punta, la zona fronteriza a es Viver y ses Figueretes, se arremolinan hijos, padres y abuelos con fiambreras de tortilla española y neveras portátiles. El otro lado, junto a la torre de defensa de sa Sal Rossa, también acoge a familias y parejas cariñosas. Puro espejismo, pues en el centro domina el barullo, el ruido y la algarabía juvenil. En Platja d´en Bossa, el arenal de mayor longitud de la isla, los extremos no se tocan. El cráneo y los pies difieren tanto del estómago como el día de la noche. Arriba y abajo, una cierta sensación de tranquilidad, que se ve amenazada constantemente por el bombardeo de propuestas lúdicas. En medio, el caos.

Mientras los chiquillos levantan figuras de arena y los subsaharianos se esfuerzan en vender producto bueno, bonito y barato, los amantes de las vacaciones activas disponen de una amplia oferta de actividades, desde los velomares, tanto clásicos como más imaginativos (con formas de tobogán y tractor), hasta las motos acuáticas y las salchichas flotantes, aquí denominadas Ski Bus. Y, claro, no faltan las palas, las pelotitas de goma y la pista de voleibol de marras. Resulta difícil permanecer quieto ante tan variopinta avalancha de juegos y deportes.

Sabor a tierras lejanas

Platja d´en Bossa no logra desprenderse de un tufo a tropicalismo de pacotilla que hace añorar los referentes originales del Caribe y los Mares del Sur. Los nombres de algunos bares y cafeterías -Coco Beach, Bora Bora, Moorea- son harto significativos. Las palmeras y los restos de lo que en algún momento de la historia debieron ser dunas alimentan la nostalgia. Este generoso espacio de aglomeración turística y vileros resignados a padecer otro agosto igual fue, tiempo ha, un verdadero paraíso a escasa distancia de todo. Pero la voracidad depredadora de la principal industria pitiusa acabó con él. O casi, porque el lugar todavía conserva algo de ese antiguo y olvidado esplendor.

Un retrato de La Gioconda cuelga de la pared de un chiringuito de madera pintada de azul celeste, como en Belize y Jamaica. Pero, qué lástima, no suena Bob Marley, sino un taladrador ritmo chunda chunda. La Mona Lisa está fumándose un porro, al menos eso parece. Si Leonardo da Vinci levantase la cabeza, probablemente se pediría una jarra de sangría y esperaría a que algún gancho le abriese las puertas del cielo con flyers de Carl Cox y Armin Van Buuren.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org